Opinión

Redactor de la sección Barça
El Barça em pertany a mi
El Barça es de quienes lo sufren, apoyan, defienden y lo han convertido en sus vidas

Escudo histórico del FC Barcelona / FCB
"Blaugrana és el color de la nostra sang. I el Barça a nosaltres pertany”. Así arranca la letra de la versión que hizo en 2006 Pilseners de la canción que Cock Sparrer, una leyenda del punk rock, publicó en 1982, ‘England Belongs To Me’. Desde el corazón de Londres, el grito contra Margaret Tatcher vestía tejanos, botas militares y cabeza rapada. Así era mucho antes de que la escoria nazi copiara la misma estética. Los ‘Red Warriors’ de París lo entendieron antes que nadie.
Pilseners, décadas más tarde, en el inicio del apogeo del Barça que presidió Laporta en su primera etapa, hizo suya la música y también el mensaje implícito y explícito con su versión: “L’orgull més gran que en aquest món jo mai tindré. El de ser català i culé. Barça em pertany a mi. No és del Núñez ni de quatre tribuneros. Que orgullós que estic de ser culé. Barça em pertany a mi”.
Eran tiempos de luz, flores y primavera, de nuevos mundos por descubrir, de ilusiones que buscaban enterrar con la manta y el escudo culé bordado en ella el oscurantismo impuesto por una forma autoritaria de entender el poder y el mundo. No solo en el Barça, claro, pero también en el Barça. De ahí que este grupo nacido poco después de los Juegos Olímpicos de 1992 incluyera en su versión uno de los versos más celebrados: “No és del Núñez ni de quatre tribuneros”. Aquello era un canto a la modernidad que suponía el círculo virtuoso que echó a rodar en 2003 con Laporta, pero también con Rosell, Soriano, Ingla, Bartomeu...

Joan Laporta ganó las elecciones de 2003 / SPORT
Todos ellos dispuestos, dijeron, a entregar los mejores años de sus vidas para convertir al Barça en el mejor club del mundo. Lo lograron. Lo hicieron tan bien que su proyecto acabó desparramándose a lo largo y ancho del siglo XXI ideológicamente y geográficamente. Fue bonito mientras duró y hasta que el interés individual, las rencillas, celos y desconfianzas hizo pensar a todos ellos que el Barça les pertenecía.
Ese es y sigue siendo el mayor error de aquel proyecto coral atomizado en mil pedazos hoy. El Barça no es de Laporta, ni de Rosell ni de Bartomeu, como tampoco lo fue de Montal o de Miró-Sans. Ni siquiera fue de Gamper, pese a ser uno de sus fundadores. El Barça es de su gente, de quienes lo aman, lo sufren, lo apoyan, lo sienten, lo padecen, lo lucen con orgullo, lo defienden, lo construyen día a día, lo celebran, lo critican, lo disfrutan, lo convierten en su forma de vida y en la de quienes les rodean, lo lucen tatuado y lo pasean por el mundo. El Barça es de quienes lo han convertido en algo más que un club y no de quienes se aprovechan de él. “El Barça em pertany a mi” y a nadie más. “El Barça és la nostra vida”. Feliz aniversario.
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