Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Cristina Moreno

Cristina Moreno

Redactora de Motor y Polideportivo.

¿Qué atrapa a los tenista de la Laver?

Alcaraz y Federer, en Berlín

Alcaraz y Federer, en Berlín / @LaverCup

Tenistas de diferentes nacionalidades departiendo animadamente en un mismo banquillo, un capitán como John McEnroe tomando una cerveza mientras comparte los detalles del día con Cerúndolo y un sonriente y relajado Roger Federer viendo todo desde un lugar privilegiado de la grada. Esto, entre otras cosas, es la Laver Cup. Un torneo que ideó la estrella suiza inspirado en la prestigiosa Ryder Cup de golf y que año tras año sigue contando con las mejores raquetas del panorama internacional.

Aunque forma parte del circuito ATP, no reparte puntos de cara al ranking. Entonces, ¿por qué ninguno de los top se pierde esta curiosa competición? ¿Por qué todos, o casi, atienden sin dudar a la llamada de los capitanes? Quizás la predisposición se explica por la situación de esta Laver Cup en el calendario, en septiembre, con los cuatro Grand Slam ya superados. Pero seguramente no del todo, ya que muchos de los presentes tienen por delante algún que otro Masters 1.000, las finales de la Copa Davis o las ATP Finals que coronarán al nuevo maestro de la temporada.

Quizás la explicación esté en otro lado. En la figura de Federer, por ejemplo. En el aura que mantiene el que fuera número uno del mundo. En su alargada leyenda que atrapa a las jóvenes estrellas como Carlos Alcaraz que ha compartido escenario, aunque no pista, con una de los grandes mitos de la historia del tenis. En ese Federer que se despidió del tenis en su torneo, entre lágrimas y rodeado de amigos como Rafa Nadal en lo que supuso el principio del fin del Big Three.

Quizás todo sea más simple y tenga que ver, precisamente, con ese carácter entre la oficialidad y la pachanga de amigos. En el buen ambiente que reina habitualmente entre los participantes. Unos tenistas sonrientes, sin los habituales gestos de crispación de las grandes competiciones. Un tenis de nivel pero sin implicaciones en el ranking. Un espacio donde lucirse, donde probar a jugar un dobles con alguien con el que probablemente nunca hubieras coincidido, donde compartir equipo con compañeros del otro lado del mundo. Algo así como una fiesta del tenis a la que todos quieren ser invitados y con un anfitrión de lujo como Roger Federer.

Cabe preguntarse si un torneo de este prestigio no debería sumar puntos en el ranking, pero entonces, ¿perdería su esencia? ¿dejarían de acudir los tops mundiales?