Opinión

Coordinador en SPORT
Héroes Olímpicos: Sebastian Coe

Sebastian Coe
Por sus venas corría sangre india, irlandesa y judía. De clase media-alta, era todo un caballero en la pista y fuera de ella. Físicamente escuálido, algo tímido, sin aparente coraje… su estampa no impresionaba. Su padre, Peter, estricto más allá de lo razonable, lo moldearía como atleta y lo transformaría en un animal competitivo que asombraría al mundo con sus marcas en el medio fondo.
No comenzaría a destacar a nivel internacional hasta pasar la veintena. En 1977 tendría su bautizo como campeón de Europa de 800 metros y, poco después, nacería una rivalidad con su compatriota Steve Ovett que trascendería más allá del tartán. En 1979 batiría los récords mundiales de 800, 1.500 y la milla ¡en 41 días! Nadie hasta entonces había logrado tal gesta.
Y llegaría, a sus 23 años, ese momento que cambiaría su devenir y se reivindicaría a ojos del planeta. Pese a los intentos de la entonces Primera Ministra Margaret Thatcher para que Gran Bretaña se sumara al boicot de Estados Unidos a los Juegos de Moscú 1980, los deportistas la desafiaron y, pese a su oposición, pisarían suelo ruso.
El Olímpico de Luzhniki era el escenario de los 800 metros, del primer duelo entre Sebastian y Steve. Tras dos vueltas a la pista, Owett le arrebataría el oro a Coe, el gran favorito, que planteó una nefasta carrera cometiendo errores de principiante. La plata no sería consuelo. Su padre y aún entrenador llegaría a llamarle tonto ante los medios de comunicación, que le tacharon de cobarde por no saber competir.
Cinco días después, misma contienda, mismo escenario, mismos protagonistas. Ahora, los 1.500 m. Era la distancia de Owett. Coe, humillado y cuestionado por su carrera de los 800, se tomaría cumplida revancha. Rompería los pronósticos y se alzaría con la presea dorada. Su desaforado júbilo al traspasar la meta lo decía todo… y su padre, esta vez, no lo insultaría.
Súbita enfermedad
Tras Moscú, Coe seguiría dominando en el medio fondo. Ahora era más fuerte, física y mentalmente. Mientras vislumbraba en la lejanía sus segundos Juegos, en Los Ángeles, una extraña enfermedad pondría en peligro su carrera y su salud. Una ingestión de carne en malas condiciones le produjo una afección que le atacó al sistema nervioso, al linfático y al corazón. Apartado de las pistas, su rendimiento se deterioró. Tras un año de lucha, volvería a ser atleta.
Envuelto en dudas llegaría a Los Ángeles en 1984. En los 800, como hacía cuatro años, nuevo duelo Sebastian Coe-Steve Ovett. El brasileño Joaquim Cruz se colaría en la fiesta llevándose el triunfo. La plata sería para Coe y Ovett, séptimo, caería desplomado y llevado a un hospital. En el 1.500, el indiscutible favorito era el también británico Steve Cram. Pero ‘Seb’, denostado por sus propios compatriotas, repetiría oro.
Después de los Juegos, su carrera iniciaría el declive. Recibiría el premio Príncipe de Asturias (1987) e intentaría llegar a Seúl 1988, pero no sería seleccionado. Se retiraría y emprendería carrera en la política hasta que, en 2015, tomó las riendas del atletismo mundial como presidente de la IAAF, ahora World Athletics. Y ahí sigue.
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