Opinión

Corresponsal en Brasil.
Todo es mucho más difícil sin Iñigo
Perder al líder de la defensa y no poder sustituirlo es un riesgo que se asumió y que ya tiene consecuencias

Iñigo Martínez dejó un espacio que nadie, de momento, está ocupando / EFE/Enric Fontcuberta
Tener lesionados y no poder contar al mismo tiempo con el mejor jugador del mundo, el artillero de la última Champions y el portero titular (que, además, es el fichaje estrella del verano) tiene y tendrá siempre una incidencia enorme, se mire por donde se mire.
Y, a ello, hay que sumarle vulnerabilidades externas conocidas, en forma de los dos primeros goles irregulares del Sevilla, en un arbitraje nefasto combinado con una actuación del VAR tendenciosa, que recordó el nivel calamitoso que sufrió el Barça en la final de la Cartuja y en el día decisivo contra el Madrid en Montjuïc.
A partir de aquí, puede empezarse a analizar el apartado de responsabilidades propias, donde sí se puede controlar el margen de mejora, algo que no ocurre, por ejemplo, con las convocatorias absurdas de las selecciones.
El primer aspecto que llama la atención es el desajuste del sistema defensivo, que empieza, recordemos, con la presión del trío ofensivo, que es el que da el tono y permite activar los automatismos para recuperar el balón rápido y en zona de ataque, cerca de la portería contraria.
Poner en duda la línea adelantada de la zaga a estas alturas no tiene demasiado sentido. Es un hecho empírico que este Barça se defiende mejor con 50 metros a la espalda que en bloque bajo acumulando efectivos.
Y, a la hora de analizar el naufragio del Pizjuán (lo del PSG entra dentro de la más absoluta normalidad), conviene recordar —y no por oportunismo, sino porque es una obviedad que se está pasando por alto— que el Barça asumió el riesgo que supuso perder en agosto a Íñigo Martínez, que era su líder en la zaga, y no poder reemplazarlo a causa de las estrecheces del Fair Play Financiero.
Hansi Flick apoyaba la venta de uno de los centrales porque quería trabajar con cuatro, pero nunca imaginó que acabaría perdiendo a su referente, el que mandaba, ordenaba, corregía y mejoraba a sus compañeros.
El Barça 2026 se quedó huérfano de su baluarte atrás y, además, de un zaguero zurdo de origen. Sin un especialista en la posición, al gran Pau Cubarsí, a quien se le tendría que seguir protegiendo para que pueda continuar creciendo, le tocó cambiar de perfil, y un reconvertido Gerard Martín también ha ocupado esa posición.
Ni Araujo, ni Eric, ni Christensen —cada uno con sus virtudes— ofrecen el valor añadido de ser, de momento, el comandante que el equipo necesita, un rol que sí está cubierto en las otras líneas por la hegemonía táctica de Pedri y la genialidad de Lamine Yamal.
A Hansi Flick y a su excelente grupo de colaboradores no les queda otra que encontrar una solución interna, porque ahora mismo no se contempla ninguna incorporación en enero. Lo peor es que un líder no se forma en un trimestre.
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