Opinión | FC Barcelona

Corresponsal en Brasil.
Pues sí, había margen de mejora en este Barça
Hansi Flick está dando la razón a Laporta y Deco, que defendían que esta plantilla daba para más

Raphinha uno de los futbolistas que ha progresado con Hansi Flick / EFE / Andreu Esteba
En seis jornadas ligueras, Lewandowski lleva seis goles (sale a uno por partido) y Raphinha, la sorpresa agradable del inicio de curso, lleva cinco (más tres asistencias) jugando la gran mayoría de minutos lejos de su posición natural. La eclosión goleadora del polaco, tras un año en que vivió señalado desde dentro y desde la grada, y la del gaucho, que le ha tocado vivir bajo la sombra del desertor y malagradecido Dembélé y el fenómeno Lamine Yamal, no parece ser fruto de la casualidad.
La ‘dupla’ de delanteros escenifica la evolución en el rendimiento individual que está habiendo en este arranque de temporada y que, claro, es multifactorial. Internamente, este escenario se analiza como una especie de profecía autocumplida.
La dirección deportiva y un sector amplio de la junta directiva se pasaron la temporada pasada repitiendo hasta la saciedad el mantra de que había material humano para hacer algo más de lo que se estaba alcanzando tanto del punto de vista estético (o sea, jugar bien), táctico y de resultados.
Hansi Flick les está dando la razón con este inmaculado 18 de 18, logrado de una forma espectacular con 22 goles (una media de 3,66 por partido). El técnico alemán está dando un curso acelerado de pragmatismo con el que ha devuelto la sonrisa, el optimismo y el orgullo perdido al barcelonismo, que vuelve a disfrutar y a sentir empatía por su equipo.
Ni la incapacidad de alcanzar la regla del uno por uno este último verano, que generó una crisis en los despachos de la Ciutat Esportiva, y que menguó las posibilidades de ir al mercado a reforzar como se debía la plantilla; ni la plaga de lesiones, que se ha cobrado a Ter Stegen como última víctima, han arañado el discurso del técnico alemán, que rehúye de la excusa y el victimismo y ahuyenta cualquier complejo de inferioridad.
Flick trabaja con lo que tiene, ha recuperado a los cedidos Eric García y Pablo Torre (que, por cierto, no había marcado en Liga con el Girona) y tira de La Masia con una convicción y profusión que se desconoce hasta dónde puede alcanzar. La incorporación de Arnau Blanco, que era el entrenador del Cadete A, a su cuerpo técnico es un acierto más de su innegociable apuesta por la cantera, como ya habían hecho técnicos foráneos (aunque el barcelonismo se los siente como propios) como Johan Cruyff, Louis Van Gaal o, más recientemente, Ronald Koeman.
El técnico alemán exprime los que tiene y empodera a los jóvenes, que son el presente y el futuro del proyecto. No pretende gobernar al club, ni domesticar al entorno desde la sala de prensa, a quien se niega a dar munición en unas comparecencias lacónicas. Se dedica a entrenar, así de fácil y así de difícil.
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