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Opinión

Jordi Badia

Jordi Badia

Jefe de deportes en Regió7

La gestión de la portería

Queda por averiguar si la confianza en Peña es resignada a la espera de que Szczesny tome la forma mínima necesaria

Peña y Wojciech Szczęsny, durante el entrenamiento del sábado

Peña y Wojciech Szczęsny, durante el entrenamiento del sábado / JAVI FERRANDIZ

El guardameta no debería ser objeto de debate. Esto vale para los clubs, no para los periodistas que tenemos la obligación de debatirlo y cuestionarlo todo, claro. También creo que si un portero no vale por ser el titular de un equipo determinado, tampoco sirve para ser su suplente. Por eso me pareció lógica, aunque inesperada, la decisión del entrenador Hansi Flick de anunciar que Iñaki Peña sería el titular ante el Sevilla en la Liga y contra el Bayern en la Liga de Campeones. Para cerrar el debate, o intentarlo siquiera, y porque si lo sacaba de la portería de una manera tan inmediata y fulminante, la única lectura posible es que no le veía con el nivel suficiente para ocupar la portería del Barça. Ahora: mala pieza en el telar.

Las actuaciones de Peña han sido correctas, en mi opinión. Se le pueden contar más de una parada de mérito, aunque no haya hecho ninguna de las que 'salvan puntos', que se dice. Tampoco ha hecho cantada alguna, ni de las que todos los porteros perpetran un partido u otro, ni de las que no entonan. Y, sin embargo, es cierto que no transmite confianza. Pero creo que es que porque no hay nadie que se la tenga, por más que Hansi Flick haya parecido que se esforzaba, ni dentro del club ni fuera.

Desde el club se ha explicado para que se explique y se pueda negar enseguida, que Szczesny aceptó rebuscar en el armario los guantes con el compromiso de que sería titular. Y se comprende perfectamente. Lo que ahora queda por averiguar es si la confianza de Flick en Peña es cierta y fruto de una gestión prudente de la portería, o bien solo resignada a la espera de que Szczesny coja la forma mínima necesaria que, por más que desde el club se explique para que sea contado sin intención de negarlo, el polaco tiene los reflejos de antes, y alguno más, y que detiene todo lo que le chutan, no hay manera de saberlo sin verlo.