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La cara oculta del motociclismo: “No puedo pagar ni un 10% de lo que me piden”

Mika Pérez, expiloto de MotoE y subcampeón de Supersport300, es el reflejo de centenares de promesas de las dos ruedas que han tenido que dejar de competir por falta de recursos económicos y las grandes cantidades de dinero que piden algunos equipos

Mika Pérez se lleva la Superpole en el Circuito de Imola en 2019

Mika Pérez se lleva la Superpole en el Circuito de Imola en 2019 / Mika Pérez

Queralt Uceda

Queralt Uceda

Mika Pérez (Altea, 1999) solo era un niño cuando su padre lo llevaba a dar vueltas con la moto por las calles de su ciudad. A sus vecinos nunca les gustó su afición por las dos ruedas debido al ruido del motor, por lo que los Pérez cambiaron los entrenos en las calles de Altea por los circuitos. Mika soñaba con ser piloto profesional. Pero los sueños pueden tener un alto precio. Sobre todo en el mundo del motorsport. Y especialmente si no se tiene un buen fajo de billetes en el bolsillo. 

A Leo Messi o Lamine Yamal solo les hizo falta un par de botas y un balón para desarrollar sus habilidades. Fue distinto para Marc Márquez, Valentino Rossi o el resto de prodigios en el mundo de las dos ruedas. Entre 2.000 y 3.000 euros es la cifra inicial que deben invertir las familias para empezar a competir, tan solo contando con las equipaciones de seguridad y una moto de segunda mano —coste que se eleva en caso de ser nueva—. Una cifra a la que debe sumarse a posteriori la gasolina, un juego de neumáticos —que no duran más de diez vueltas y pueden costar alrededor de 200 euros— y otros utensilios mecánicos, como pastillas de freno. Inscripciones, licencias y plazas en competiciones, aparte. También a un lado los viajes a los circuitos y los fines de semana de carreras, comiendo y durmiendo fuera de casa

Si se quiere ser competitivo, hay entrenar. Y mucho. Y supone un auténtico reto para todo aquel que provenga de una familia humilde. “Alquilar una pista para rodar es muy caro: lo que le eches de gasolina, más el desplazamiento, te gastas 200 o 300 euros en rodar”, explica Pérez. Caerse durante los entrenamientos tampoco es una opción. El material de protección de un piloto (mono, casco, guantes...) tiene un gran coste. “Mi padre siempre me lo ha inculcado: no puedes caer, imposible”, comenta. “Desde 2009 hasta 2014 iba con el mismo casco. 5 años con el mismo casco, el mismo. Tampoco podíamos reparar la moto en caso de sufrir daños”. 

Mika Pérez tuvo que abandonar su trayectoria profeional por problemas económicos

Mika Pérez tuvo que abandonar su trayectoria profesional por problemas económicos / Mika Pérez

Una vez compitiendo en velocidad, en categorías inferiores, como el Campeonato de España de Moto 4, desde los equipos se empieza a pedir alrededor de 40.000 o 50.000 euros por competir una temporada. La cosa se agrava en el mundial de Moto3, categoría soporte de MotoGP, donde piden entre 0 y 700.000 euros. “En Moto3 no sé cuántos podrán estar pagando por correr, pero más de media parrilla seguro. Algunos no pagan y no cobran. Muy pocos viven de ello”, explica. “Yo, por ejemplo, no puedo pagar ni un 10% de lo que me piden. No entiendo cómo se siguen haciendo carreras. Porque viene alguien y lo paga. Es el problema, creo yo”, expresa.

Una plaza en Moto3 puede costar alrededor de 700.000 euros

La inversión de los pilotos empieza con su primer mono de carreras y nunca termina. A lo largo de los últimos años, varios han tenido que abandonar el Mundial de Motociclismo por no tener dinero ni sponsors que ayuden a hacer frente los miles de euros que piden los equipos y a todos los gastos que supone competir en motorsport.

Como consecuencia, estos jóvenes talentos terminan en campeonatos con menos repercusión mediática y con más riesgo, como podría ser la categoría de Supersport300 -con motos muy pesadas y una gran cantidad de pilotos en pista-, donde en los últimos años ha habido accidentes trágicos, que han costado la vida de adolescentes. “No vale la pena estar allí, la verdad. El problema es que dedicas toda tu vida a tu trayectoria deportiva, y cuando llega el momento dices: ‘corro donde sea, me da igual, porque no sé hacer otra cosa’”, se lamenta Pérez. 

