Opinión
Defender al Barça

Joan Laporta accede a la Ciutat Esportiva acompañado por el presidente en funciones Rafa Yuste. / DAVID BERNABEU/CARLES MONFORT
Jan Laporta ganó. Y ganó bien. Con claridad. Sin discusión posible. La masa social, la que se movilizó, habló en las urnas. Contundentemente. Hay que saber ganar y perder. Hay que felicitarle. A él. A su junta. A su equipo. Incluso a Alejandro Echevarría. Su excuñado, al que se situó en el centro del debate, no le pesó en su contra. Por tanto, ahora puede blanquearlo, sería justo, si su función en el club es tan clave como ha defendido.
Su lema de campaña fue directo. 'Defender al Barça'. Le funcionó. Conectó. Movilizó a los suyos. Sin proponer nada, defendió su mandato previo como ejemplarizante. Resultado: cinco años más en el poder. Hasta aquí. Ahora matizo. Defender al Barça no es patrimonio de nadie. Como el club tampoco lo es. No hay buenos, ni malos. Es un eslogan, pero no una bandera exclusiva. Es una obligación compartida. También de quienes no le votamos. La victoria legitima. Pero no blinda. Da poder. Pero no concede impunidad. Gobernar el Barça no es mandar sin crítica. Le obliga a rendir cuentas. Cada temporada. Porque el Barça no es de un presidente. Ni de una junta. Es de sus socios. De todos. Y eso nos da los mismos derechos. Y las mismas responsabilidades.
Si no vemos transparencia suficiente, podemos pedirla. Si no vemos explicaciones que estén a la altura de la complejidad del momento, las solicitaremos. Porqué el Barça nos preocupa. Preocupa la gestión. Preocupa la opacidad. Preocupa la sensación de que se decide más de lo que se explica. Y ahí empieza nuestro papel. Nos ocupará. Defender al Barça, también, es discrepar. Es preguntar. Es exigir. No conformarse. No comprar relatos sin datos. No aplaudir por inercia. No callarse por comodidad. No aceptar que si la pelota entra todo vale.
El Barça necesita crítica. Necesita control. Necesita voces incómodas. Solo así se protege. Laporta conoce bien este club. Sabe lo que significa la presión. Sabe lo que implica gobernar bajo la lupa. No debería incomodarle. Debería asumirlo como parte del cargo.
En los próximos cinco años, ese 30% que no le votamos, ejerceremos una oposición responsable. Leal al club. Pero exigente con la gestión. Sin ruido innecesario. Pero sin silencios cómplices. Defender al Barça es también eso. Es no mirar hacia otro lado. Es no confundir estabilidad con ausencia de crítica. El Barça es demasiado grande para reducirlo a un eslogan. Y demasiado importante para dejarlo sin vigilancia. Se convertirá en el presidente más longevo de la historia vigente. Y sabemos cómo acabó Nuñez.
Laporta tiene el club que quiere en su mente. Pero también tiene una obligación. Gobernar con más luz. Sin sombras. Porque ganar unas elecciones no significa tener razón siempre. Ahí estaremos. Defendiendo al Barça, el nuestro, que también es el suyo. A nuestra manera. Que no es la suya. Sin concesiones. Sin miedo. Sin silencio. Es la grandeza de la democracia que rige en nuestro club.
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