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Joan Vehils

Joan Vehils

Director.

Flick cumple mientras Mourinho humilla a Arbeloa

Mbappé, en Lisboa

Mbappé, en Lisboa / Associated Press/LaPresse

Otra vez lo mismo: el Barça volvió a regalar una primera parte. Y otra vez lo mismo: Flick tuvo que arreglarlo en el descanso. La sensación es peligrosa porque se repite con demasiada naturalidad, como si el equipo ya hubiera asumido que puede entrar dormido y despertarse después. Lamine Yamal lo intentó por todos los medios, pero sin Pedri el centro del campo no había manera.

La realidad es que el Barça no ganó por brillantez, sino por corrección. Flick ordenó el desaguisado, entró Marc Bernal, Dani Olmo decidió disfrazarse de Pedri y, de repente, apareció algo tan básico como el control del partido. Con eso bastó. No hubo exhibición, pero sí oficio. El Barça hizo lo necesario para meterse entre los ocho primeros. Y lo hizo, además, con un ojo mirando al otro lado, donde el Madrid se enredaba con el Benfica hasta rozar el ridículo.

Mourinho no solo le ganó al Madrid; le dio una lección. Lo dejó fuera del top 8 y lo retrató. Una humillación de las que escuecen porque no dependen de una jugada aislada, sino de una superioridad sostenida. El conjunto portugués le pasó por encima y, sobre todo, le recordó al madridismo que el problema es mucho más profundo de lo que vende el discurso oficial.

Ahora el Madrid se va a la repesca, que es donde empiezan los nervios de verdad. No por el formato, sino por lo que implica: menos margen, más presión, más ruido… y el mismo equipo dando señales de fragilidad. Con el riesgo añadido de que, cuando te acostumbras a sufrir, un día no te da.

En resumen: Flick cumplió, sí, pero no debería conformarse. Porque vivir de los descansos como solución es una ruleta. Y en partidos grandes, los errores de las últimas jornadas no se corrigen con el riesgo que eso supone. Dicho esto, los culés disfrutaron de lo lindo.