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Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

De la Fuente se blinda contra el ruido

De la Fuente, en la rueda de prensa valorando la lista de los partidos ante Bulgaria y Turquía

De la Fuente, en la rueda de prensa valorando la lista de los partidos ante Bulgaria y Turquía / EFE

Regresa el fútbol de selecciones con un doble compromiso para España, que inicia uno de esos caminos tan largos como ilusionantes, en busca de una plaza en el Mundial 2026. Cosas del calendario: mientras en Sudamérica ya hay varias selecciones clasificadas, las selecciones europeas empiezan ahora a buscar su pasaporte al Mundial (el Mundial de Donald Trump, ya lo llaman algunos, no sin cierto temor a que el presidente de EEUU arme alguna de las suyas antes o durante el torneo).

España, que ha estado presente en todo los Mundiales desde 1978, inicia el trayecto con dos desplazamientos: jugará en Bulgaria y en Turquía. En octubre, volverá a jugar en casa, recibiendo a Georgia y Bulgaria. No parece un grupo especialmente incómodo, sobre todo si se salvan estos dos primeros desplazamientos: la selección sabrá muy pronto cómo están sus opciones de liderar el grupo (y por lo tanto, clasificarse), porque los dos primeros partidos son a priori los más complicados.

España, a diferencia de otras grandes de Europa, quedó encuadrada en un grupo de cuatro selecciones y no en uno de cinco equipos. Un calendario más ligero, por lo tanto.

Cuando se inica un camino así, de tan largo recorrido, una sensación de incomodidad invade a todos aquellos aficionados o periodistas que miran el fútbol de selecciones desde una posición de escepticismo, indolencia o directamente, de superioridad. Sí, el Mundial de 2026 queda aún demasiado lejos, pero mientras no se demuestre lo contrario, este sistema de clasificación es el que hay: es difícil conjugar las posibilidades de las selecciones más modestas con las de las más grandes, así que toca adaptarse a las circunstancias. Mientras la FIFA no cambie el sistema de clasificación, para jugar el Mundial hay que pasar antes por Sofía (Bulgaria) y Konya (Turquía), escalas incómodas pero imprescindibles.

Mientras tanto, el seleccionador, Luis de la Fuente, sigue capeando los debates que siempre rodean a la selección: Morata sí o Morata no, Joan Garcia sí o Joan Garcia no, por ejemplo. Mientras sean debates puramente futbolísticos, bienvenidos sean: cuando entran en juego intereses espurios, preguntas interesadas, contratos con bonus por internacionalidades o asuntos similares, la cosa se ensucia bastante.

De la Fuente, tan criticado por los del gatillo fácil y por los que son incapaces de entender que la selección va mucho más allá de los colores de cada uno, se mantiene firme en sus decisiones: puede gustar más o menos que no llame a Joan Garcia o que siga contando con Morata, pero el seleccionador ha demostrado sobradamente que nadie mejor que él para dar forma al grupo y liderarlo. Lo hizo en la Eurocopa de 2024, por si a alguien se le había olvidado. Lo demás es ruido.