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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

El Barça y Laporta, en manos de Pedro Sánchez

Laporta, durante su discurso

Laporta, durante su discurso / dani barbeito

El ‘caso Olmo’ escala cada día un nuevo y peligroso peldaño, más vertiginoso e incierto que el anterior. Como ya es tradición, el club filtra a cada paso su optimismo, comprado ya solo por un círculo de forofos y desmentido a cada hora por la pavorosa evolución del caso. La tarde aciaga (y todavía no explicada) del 31 de diciembre era otro ejemplo de gestión caótica al límite del vodevil, que ya casi con las uvas en los labios derivó en un gravísimo problema económico y deportivo, de consecuencias imprevisibles.

El día 1 resultó ser también un escabroso asunto moral, cuando nos despertamos con la confirmación de que los asientos VIP se habían vendido a empresas desconocidas de oscuras dictaduras, sin que sepamos todavía quienes son exactamente los compradores, ni cuánto han pagado ni por qué concepto: este trato opaco y tapado como una vergüenza está todavía en un segundo plano, sepultado por el tsunami de la inscripción.

A partir del día 3, cuando expiró sin éxito un plazo inexistente que solo existía en la mente del Barça, la tormenta se transformó en una crisis de credibilidad gubernamental, en la que no hay forma que cuadre el relato oficial con la cruda realidad: todo lo que se ha ido prometiendo se desvanece inexorablemente ante la estupefacción del entorno y de su masa social.

Pero ya con la negativa conjunta y oficial de Liga y Federación, el ‘caso Olmo’ ha ascendido finalmente al penúltimo peldaño, el de la política. El Barça anuncia para el martes un último recurso al CSD, un organismo presidido por el ministro de Deportes. O lo que es lo mismo, la pelota del ‘caso Olmo’ está a punto de saltar a la mesa del presidente Pedro Sánchez, que en medio de la gestión de múltiples fuegos nacionales e internacionales, verá alucinado cómo le llega la patata caliente de un caso del que cuelga el futuro inmediato de uno de los dos clubes más importantes de España y del mundo.

Porque, a estas alturas, la inscripción de Olmo ha dejado de ser un mero ridículo doméstico, y es el angustioso terreno de juego donde el Barça, Laporta y su junta se juegan literalmente su supervivencia. En el caso indeseado de que Olmo y Pau Víctor pasen muchos más días sin poder jugar, y no tengan más remedio que abandonar el club, la situación no solo derivaría en una inevitable y profunda crisis de gobierno sino que el club se aproximaría a algo muy parecido a un colapso económico, con pérdidas económicas inasumibles y todo tipo de desastres colaterales.

Sí, a pesar de que la propaganda oficial quiera dulcificarlo, el Barça se asoma desde la fallida nochevieja a un precipicio temible y que debería ser la pesadilla de cualquier culé, también de los que están en la oposición. Pues bien: quien tiene ahora la llave para salvar el Barça es, paradojas de la vida, el CSD, es decir, el Gobierno, es decir, Pedro Sánchez.

Ver para creer: el mismo que ha amnistiado a Puigdemont podría ahora amnistiar a Joan Laporta. Cierto, tiene escaso margen, y cuesta imaginar cómo puede llegar a desmentir lo que ya han decidido Liga y Federación. Pero cuando se llega a encrucijadas tan diabólicas los caminos de los pactos son inescrutables. El pulgar hacia arriba del presidente del Gobierno eximiría de responsabilidad a la Liga ante los otros clubes rabiosos y, lo que es decisivo para los culers, permitiría salvar al Barça y de paso a su junta. En caso contrario, el club entrará en territorio desconocido.