Opinión

Redactora de Motor y Polideportivo.
Fabio Quartararo, uno de los nuestros

Quartararo, desolado tras quedar fuera del GP del Reino Unido / EFE
Cuando en los primeros Grandes Premios de esta temporada algunos preveíamos un Mundial aburrido y poco disputado, con hegemonía absoluta de Marc Márquez, no podíamos estar más equivocados. Cierto es que el piloto de Cervera va por buen camino hacia un nuevo título mundial, pero le ha salido competencia dispuesta a pelear, al menos, por las victorias. Àlex Márquez en Jerez, Johann Zarco en Le Mans y Marco Bezzecchi en Silverstone han abierto la veda por el primer escalón del podio y, de paso, han echado un pizca (o mucha) pimienta al campeonato.
Tres pilotos distintos con tres marcas distintas que dejan claro que cualquiera puede optar a la preciada victoria en este Mundial. ¿Cualquiera? De momento KTM y Yamaha siguen sin abrir su casillero, y eso que la marca japonesa estuvo cerca, muy cerca, este domingo. En Silverstone, todos fuimos de Yamaha. Todos fuimos de Fabio Quartararo. Como Henry Hill (si me permiten la licencia), ese protagonista de 'Uno de los nuestros' (Martin Scorsese, 1990) que se labró un camino a fuerza de trabajo y tesón, el francés se ha convertido con el paso de los años en uno de los más queridos del paddock y la afición, a fuerza de sonrisas y no desistir.
En el peor momento de Yamaha no se bajó del barco y firmó su renovación, aún sin saber si el resurgir de la marca nipona iba a ser real. La incertidumbre no le impidió quedarse en 'casa', algo poco habitual en estos tiempos, y parecía que el trabajo empezaba a dar sus frutos. Tres poles consecutivas y buenas sensaciones que se apagaron, literalmente, este domingo.
Tras un nueva salida de locura ( y ya van tres este curso), una bandera roja y un reinicio, Quartararo tuvo una segunda oportunidad. Había perdido la primera posición en el primer intento, pero en el segundo aprendió la lección y se mantuvo firme. Volaba hacia la victoria, marcando un ritmo constante, pilotando con cabeza, levantando al público...y entonces llegó el golpe. Puño en alto, Fabio anunciaba que su Yamaha había dicho basta. Se acabó el Gran Premio para él y las escenas que sucedieron a continuación fueron la viva imagen de la desolación.
Totalmente frustrado y con la cabeza cabeza gacha, el piloto de Niza apoyó su moto contra un muro y se derrumbó. No se podía ver a través del casco, pero el gesto dejaba claro que tras la visera habían lágrimas. Necesito varios minutos para volver a ponerse en pie, aplaudido por los aficionados como si hubiera sido el ganador de la carrera. Poco después aparecía frente a los medios sereno, como si nada hubiera pasado aunque sin rastro de su habitual sonrisa. Todo un ejemplo de profesionalidad, no hubo quejas contra la marca, no hubo reproches, solo disculpas, pese a que él fue el más perjudicado. El resto, debería tomar nota.
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