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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

El enésimo 'match-ball' de Joan Laporta

Joan Laporta en el palco en el Trofeu Joan Gamper

Joan Laporta en el palco en el Trofeu Joan Gamper / Dani BARBEITO / Sport

Inscrito: a pocos días del arranque de la Liga, con la incertidumbre que últimamente acompaña todas las decisiones importantes en Can Barça, pero inscrito al fin y al cabo. Joan Garcia podrá debutar el sábado en Mallorca, gracias a que LaLiga validó la lesión de Ter Stegen como de larga duración. Habrá hueco, por tanto, para Joan Garcia, uno de los fichajes estratégicos del verano.

El Barça en general -y Laporta en particular- volvió a salvar otro ‘match-ball’. No es el primero ni el segundo. Tampoco será el último: el Barça vive al día, rodeado por un aire de improvisación que nadie alcanza a comprender en totalidad. Ni siquiera los empleados del club, que asisten atónitos al paso de los días, camino del inicio oficial de la temporada, con el Spotify Camp Nou en el aire y las inscripciones convertidas en un acto de fe.

Y de la misma forma que conviene incidir en esa improvisación, en esa sensación de dejarlo todo para el último día, como el estudiante que intenta aprobar sin estudiar demasiado, es justo reconocer la capacidad de supervivencia de Joan Laporta: si en su primera etapa al frente del club todo le salió redondo (a él mismo le gustaba repetir aquello del ‘mejor Barça de la historia’; no le faltaba razón pero sus palabras parecían restar importancia a épocas anteriores), en su segunda presidencia -desde 2021-, sucede algo parecido. Con más agonía, con más sufrimiento, con más incertidumbre, pero al final, sin saber muy bien por qué, como si estuviera bendecido, Laporta siempre gana.

Antes lo hacía por goleada, convenciendo a barcelonistas y rivales. Ahora lo hace con goles en el tiempo de descuento, sin convencer demasiado (ni siquiera a los socios, me temo). Pero gana el partido, al fin y al cabo.

Es un Laporta menos teórico, pero más resultadista. También es otro Barça, capaz de ganar todos los títulos nacionales (y alcanzar las semifinales de la Champions) pese a que en los despachos la incertidumbre sea moneda de uso común. Hay estrellas y estrellados. Y Laporta es de los primeros.