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Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Colaborador de SPORT.

El Barça chungo

Las elecciones a la presidencia del  Barça llegan a su fin este domingo

Las elecciones a la presidencia del Barça llegan a su fin este domingo / GORKA URRESOLA / SPO

Hay algo profundamente triste en el barcelonismo de hoy: proclamamos al mundo que somos “més que un club” y, sin embargo, somos menos que una burda comunidad civilizada cuando llegan unas elecciones. El domingo debería ser una fiesta. Un cruce de ideas, de proyectos, de modelos de club. Una conversación apasionada, sí, pero también indulgente. En cambio, basta con asomarse a las redes sociales para descubrir cuanta birria nos rodea. Triste. Allá donde haya un teclado y una opinión, hay un culer que no debate: dispara. Que no argumenta: etiqueta. Que no escucha: bloquea. Y si el adversario no queda suficientemente dolido, siempre queda el insulto o la infamia, que es el analgésico favorito del fanático y el cobarde tras una falsa identidad.

El fenómeno tiene algo de tragicomedia. Hay personajes que se creen musculosos soldados digitales al servicio de una causa, cuando en realidad, detrás, no hay atletas de la lucha, sino orondos cretinos que se creen en posesión de la verdad. Idiotas que, de no quedar agazapados tras el anonimato y una pantalla, no me aguantarían, en vivo, una puta mirada. Si comentas el acierto de un contendiente o apuntas un logro de su contrincante, te aparece un ejército de memos por un lado o zopencos por el otro, a insultarte y vilipendiarte por, simplemente, tener opinión propia y gustos personales. Asqueroso. No piensan que, en medio de esa batalla de hashtags, sospechas y excomuniones digitales, se pierde algo del todo elemental: el amor al club y el respeto por nosotros mismos. De locos.

Muchos de los que hoy actúan como si fueran generales de un ejército virtual seguramente compartirían mesa, mantel, cerveza y tertulia en cualquier bar si el algoritmo no hubiera decidido enfrentarlos. Pero en redes, la moderación no cotiza, y la sandez tras una máscara, tiene, en cambio, brókers por todos lados

Y así hemos llegado a este punto chalado en el que discrepar, equivale, para algunos, a traicionar al club, a la historia, a la infancia y hasta a la humanidad ¡Qué ridículo! El lunes, el escudo no cambiará de forma. El Spotify Camp Nou seguirá en Les Corts, y los culers seguiremos siendo eso: culers… (incluso aquellos que votaron a quien perdió.)

Tal vez sería sano bajar el volumen, guardar el lanzallamas y recuperar una vieja costumbre democrática: amar, discutir, acordar y sonreir.

¿Mi voto? No sufran… será fiel a mi forma intensa de sentir mis colores, y quien me conoce, ya sabe quién me representa mejor y donde anidan mis emociones, pero más allá de nombres, les aseguro que, si el barcelonismo necesita algo en este momento, son menos redes, y más, mucho más… ¡Barça!.

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