Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Un derbi para volver a mirarse a la cara

Flick con la camiseta de Gavi

Flick con la camiseta de Gavi / Oriol Rubio

'Míreme a los ojitos’, le decía Luis Aragonés a Romario después de un entrenamiento. El entrenador, por entonces en el Valencia, le decía a su jugador estrella que le enfrentase de cara, de tú a tú, sin miedo. Romario era sin duda uno de los mejores jugadores del mundo, pero en ese momento, rehuía la mirada de su jefe. No se atrevía a mirarle a la cara, quizá porque sabía que en aquella discusión, era Aragonés quien tenía razón. Durante muchos años, el Espanyol ha tenido que rehuir la mirada del Barça en los días anteriores a los derbis. El equipo blanquiazul no andaba demasiado boyante.

Ahora el panorama es radicalmente distinto: vuelan los pericos, agarrados al carisma de un entrenador que siempre dice lo que piensa y cuyo mérito es descomunal, porque nadie contaba con el Espanyol en puestos europeos a estas alturas. Y eso es una buena noticia también para el Barça, y para el fútbol catalán: el derbi corría el riesgo de desnaturalizarse, de diluirse; de que la brecha entre ambos fuese demasiado grande. Porque mientras unos competían con los mejores del continente, otros tenían que sufrir para volver a Primera división.

Ahora, Espanyol y Barça vuelven a mirarse a la cara: este derbi tiene el aroma de los viejos derbis, los de la época en la que el Barça sufría de lo lindo cuando tenía que cruzar la Diagonal para ir al estadio de Sarrià. Es evidente que el enemigo tradicional del Barça es y será siempre el Madrid, pero los viejos barcelonistas saben que también el Espanyol tiene que aparecer siempre en ese catálogo de rivalidades de toda la vida.

Pregunten a los culés de cierta experiencia y escucharán anécdotas deliciosas entre pericos y culés, una rivalidad que el fútbol español tiene guardar como un tesoro, de la misma forma que la ciudad de Sevilla ha logrado exportar su derbi -y su eterna rivalidad- como uno de sus grandes encantos.

Si además el derbi se vive con intensidad, pero en paz; todos contentos. Que vuelva el pique sano, el comentario jocoso al compañero de oficina, al cuñado o al sobrino: y que pericos y culés vuelvan a mirarse a la cara, de tú a tú.