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Jordi Carné

Jordi Carné

Redactor de Barça.

¿Y el año que viene, qué?

Los jugadores del FC Barcelona celebran uno de los goles contra el Real Madrid en el clásico del Estadi Olímpic de LaLIga

Los jugadores del FC Barcelona celebran uno de los goles contra el Real Madrid en el clásico del Estadi Olímpic de LaLIga / JAVIER FERRÁNDIZ

Como dijo Pere Romeu tras la dolorosa derrota del Barça en la final de la Champions femenina, en el fútbol “la alegría y el fracaso duran dos días”. Los estados de ánimo son efímeros en un mundo que no sabe vivir en el presente. Que no permite recrearse en la victoria ni apenarse en la derrota. Que, a veces para bien y otras para mal, prefiere centrarse en el devenir antes que disfrutar del momento. Del ahora.

El Barça de Hansi Flick ha completado una temporada espectacular. Sin matices ni ‘peros’. Tres minutos en Milán impidieron la matrícula de honor culer, pero no el excelente. El proyecto blaugrana, ‘imberbe’, se topó con el peor enemigo con el que podía encontrarse, un Inter fraguado en mil batallas que domina todos los artes incluidos intrínsecamente en la definición del término ‘competitividad’. Muchos de los análisis de esa amarga noche en el Giuseppe Meazza coincidieron en el hecho de que, la temporada que viene, el equipo estará mucho más preparado para ganar la Champions League. Incluso el propio Flick reconoció en la rueda de prensa previa al partido de ayer en San Mamés que trabajará para que el Barça pueda regresar, por fin, al trono europeo que no ocupa desde hace tanto, demasiado, tiempo.

La gran mayoría de campeones de la historia han sufrido una decepción importante como la del Barça en Milán antes de alcanzar el objetivo anhelado, pero no es menos cierto que también hay muchos equipos que han desaprovechado una oportunidad como la que tenía el cuadro blaugrana este año y nunca han vuelto a estar en disposición de tocar metal. Hay muchos factores internos y externos que rodean el camino hacia la ‘orejona’ (estados de forma, aciertos y errores en fichajes, rivales más o menos exigentes, lesiones, sanciones, actuaciones arbitrales, la fortuna, el azar...) que provocan que no signifique absolutamente nada que alguien parta como favorito en esta competición. El fútbol es así. Y por esto nos gusta tanto. 

No se trata de echar agua al vino, sino simplemente de entender que jugar bien y ser el mejor te acerca mucho a ganar este tipo de torneos, pero no te asegura hacerlo. El Barça se equivocará si convierte el objetivo y la ilusión de la Champions en una ‘obsesión’. Claro que debe exigirse una versión que le sitúe en disposición de luchar por el título como este año y aprender de los fallos cometidos, pero nada más. Estar ahí. En esas eliminatorias de mayo, con calentamientos sobre el césped con luz natural y temperatura agradable que te recuerdan que has hecho bien las cosas. Y, una vez ahí, competir de la mejor forma posible para culminar la faena.

En este sentido (y en muchos otros), el Barcelona femenino es el mejor espejo posible al que mirarse. Siempre está ahí. Siempre llega a la hora de la verdad en condiciones de levantar el trofeo más prestigioso del continente. En Budapest, Turín y Lisboa salió cruz; en Göteborg, Eindhoven y Bilbao, cara. Pero la reacción de las jugadoras, tanto en la victoria como sobre todo en la derrota, nunca cambia ni un milímetro: “Volveremos”. Y cumplen su palabra a rajatabla.

Empezar a normalizar el hecho de estar entre los mejores de Europa; volver a convertir algo extraordinario en habitual. Este debe ser el gran objetivo del Barça masculino de cara a la próxima campaña. En caso de lograrlo, la ‘Sexta’ estará un poco más cerca independientemente de que se consiga o no el 30 de mayo de 2026 en el Puskás Aréna.