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Joan Vehils

Joan Vehils

Director.

La verdad por encima de las bombas

Laporta, en la recogida de firmas

Laporta, en la recogida de firmas / Dani Barbeito

Si algún socio del Barça descubre que alguien va a lanzar una bomba sobre el Camp Nou y no lo denuncia, se convierte en cómplice. Y si presume de saber que va a estallar y lo único que hace es pregonarlo a los cuatro vientos, también es copartícipe. No hay inocencia posible. O se frena el delito o se alimenta el miedo.

Digo esto porque desde hace semanas, en Barcelona, hay quien se ha dedicado a esparcir a bombo y platillo el rumor de que estallaría una “bomba” destinada a destruir a Laporta.

Una “bomba” que, casualmente, aparece en pleno proceso electoral. Qué oportuno. Qué previsible y qué miserable. No es la primera vez que se recurre a estas maniobras, pero no por repetidas dejan de ser nauseabundas. La política de cloaca aplicada al Barça.

'El Periódico' reveló que esa “bomba” era cierta y que la presentó un socio en forma de querella contra Laporta, ante la Audiencia Nacional a media noche del viernes. Pues miren, utilizar a un socio con un número de carné elevado y a un abogado de un pequeño despacho para tumbar al candidato con más opciones de victoria es juego sucio. El Barça no puede tolerar que sus procesos democráticos se decidan en la Audiencia Nacional de Madrid.

Dicho esto, y conviene subrayarlo, si Laporta ha cometido algún delito, deberá ser investigado y juzgado. Y, si corresponde, exonerado o condenado. Y si eso implica dejar la presidencia o no poder presentarse, habrá que acatarlo. Ningún presidente del Barça está por encima de la ley. Pero una cosa no quita la otra. Exigir ejemplaridad no significa aplaudir linchamientos.

Estamos hartos de políticos corruptos. Pero también estamos hartos de campañas de difamación pagadas para destruir reputaciones y amañar relatos. En Catalunya hemos visto demasiadas veces cómo se fabrica el escándalo sin pruebas fehacientes. Por eso, lo mínimo exigible es que la justicia actúe con diligencia y no permita prolongar ni un día más de lo necesario el tiempo en que posibles bulos se coman la realidad.

Eso sí, quienes han financiado la construcción de esta bomba ficticia ya han logrado una parte del objetivo. Han instalado el ruido, pero falta lo importante: la verdad. Veremos qué dice la justicia…