Opinión

Redactor de la sección Barça
El laportismo sociológico
Esconder bajo la alfombra el drama y caer en brazos del hedonismo es humano

Joan Laporta tras su proclamación como vencedor en las elecciones a la presidencia del FC Barcelona 2026 / Europa Press
Florentino Pérez, poco dado a la oratoria (en público, se entiende, porque en privado se suelta y es capaz de usar adjetivos como tolili, subnormal, anormal, besugo o animal de bellota para definir a gente cercana), dijo un día que “casi todo el mundo es del Madrid, solo que algunos aún no lo saben”. Esta es, sin duda, una de las frases más brillantes que el presidente del Real Madrid ha pronunciado. Lo es porque su uso trasciende incluso al conjunto blanco y puede usarse en diferentes realidades. Por ejemplo, el Barça, donde podría adaptarse con algo así como “casi todos los culés son laportistas, solo que algunos aún no lo saben”.

Laporta disfrutará de un nuevo mandato al frente del FC Barcelona / Valentí Enrich / SPO
La sentencia, por dogmática, puede ser rebatida de forma contundente y sin derecho a réplica, como le pasa de hecho a la original. Quedarse con la literalidad de la expresión para empequeñecerla y convertirla en caricatura es seductor para quienes, en su versión primigenia, antes dejarían el fútbol que convertirse en seguidores del Real Madrid. Sin embargo, anclarse a la superficie supone un grave error y limita la capacidad de respuesta de quienes no han captado su esencia. En ese sentido, ocurre lo mismo para quienes, por oposición a la obra y a la forma de gobernar de Laporta, niegan al presidente electo su capacidad para haber convertido su figura y su reinado en una filosofía de vida. De vida blaugrana, sí, pero pero de vida, al fin y al cabo. No entender a Laporta y, sobre todo, no entender el laportismo es la mejor forma de convertirse en víctima de él. Por ejemplo, en unas elecciones.

Víctor Font felicita a Joan Laporta tras confirmarse el triunfo de este último en las elecciones a la presidencia del Barça de 2026 / Dani Barbeito
Sergi Pàmies, cuya visión del barcelonismo es siempre interesante por autópsica, asegura en una charla de próxima publicación en este medio que “Laporta, sobre la base del victimismo, ha añadido algo nuevo y contracultural, el éxito. El club pasa de ser un equipo pupas, que se queja y llora, a ser un club que mea colonia, va sobrado y arrasa. Esto sí es laportista, sinónimo de éxito y desacomplejamiento”. Y el éxito, atractivo y seductor en cualquier orden de la vida, lo es mucho más en el fútbol, donde solo uno gana y el resto aplauden. Por eso la economía pasa a un segundo plano, como escondidos acaban Limak o New Era por mucho que sus nombres se repitan una y otra vez. El socio del Barça, históricamente acostumbrado a llorar y a sufrir, ya ha saboreado las mieles del éxito y todo aquello que pueda alejarle de él y de sus seductores aromas le resulta molesto. En el fondo, alejarse del drama y esconder la suciedad bajo la alfombra para caer en los brazos del hedonismo es uno de los comportamientos más humanos que existen. El pasado, repleto de episodios de lucha y resistencia agotadores, lo convierte incluso en algo lógico.
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