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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

Ni Haaland ni Julián Álvarez: el mejor fichaje es Rashford

Rashford celebra su gol de falta en el partido de Champions entre Barça y Copenhague

Rashford celebra su gol de falta en el partido de Champions entre Barça y Copenhague / Associated Press

No marcó ningún gol. No salió en ninguna foto. Nadie le dio el MVP oficial. Pero Marcus Rashford, digan lo que digan las estadísticas o los trofeos, fue de largo el mejor jugador del Barça-Mallorca, el futbolista que sostuvo a pulmón el equipo cuando deambulaba por una de sus ‘pájaras’ en la primera parte, y cuando tuvo que abrir en canal al Mallorca en la segunda.

Rashford desbordó, corrió, asistió, chutó, y convirtió su banda izquierda en el único trampolín desde donde el Barça martilleó a su esforzado rival hasta derrumbarlo. Fue otra gran actuación de una temporada excelente, en la que se ha convertido probablemente en el jugador revelación de la Liga.

Rashford aterrizó al Barça casi como un exfutbolista, desahuciado en Manchester y con pocas más credenciales que un nombre con un cierto relumbrón y un pasado en el que nunca pudo ser mucho más que la eterna esperanza blanca del fútbol inglés. Venía además con fama de conflictivo, y de jugador pasivo en defensa, reproche que de manera algo injusta también ha recibido en Barcelona.

Pero el olfato de Deco y la alquimia de Flick obraron el milagro, y lo que era un movimiento de mercado extraordinariamente arriesgado motivado en parte por los problemas económicos del club se ha transformado en uno de los grandes fichajes blaugranas de la última década. Empezó siendo un comodín para tapar las eventuales lesiones de Raphinha o de Lamine y ha terminado siendo la pieza clave para hacer crecer el proyecto un peldaño más en el segundo año de Flick, sostener la nave en momentos complicados y suministrar al equipo recursos que directamente no tenía.

En un equipo de niños extraordinarios a medio cocer, su físico descomunal, que aporta velocidad y corpulencia a partes iguales, sirve para compensar la poca contundencia de la plantilla. Y un síntoma inequívoco de su talento es que, casi cinco años después de la marcha de Messi, es el primer futbolista en chutar dignamente las faltas de fuera del área. En cierta manera, el feliz aterrizaje de Rashford recuerda aquel lejano renacimiento de Laudrup en el Barça, otra estrella que declinaba en la Juventus, y que alcanzó su máximo esplendor gracias a Cruyff.

Lo cierto es que la rapidez y la facilidad con la que Rashford se ha integrado en el equipo y en la ciudad lo han convertido, de repente y sin que estuviera previsto en ningún guion, en el fichaje soñado para el verano que viene, y además por el ridículo precio de 30 millones de euros, algo que corrobora la extraordinaria y fina negociación obra de Deco. Ni Haaland, ni Julián Álvarez: el fichaje se llama Rashford. Es bueno, bonito, barato y, lo que es mejor: es del Barça.