Mika Pérez tras coronarse Campeón de la European Junior Cup 2016

Mika Pérez tras coronarse Campeón de la European Junior Cup 2016 / Mika Pérez

A nivel psicológico es agotador. No tener un colchón económico obliga a los deportistas a hacer buenos resultados, sin importar que tal vez las discretas actuaciones sean por problemas de la moto que pilotas. Son tan solo su resultado. Y si no lo consiguen, otro ocupa su lugar el siguiente curso. “Es muy duro porque cada año que empiezas, no sabes si va a ser el último. Para mí era una presión tan grande decir: ‘no, es que si no haces el resultado, no sigues corriendo’. Yo no quería que llegara la carrera, por la presión que sentía. Era un sufrimiento”, asegura el alicantino. 

Es muy duro porque cada año que empiezas no sabes si va a ser el último. Yo no quería que llegara la carrera por la presión que sentía. Era un sufrimiento

Mika Pérez

— Piloto de motociclismo

Mika logró ser Campeón de la European Junior Cup en 2016 y subcampeón de Supersport3000 en 2018. Se quedó a un solo punto de batir a la entonces campeona, Ana Carrasco. Combinó sus estudios de Ingeniería Mecánica con el pilotaje, algo que desgraciadamente le hacía no poder dedicarse al cien por cien a su pasión. Pero fue la falta de recursos lo que lo obligó a anunciar su retirada en 2022. “Me olvidé de ser piloto, lo dejé atrás”, asegura.

Sin embargo, todo dio un vuelco en 2023, cuando Ramón Forcada, uno de los rostros más reconocidos del motociclismo, le llamó para competir en el Mundial de MotoE. “Era como que estaba en una película. Le pregunté si era para ser ingeniero, ¿sabes?”, recuerda Pérez. Y así fue como aterrizó en el ‘paddock’ de MotoGP por primera vez, cobrando su primer sueldo y con todos los gastos pagados. Algo soñado. No obstante, cuando se acabó la temporada, el equipo RNF, en el que corría, anunció que se disolvía. “Entonces me vuelvo a quedar sin nada”. 

"Es el deporte más bonito, pero te hacen aburrirlo"

Ningún equipo contó con él para el siguiente curso, y algunos pilotos con peores resultados consiguieron un asiento en el campeonato. “Es el deporte más bonito que conozco, y las emociones que hay son brutales, pero te hacen aburrirlo, porque al final los equipos lo que buscan es dinero, les da igual si viene uno más lento, más rápido, es lo de menos. Entonces... te tratan como si fueras un trapo. Un trapo sucio. Estás ahí y ya está. El año que viene ponen a otro, y les da absolutamente igual”, sentencia. 

Después de este mal trago ha podido competir en carreras de resistencia, como las 8 horas de Suzuka. No obstante, tiene claro que el regreso a la velocidad no es una opción. “Lo tengo descartado al 99%”, asegura. Actualmente se encuentra centrado en su propio pódcast sobre motociclismo, Fast&Curious, que está siendo un auténtico éxito entre los fans del motociclismo. En él, aborda los entresijos del mundo de las dos ruedas, y ha recibido invitados como Manuel González, Jaume Masià, Carlos Checa o Edgar Canet, entre otros.

También ha podido crear su propia academia, con la que ayuda a pilotos amateurs, y viaja a los circuitos con el equipo Kawasaki ProDina Racing del Mundial de Supersport 300, en el que ejerce de 'coach' para ayudar a los chicos a saber gestionar mejor el fin de semana. También les da consejos para mejorar sus tiempos y trazadas. "De momento estoy enfocado en esto. Si sale algo de resistencia, bueno, tendré que valorar si me compensa", sentencia.

Dicen que no es fácil vencer a quien nunca se rinde. Pero por desgracia, para muchos pilotos de motos rendirse termina siendo la única opción. Tras años de sacrificios y dedicación, tan solo les queda la certeza de haberlo dado todo. Y tal y como dijeron una vez los Estopa en su icónico tema Me falta el aliento: “llega el momento, me piro”. La vida sigue.