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Exigir (o pedir) la Champions a Flick es absurdo

Flick y Lamine ante el Mallorca

Flick y Lamine ante el Mallorca / Joan Mateu Parra

En el Barça somos expertos en no valorar lo suficiente un gran año. O una gran obra. Lo normal el curso pasado, el primero de Flick, hubiera sido acabar sin títulos o máximo con algo ‘menor’ como una Copa o una Supercopa.

El técnico germano cogió a un equipo con la moral baja, a un puñado de jóvenes sin experiencia casi en la élite, y lo transformó en una máquina de ganar, de competir y, sobre todo, en un ejemplo de voracidad. La afición culé se identificó al instante con la filosofía de Flick y sus cachorros.

NO OLVIDAR LOS PASOS DADOS

Probablemente no hayamos alabado suficiente la magnitud de lo que logró el entrenador de Heidelberg. Ganar tres trofeos, llegar a unas semifinales de Champions. Y hacerlo con una identidad admirada en el viejo continente después de años y años de humillaciones y de sinsabores en la máxima competición continental.

Hansi Flick, en el banquillo de Son Moix

Hansi Flick, en el banquillo de Son Moix / CATI CLADERA

Este reconocimiento espontáneo a la obra de Hansi viene porque vengo escuchando las últimas semanas que todo lo que no sea ganar la ‘orejona’ la próxima campaña será poco menos que un fracaso. Bajo mi humilde opinión, es absurdo e incoherente exigir ahora a este equipo que gane la Champions. Más aún en un fútbol actual tan igualado, tan mercantilizado.

SIN COMPETIR EN IGUALDAD EN EL MERCADO

Los TOP europeos han movido una cantidad ingente de millones para reforzarse esta ventana veraniega. Buscando la excelencia a base de talonario. El Barça ha gastado, sí, pero con contención y, una vez más, acuciado por las limitaciones económicas que lastran a la entidad desde hace más de un lustro. Lo más importante era mantener el talento y se ha logrado (excepto el caso aislado de Iñigo, un disgusto para Flick). Deco tenía esa misión prioritaria.

A partir de ahí se ha asegurado el futuro bajo palos con Joan Garcia y luego se ha logrado a un extremo contrastado, si bien Rashford no era ni la primera ni la segunda opción. Un verano más Flick ha tenido que tirar de la cantera, algo que no le inquieta lo más mínimo porque es un ferviente admirador del fútbol formativo azulgrana y del nivel con el que suben los chicos. Pero es un factor que no debe hacernos olvidar las circunstancias del Barça y la desventaja a nivel de poder adquisitivo de mercado para competir con el resto de candidatos a la Champions.

EXIGENCIAS, LAS JUSTAS

A este equipo hay que exigirle que compita, que mantenga la esencia y el hambre competitiva de la pasada temporada. Pero para nada coger como referencia los éxitos y títulos ganados del año pasado y pedir lo mismo o incluso más. Sería injusto.

Con los ojos cerrados firmaríamos una temporada igual. Y con mostrar la misma personalidad y voracidad que la Champions del curso anterior en la venidera estaríamos mucho más que satisfechos. Que nadie olvide de dónde viene este Barça y lo complicado que es consolidar proyectos ganadores. No nos desviemos de eso.