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Joan Cañete Bayle

Joan Cañete Bayle

Periodista y escritor

Gracias, Raphinha

La actitud del brasileño dentro y fuera del campo lo convierten en el mejor referente del Barça de Flick

Así zanjaron la polémica Raphinha y De Paul tras el revuelto antes del partido entre Argentina y Brasil

Así zanjaron la polémica Raphinha y De Paul tras el revuelto antes del partido entre Argentina y Brasil / sport

Del extraordinario partido de vuelta del Barça contra el Atlético de Madrid en el Metropolitano me quedo con una escena. Al final del encuentro, en el túnel de los vestuarios, Raphinha recibió uno a uno a varios jugadores atléticos y los consoló por la eliminación en la semifinal de la Copa del Rey. Uno de ellos es Rodrigo de Paul, al que hacía unos días el brasileño se había enfrentado en un caldeado Brasil-Argentina. En un vídeo que se ha viralizado, se ve a Raphinha y De Paul chocar las manos, abrazarse e intercambiar las camisetas. La actitud de Raphinha, capitán del Barça, y los jugadores del atlético se define en dos palabras: deportividad y respeto. 

Respeto es lo que se merece Raphinha no solo por su actitud deportiva al final del duro partido contra el Atlético, sino por la extraordinaria temporada que está completando. Respeto es lo que Raphinha tal vez no había sentido a veces en las temporadas que llevaba en el Barça, en la que su rendimiento había sido más que cuestionable. Sobre Raphinha se han vertido muchas críticas desde su fichaje, algunas irrespetuosas, otras justificadas. Yo mismo, ‘mea culpa’, escribí en diciembre del 2023 un artículo titulado ‘Raphinha: menos desplantes y más goles’ después de un gesto desafortunado con la grada del extremo brasileño. Entonces, el Barça de Xavi naufragaba y Raphinha se asemejaba más a un Rochemback que al líder que ha demostrado ser. Hoy no me duelen prendas en escribir: Gracias, Raphinha. 

La ascendencia

Gracias, de entrada, por el extraordinario rendimiento futbolístico. Sus cifras de goles y asistencias esta temporada son asombrosas. Nadie esperaba este rendimiento de un jugador que en verano tenía un pie fuera del club y desayunaba, merendaba y cenaba a diario con noticias sobre la llegada inminente de Nico Williams para quitarle el puesto. Me gustaría saber si él confiaba en sí mismo, en que podía alcanzar este nivel de top mundial. Pero su influencia en el juego del equipo no se mide solo en los goles y asistencia. Los desmarques, la entrega innegociable, la presión y el espíritu ganador son esenciales en el equipo. 

Gracias, pues, Raphinha también por esta ascendencia. En un equipo tan joven, con jugadores en edad de formación no solo futbolística, sino como personas, los valores que simbolizan el rendimiento y la actitud del brasileño en el campo son un ejemplo que seguir para los chavales: entrega, confianza, compañerismo, juego en equipo. ¿Cómo desfallecer, cómo relejarse, cuando el capitán no regatea ni se ahorra una carrera, un sprint, una presión, un regate, un ‘tackle’, un disparo? Cuando se supo que Raphinha iba a ser uno de los capitanes del equipo hubo cierto estupor. Hoy es difícil pensar en alguien mejor para llevar el brazalete en este equipo que ha construido Hansi Flick. 

Gracias, Raphinha, también, por escenas como la del túnel del vestuario del Metropolitano. En la memoria de los futboleros está muy presente una celebración reciente muy diferente en el mismo estadio, la de algunos jugadores del Real Madrid tras eliminar al Atlético a los penaltis en los octavos de final de la Champions. Donde hubo signos de degollar, tocamientos de partes íntimas y gestos burlones, Raphinha dio una lección de deportividad y compañerismo entre rivales. El brasileño no es un ser de luz: días atrás una vacilada suya fuera de lugar había incendiado el Brasil-Argentina. De ahí el valor simbólico de su abrazo con De Paul. 

Confiar en Flick

Y para terminar Gracias, Raphinha, por confiar en las posibilidades propias y en la palabra de su entrenador, Hansi Flick. En la metamorfosis del brasileño y en la de otros compañeros suyos esta temporada es clave la figura del técnico alemán. Por supuesto, Flick tiene una gran parte de la responsabilidad en el gran rendimiento colectivo e individual de un equipo que es el mismo, salvo Dani Olmo, que parecía no tener remedio la temporada pasada. Pero todo técnico necesita que los jugadores lo escuchen, confíen en él y lo sigan con los ojos cerrados. Flick les ha enseñado lo más difícil en el fútbol: hacer lo que saben y no intentar lo que no saben. Para ello es necesario un ejercicio que puede ser contradictorio: confianza en uno mismo y humildad. Gracias, Raphinha, no ya por conseguirlo, sino por no tirar la toalla y prestarse a intentarlo.