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Carme Barceló

Carme Barceló

Periodista en SPORT

El Barça y los árbitros como arma electoral

Soto Grado fue el triste protagonista del Girona-Barça en Montilivi

Soto Grado fue el triste protagonista del Girona-Barça en Montilivi / Gorka Urresola Elvira / SPO

¿Se han preguntado ustedes el tiempo que dedicamos a hablar, analizar, hostigar, criticar, valorar y cuestionar al colectivo arbitral? Si lo pensamos fríamente, este estamento tan pequeño nos ocupa y nos preocupa a lo grande. Muchos consideran que vehiculan un poder mayor y otros, que le damos una importancia excesiva al papel de unos señores (muchos) y señoras (las menos) que, en teoría, su labor es la de repartir justicia en un formato menor. Incomparable es con el trabajo de jueces que deben decidir si alguien es culpable o inocente en asuntos de mayor injundia y de capital importancia.

Otorgamos una trascendencia monumental al trabajo de estas personas que, si lo pensamos bien, son un agente más de nuestro tiempo de ocio. Pero cuando forman parte de un negocio que mueve billones, la cosa cambia. A mí me importan más las emociones, llámenme romántica, pero la verdad es que hay quien no cena, pasa una mala noche, le sube la tensión y se le alteran los esfínteres ante las decisiones de los colegiados. 

Les aburriré poco o nada con los errores de últimas actuaciones de los árbitros de las pasadas jornadas en lo que a Barça y Real Madrid se refiere. Los conocen al detalle y ya tienen su opinión formada. Habrán digerido peor o mejor algunas de ellas y tendrán tan claro como yo que la falta de profesionalidad describe la mayoría de estas. Evito hasta el momento escribir sobre la intencionalidad de las mismas porque las que peinamos canas ya tenemos argumentos suficientes con lo vivido en los tiempos de nuestros abuelos, de nuestros padres e incluso los nuestros cuando no levantábamos un palmo del suelo y ya sabíamos quienes tocaba que fueran los buenos y los malos. Pero estos días he escuchado testimonios y asistido a hechos que me mueven a la reflexión sobre la trascendencia de los colegiados en la competición y, sobre todo, en el negocio. 

Urízar Azpitarte, mítico trencilla, confesó en el El Chiringuito que “estando en activo era accionista de ocho clubs de España". Item más: explicó que muchos le pagaban en acciones los servicios de su empresa Hispapost y que “di trabajo a muchos árbitros”. No hace falta que lean entre líneas para ver por donde van los tiros.

En paralelo, las precandidaturas a las elecciones del Barça se frotaban las manos ante los argumentos que le regalaba, ya no solo el veterano exárbitro, sino la incompetencia y la inoperancia de sus actuales compañeros. Suman un desastre tras otro que pillan al vuelo los futuros candidatos, que saben que este mensaje cala, seguro, en la primera capa de la piel de un culer que está harto de lo que consideran tanto robo. Y de confirmar, cada día que pasa, que lo de los hilos del palco que denunció Piqué en su día han tejido un entramado que solo la excelencia deportiva puede romper.

Como este artículo no va de análisis futbolístico, lo dejo para el siguiente. Igual que hacen los que quieren ocupar la ‘llotja’ blaugrana. Que no sean los árbitros los que les hagan la campaña. Que ya sabemos, por desgracia, lo que hay. Suban un escalón más. Sus votantes se lo agradecerán.