Opinión

Escritor.
Se ha cruzado una línea roja: debemos proteger a Munuera Montero y los árbitros

Martínez Munuera, con Vinicius y Arda Güler / Efe
En 2011, el árbitro germano-iraní Babak Rafati, intentó suicidarse en su habitación de hotel antes de un partido a causa de la presión y la responsabilidad que conlleva esta labor. Todo el ruido externo, las voces ajenas y acusatorias o el terror de cometer un error, le llevaron a la desesperación y a la depresión más profunda, al lugar más oscuro al que puede llegar un humano. Los árbitros están expuestos al mundo entero y son carne de cañón, como ocurre con todos los deportistas de élite. La gran diferencia es que los que arbitran no tienen ni una grada de animación ni hinchas con bufandas con su cara y su nombre ni fanáticos coléricos que les defiendan y que hagan el contrapeso al odio que reciben. Están solos ante veintidós jugadores y unos cuantos miles de personas.
Las amenazas a Munuera Montero
En el fútbol, a diferencia de otros deportes en los cuales los jueces son intocables y honorables en esencia, la figura del árbitro forma parte total de la función y es protagonista principal de toda controversia. Y está bien que sea así: hablar de los árbitros, decir que son más o menos buenos, que arbitran mejor o peor a este u otro equipo, o hasta que en los estadios se les dedique algún cántico divertido, forma parte de la idiosincrasia de este deporte.
Pero en estas últimas semanas se están cruzando todas las líneas rojas habidas y por haber. La Liga y los clubs deben hacer algo urgentemente para que no ocurra ninguna desgracia: tras la expulsión a Bellingham, en las redes sociales del colegiado andaluz José Luis Munuera Montero se han podido leer amenazas muy graves hacia él y su familia. “¿Alguien sabe dónde vive?, ¡Tu familia será asesinada! ¡El día que vengas al Bernabéu, iremos a por ti, rata!”. De este estilo, miles.
Lo más grave, los voceros blancos
Más grave aún, si se quiere, es que ciertos voceros del club blanco, con miles de seguidores en las redes sociales, animan a sus seguidores a seguir mandando mensajes de este tipo. Unineuronales con demasiada audiencia, el mayor de los peligros. El Real Madrid, que ha creado este caldo de cultivo con un comunicado ridículo, debería escribir otro denunciando los ataques graves -muy graves- que está sufriendo Munuera Montero, educar a los suyos enseñándoles donde se encuentra el límite. Que, parece ser, no sabe dónde está. Y urge hacerlo antes que ocurra algo grave.
Pero la estrategia de estos acosadores parece tener distinto destino: en vez de calmar las aguas, los esbirros pseudo periodísticos han ido a rascar para ver si encontraban alguna cosa con la que seguir esta persecución inmoral y peligrosa. Y lo han encontrado. Estos que no ven nada extraño en que todos los presidentes de las instituciones futbolísticas de este país sean abiertamente del Real Madrid, han encontrado la exclusiva que demuestra que Munuera Montero no expulsó a Bellingham porque le insultó, sino que lo hizo por ser culé. Pues se ve que hay una foto del socio de una empresa del árbitro con una camiseta del FC Barcelona colgada en la pared de su supuesto despacho.
El ridículo sería para morir a carcajadas si no fuera porque varias personas, además de ser coaccionadas, están siendo amenazadas salvajemente. El mensaje es claro: como si de una película gangsteril se tratase, advertidos están todos. Pitar en contra de ciertos intereses tiene un precio. Si hay alguien sensato al mando, que recuerde el caso de Babak y de muchos otros profesionales que se les ha puesto en el foco bajo una presión inhumana: la vida y la dignidad valen mucho más que una tarjeta roja o un penalti mal pitado. Todos los clubes deberían abogar por frenar estos ataques hostiles, obscenos e indecentes.
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