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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

La larga sombra de la autocomplacencia

Hansi Flick aún tiene trabajo por delante

Hansi Flick aún tiene trabajo por delante / Javi Ferrándiz

Siendo fiel a su larga tradición de perder en su propia efeméride, el Barça pinchó estrepitosamente en el partido de su 125 aniversario. Puede que efectivamente influyera la resaca de la gran fiesta de la noche anterior y la idea, tan peligrosa, de que el partido contra Las Palmas era lo de menos. Pero haría muy mal la plantilla si pone como coartada lo circunstancial y no se concentra en lo esencial. Porque se corre el grave peligro de ir encontrando justificaciones a cada tropiezo: la pobrísima actuación en Anoeta quedó sepultada por el escándalo del fuera de juego de Lewandowski, el empate ante el Celta fue digerido casi como un despiste en un partido que se daba por ganado y la derrota ante Las Palmas, como un circunstancial resacón.

La realidad es más tozuda: lo que demuestran estos tres partidos es que el equipo ha perdido buena parte de la energía, la fluidez y el gran juego que había exhibido en su espectacular arranque de temporada, y crece la evidencia de que los rivales han empezado a encontrar antídotos para contrarrestar la metodología de Flick, y en particular su exitoso fuera de juego. En realidad, es normal que un equipo joven, con un entrenador nuevo y una nueva filosofía tenga crisis de crecimiento, y quizás lo anormal era este inicio tan fulgurante de campeonato. Pero da la sensación de que, montado en la peligrosa ola de los elogios, el equipo de Flick se ha creído demasiado pronto las alabanzas un tanto desmesuradas que todos le habíamos hecho, y da síntomas de empezar a bajar por la peligrosa pendiente de la autocomplacencia.

Sin duda, el ambiente generado en ciertos entornos no ayuda precisamente a sacar conclusiones constructivas de cada derrota y alguien tendría que haber levantado la mano para recordar que todavía no se ha ganado absolutamente nada, aparte de premios individuales estériles y un clásico muy ilusionante pero de momento poco decisivo. Directivos con mucha ansiedad por tuitear en el mes de noviembre que el club ya ha vuelto a la élite, periodistas más pendientes de animar que de contar y figuras despistadas obsesionadas con los arbitrajes o que buscan la notoriedad haciéndole la pelota al poder no generan el mejor ambiente para que los jugadores mejoren sus prestaciones.

Quizás sea el momento de ponderar lo que se ha avanzado y falta todavía por caminar: el equipo tiene como ya ha demostrado un talento descomunal y su entrenador los ha llevado en un tiempo récord a conseguir lo mejor de sí mismos, pero Flick todavía no es Guardiola, Lamine todavía no es Messi, ni Balde es todavía Jordi Alba. Por no mencionar deficiencias evidentes de planificación, como que Lewandowski, Balde o Koundé no tienen suplentes de garantías.

En realidad, lo que le sucede al Barça es parte de un proceso normal y sería también un error caer ahora en la depresión. Pero todo sería más fácil si los habituales aduladores del poder no confundieran las críticas lógicas con conspiraciones masónicas y entendieran de una vez que el elogio y las excusas acríticas solo conducen a mirarse al ombligo y al fracaso. En medio de esta primera decepción, la buena noticia es que Hansi Flick, tras cada tropiezo, ha preferido la autocrítica a la excusa.