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Dinamitar la campaña

Xavi: “Messi estaba fichado; lo tiró atrás Laporta porque no quería una guerra con él”

EFE

Hay entrevistas que explican cosas. Y hay entrevistas que las dinamitan. La de Xavi Hernández, en La Vanguardia, del lunes 9 de febrero, pertenece a la segunda categoría. Por cierto, gran documento periodístico de Joanjo Pallás, que ya es un referente para el periodismo deportivo.

No matiza el pasado. Lo revienta en mil pedazos. Porque lo que hace Xavi no es explicar, ni defenderse. Es señalar. Señalar al poder. A un poder autoritario. Apunta, además, a un caudillo que acecha entre bambalinas.

Desde su salida se instaló un relato. El de un entrenador superado. El de un técnico al que le pesó el banquillo. Pero Xavi, después de callar durante mucho tiempo, ha decidido contar lo que pasó. Un relato desde la verdad. No desde el rencor.

Xavi se muestra veraz y tranquilo. Describe un club donde las decisiones no siempre se toman donde deberían tomarse. Ni de la forma que deberían tomarse. Donde, incluso, el apellido Cruyff ya sólo se respeta de cara a la galería. Y lo hace con una frase que retrata un modelo: “Manda más Echevarría que el presidente".

No es un titular. Es una acusación. Porque Alejandro Echevarría no tiene cargo en el club. No figura en el organigrama. No aparece en las fotos oficiales. Y sin embargo, según Xavi, es una de las personas que más decide dentro del Barça. Un poder sin despacho. Sin responsabilidad. La opacidad de llevada a la máxima expresión.

La entrevista va todavía más lejos. Laporta no sólo despachó a Messi tras llegar. Xavi afirma que el regreso de Lionel Messi estaba prácticamente cerrado en 2023 y que fue el presidente quien frenó la operación por miedo a un conflicto de poder con el argentino.

Es una revelación brutal. Porque desmonta una de las mentiras más repetidas desde la marcha del crack: que Messi no volvió porque era imposible. Ahora sabemos que era posible. Simplemente que al presidente no le interesaba.

La consecuencia de la entrevista es incómoda para todos. Para Laporta, porque aparece como alguien que dice una cosa y hace otra. Aunque eso ya debería ser algo público y notorio. Para el club, porque vuelve a aparecer la palabra más peligrosa en una institución: gestión personalista e interesada.

Pero también es incómoda para el propio Xavi. Porque Xavi no es un outsider. Es una leyenda del Barça. Un hombre formado dentro de la cultura del club. Un creyente. Y cuando un feligrés denuncia a la iglesia, el problema deja de ser un conflicto personal. Se convierte en un problema estructural.

Lo que sugiere la entrevista es algo más profundo que una mala relación entre presidente y entrenador. Sugiere un modelo de gobierno basado en círculos de confianza, en relaciones personales, en poder mal entendido y pero gestionado. El viejo Barça. Laporta queda como un Nuñez del siglo XXI.

Xavi no habla como un resentido. Alguien que no aguanta más lo que está viendo. Y, eso es lo que hace que sus palabras pesen. Porque por barcelonismo, Laporta no le gana. La anterior campaña fue la de la pancarta. La actual es la de la entrevista a Xavi. Ahora nadie duda que Xavi y Messi votarán a Font. ¿Qué harán los socios?