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MotoGP
El paddock de MotoGP, la 'miniciudad' que esconde el Circuit
Pilotos, mecánicos, prensa y demás personal relacionado con el campeonato conviven en un enorme espacio que desaparece el domingo cuando la competición ha terminado

Marc Márquez firmando autógrafos a los aficionados / EFE
Con el incesante ruido de los motores de fondo, al otro lado de la recta de meta y los garajes se alza en una 'miniciudad' alejada del gran público pero siempre bulliciosa, donde la actividad no cesa. Es el paddock de MotoGP, donde conviven pilotos, mecánicos, jefes de equipo y todo el personal relacionado con el campeonato durante los cuatro días que dura un Gran Premio.
Una 'mimiciudad' efímera que desaparece una vez se apagan los semáforos el domingo y que se marcha tal y cómo llegó, con las maletas a otra parte. Un espacio inmenso donde todo tiene un orden preestablecido. Tras los garajes se colocan uno al lado del otro con extrema simetría los camiones de los diferentes equipos de MotoGP, dos por cada uno, juntos siempre uno al lado del otro y encabezados por un enorme cartel con la imagen del piloto que ocupa el lugar. En frente, los 'Hospitality' donde se puede ver a pilotos, familia (como Roser Alentà, madre de los Márquez) e invitados tomando un café o charlando animadamente antes de ponerse manos a la obra. Más allá, sin caravanas, con garajes algo más modestos, el espacio para Moto 2 y Moto 3.
Es ese espacio que generalmente no se ve, al que se marchan los pilotos cuando han tenido un problema en carrera y atraviesan enfadados por su garaje desde donde tienen acceso directo a sus 'motorhome'. Unos enormes camiones que solo utilizan en las citas europeas (en el resto de GP toca buscar hotel para dormir) y que hacen a su vez de barrera con el resto del paddock, donde esperan los privilegiados que cuentan con un pase VIP o de invitado. Tarjetas plateadas, rosas o negras colgadas al cuello que permiten el acceso a zonas limitadas para el gran público. Los azulgranas Eric Garcia, Joan García, Alexia Putellas y este domingo CAT, la mascota azulgrana, que no pasó desapercibida entre los cientos de visitantes, y Gavi, completando la representación del Barça.
No es difícil ver durante el día a los pilotos paseando con su scooter, uno de los elementos más habituales del paddock, así como en patinete o a pie en el caso de los pilotos de Moto 3, que no pueden desplazarse (por normativa) en vehículos conducidos por ellos.
Algo más alejada, la zona reservada para Michelin donde se trabaja sin descanso en un stand abierto en los neumáticos que vestirán a las motos en los días de Gran Premio.
Trabajo intenso
Dentro de la aparente calma del espacio hay lugar también para el bullicio, especialmente el que generan esos seguidores que esperan a la puerta de las caravanas que su ídolo decida salir a darse una vuelta y poder pedirle una foto. En Montmeló, la casa de Marc Márquez, la enorme estructura roja con el #93 serigrafiado nunca está sola. Es sin duda el piloto más esperado y no hay momento en el que no haya varios aficionados aguardando a que salga el de Cervera. Cuando lo hace, no pasa desapercibido porque entonces, el silencio ruidoso habitual se convierte en gritos de 'Marc, Marc' que resuenan hasta en la sala de prensa, situada justo encima de su garaje.
Ahí donde cientos de periodistas trabajan con la vista puesta en las pantallas que salpican toda la sala. Algunos llegan temprano para evitar las caravanas de acceso al trazado y aprovechan el silencio que se irá convirtiendo en un rumor creciente a medida que poco a poco van llegando el resto de compañeros. Saludos entre aquellos que hace tiempo que no se ven, conversaciones en voz baja sobre las opciones de los pilotos y expectación mientras la carrera empieza. Es entonces cuando la carga de trabajo es máxima pero también cuando se presta más atención a los monitores y a la cristalera desde donde se puede ver como los protagonistas cruzan la recta de meta.
Otros pasan gran parte de la jornada fuera, especialmente los que se dedican a la televisión, buscando la mejor toma para abrir sus respectivos programas, mientras que los que se dedican a la realización televisiva tienen su propio espacio.
Después del trabajo en pista, la actividad se traslada a la sala donde uno a uno comparecen todos los pilotos para atender a los medios de comunicación. A los mejores del día se les reserva una sala de prensa que se llena hasta la bandera durante las sesiones, con los fotógrafos buscando la mejor toma y los periodistas esperando su turno de preguntas.
Tras cuatro días intenso, el domingo por la tarde, con la caída del sol y el final de las carreras, como hormiguitas silenciosas, los últimos trabajadores acabarán de desmontar los camiones, el personal de limpieza dejará todo recogido y las luces se apagarán hasta la próxima cita mientras la caravana mundialista pone rumbo a Italia.
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