Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tuercebotas

Joan Cañete Bayle

Joan Cañete Bayle

Periodista y escritor

Cortes de manga a la afición rival

En la lucha por erradicar las actitudes violentas del fútbol, a los jugadores se les debe exigir limpieza y deportividad en su comportamiento con los hinchas del otro equipo

El gesto de Rüdiger a la afición del Atlético de Madrid

El gesto de Rüdiger a la afición del Atlético de Madrid / 'X'

El Atlético de Madrid ha enviado a la UEFA varios vídeos que documentan el comportamiento de algunos jugadores del Real Madrid sobre el campo mientras celebraban la victoria contra los rojiblancos en la Champions League. Después de que Rüdiger marcara el gol definitivo, los jugadores madridistas corrieron hacia el fondo donde se encontraba su afición para celebrar la victoria. Allí sufrieron el lanzamiento de botellas de agua y otros objetos por parte de aficionados atléticos, una actitud intolerable (y reincidente) por la que la UEFA ha abierto un expediente al Atlético de Madrid. Además, algunos jugadores se encararon con los aficionados. 

Los vídeos, viralizados en redes tras el encuentro, muestran a Rüdiger llevándose el dedo al cuello, a Ceballos dedicando cortes de manga a los aficionados, a Vinicius recordando en varios momentos del partido las quince Champions del Real Madrid y a Mbappé tocándose sus partes. No es la primera vez que se dan situaciones de este tipo en el Metropolitano. En septiembre, el derbi se suspendió durante varios minutos a causa de los objetos lanzados desde la grada a Courtois. Otro vídeo viral mostró cómo el portero del Madrid, con pasado colchonero, se encaraba con la grada entre gritos de “Courtois, muérete”. En la rueda de prensa posterior, el entrenador del Atlético, Diego Simeone, declaró: “Igual hay que sancionar a los que incitan. No justifica, pero cuidado con lo que generamos, yo me incluyo. Para mí, sanción al que provoca”. 

Ambiente tóxico

Alrededor del fútbol existe un ambiente tóxico, violento y agresivo, plagado de expresiones de odio. Se da en los grandes estadios y en los campos de fútbol 7, donde cada fin de semana miles de niños practican un deporte apasionante y apasionado, envuelto en una burbuja poco ejemplar. El fútbol cumple numerosas funciones sociales. Una de ellas ha sido, tradicionalmente, servir de válvula de escape emocional. Amparados en la masa, abrigados por la bufanda y uniformados con la camiseta, los hinchas comparten el éxtasis de la victoria con su equipo y descargan sus frustraciones contra el árbitro y los rivales. “Un tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”, dice uno de los personajes de la película de Juan José Campanella ‘El secreto de sus ojos’, en referencia a la fidelidad a los colores de tu equipo. Es así, de ahí casos como el de Courtois, doblemente villano a ojos de los colchoneros por la camiseta que defiende y su pasado en el Atlético. 

La sociedad actual mantiene al fútbol bajo sospecha. Se insiste en que hay que poner fin a las actitudes racistas, homófobas y machistas en los estadios, toleradas e incentivadas desde tiempos ancestrales bajo el argumento de la pasión. Tolerancia cero contra todo tipo de violencia. 

Ahora bien, ¿qué hacemos con las actitudes antideportivas de los jugadores hacia el público? Cuando Vinicius recuerda a sus rivales y a las aficiones locales las 15 Champions del Real Madrid, ¿es una provocación? El trash talk contra los hinchas, ¿es tolerable? ¿Dónde está la línea divisoria entre celebrar una victoria y burlarse de miles de personas frustradas por la derrota? ¿Es lo mismo el gesto de Raúl mandando callar al Camp Nou, los cortes de manga con los que Schuster celebró una Copa del Rey y los brincos de Mourinho en el Camp Nou antes de que los aspersores lo rociaran? 

La profesionalidad

Sin que en ninguna circunstancia se justifique la violencia de los aficionados, los vídeos enviados por el Atlético a la UEFA dejan en entredicho la profesionalidad de algunos jugadores. Se entiende que los futbolistas son humanos y que, tras 120 minutos de tensión y de improperios, pueden tener momentos de flaqueza. Pero también son profesionales muy bien pagados, y encararse y provocar a miles de personas enfervorizadas, muchas de las cuales de por sí no necesitan incentivos para traspasar líneas rojas, no es una buena idea. Deberían centrarse en jugar y celebrar con los suyos, sin entrar en provocaciones con los hinchas rivales. 

En la lucha por erradicar las actitudes violentas del fútbol, a los jugadores se les debe exigir limpieza y deportividad en su comportamiento con los aficionados.