Opinión
Cara de tonto

Hansi Flick abraza a Joan García al finalizar el derbi Espanyol-Barça de LaLiga 2025/26 en presencia de Ramon Terrats / EFE
La cara de tonto existe. Es real. Lo comprobamos el sábado por la noche en Cornellá-El Prat. Así es el fútbol. Se te queda cuando no entiendes nada. Cuando juegas tus cartas lo mejor que puedes y pierdes. La crueldad del juego.
Es ese momento, en el minuto ochenta y cinco, cuando el fútbol decide reírse de ti. Dos goles en cinco minutos. Los pericos no lo vieron venir. Un derbi que pintaba más blanquiazul que en blaugrana. Un derbi competido. Un derbi que la ciudad necesita como agua de mayo (aunque sucedió en una navidad lluviosa como esta). Y, aun así, se les escapó. La afición del Espanyol se fue a casa con esa cara. La de “¿cómo ha pasado?”. La de “no puede ser”. La de “esta vez, no”.
El Barça no fue mejor durante 85 minutos. El Espanyol, sí. Más intenso. Más ordenado. Más convencido. En definitiva, hubo más derbi que en la última década entera. Vimos un partido fantástico. Hay que reconocer que, entre la nueva propiedad y el carácter del entrenador, los pericos pueden volver a estar orgullosos de su equipo.
Lo de Manolo es carácter
Lo de Manolo es carácter. Es exigencia. Es cabreo por perder. Porque el fútbol no valora los méritos. Puntúa los golpes. Es decir, los goles. Y el Barça metió dos. Tarde, muy tarde. Dos zarpazos letales.
Pero lo que realmente desequilibró el partido no fue eso, sino Joan García. El señalado. El discutido. El pitado. El que llevaba toda la semana en la diana. El portero al que algunos ya habían juzgado antes de jugar.
No habló. No se escondió. No respondió. Tan sólo jugó. Durante la semana. Durante el partido. Durante los 90 minutos. Incluso al finalizar quiso mantener esa actitud en el césped. Discreto en el gesto, pero imponente en la portería.
Lo paró todo. Todo lo parable para un gran portero. Y algo más. Manos firmes. Colocación perfecta. Lectura de los espacios. Un partidazo. Sin acritud. Sin venganza (aunque sea explícita). De los que construyen míticas carreras. De los que ganan campeonatos. De los que se recuerdan.
Un muro contra los reproches
Mientras desde la grada se escuchan reproches, él levantaba un muro. Mientras algunos buscaban un culpable, él sostenía a su equipo. Como ya ha hecho en más de un encuentro esta temporada. Porque Joan Garcia no juega para gustar. Juega para crecer. Para demostrar que los grandes equipos siempre se construyen desde la portería con un gran portero. Para gritar con intervenciones que el Barça lo tiene.
De la Fuente tiene un problema. Los pericos pueden incrementar su enfado con el gran culpable de su derrota. Sin él, se habría llegado al minuto fatídico del primer gol culé con ventaja del Espanyol. El fútbol es así. Injusto. Caprichoso. Y cruel con los derrotados.
El Espanyol perdió. Pero debería estar orgulloso de su entrenador y su equipo. Ha encontrado el camino. Aunque perdió a su portero. Joan García marcó la diferencia. Era suyo y cambió de bando. Manolo fue un señor no valorándolo, le conoce demasiado bien. Su rabia se entiende. A veces el fútbol te quita lo que mereces. Menos la razón. Y a veces, cuando te miras al espejo después de un derbi así, lo único que ves es esa cara. La cara de tonto no entiende de matices.
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