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Giro Italia

Un engaño, una batalla campal y periódicos quemados: los acontecimientos que dieron origen al Giro de Italia

El plan de Giovanni Gerbi para ganar el Giro de Lombardia en 1907 desencadenó una serie de protestas que desencadenaron la creación de la ronda italiana

El pelotón cruza por delante del Coliseo en Roma

El pelotón cruza por delante del Coliseo en Roma / EFE

Cristina Moreno

Cristina Moreno

El 5 de agosto de 1908, el periodista italiano Tullo Morgagni enviaba un telegrama al director de La Gazzetta dello Sport de esa época, Eugenio Costamagna. En la misiva avisaba que el gran rival, el Corriere della Sera, estaba preparando una carrera por etapas al estilo del Tour de Francia que tanto beneficio estaba dando a 'L'Auto' desde su estreno en 1903.

Empezaba entonces una carrera a contrarreloj para ser el primero de los dos grandes diarios de Italia que organizara lo que sería después el Giro de Italia, una de las tres grandes vueltas ciclistas, junto al propio Tour y LaVuelta. Ese fue el principio de todo pero el germen se había sembrado un año antes, con la celebración del Giro de Lombardia, una de las citas deportivas que organizaba 'La Gazzetta dello Sport'.

El Giro de Lombardia, también conocido como la Clásica de las hojas muertas, tuvo en esa edición de 1907 un protagonista destacado, Giovanni Gerbi, il Diavolo Rosso. Un corredor tan bueno como astuto. En los días previos a la cita, el piamontés realizó hasta tres veces el recorrido para almacenar toda la información posible y memorizar todos los pormenores para tener una cierta ventaja respecto a sus rivales.

Giovanni Gerbi, durante un Giro di Lombardia

Giovanni Gerbi, durante un Giro di Lombardia / Archivo

Fue en esos kilómetros en los que le sobrevino la idea que podía darle la victoria. El paso a nivel que interrumpía el recorrido iba a convertirse en su aliado. Gerbi tuvo a bien sobornar al encargado para que bajara la barrera en el momento adecuado, es decir, cuando él hubiera pasado. Con la estrategia clara, el corredor se escapó del grupo, cruzó el paso a nivel y los perseguidores se quedaron esperando a que la barrera subiera de nuevo.

Entraba entonces la segunda parte del plan de Gerbi, quien no había ido solo, sino con un grupo de amigos que debían servirle de escuderos. Cuando los tres ciclistas perseguidores se dieron cuenta del engaño (ya llevaban demasiado tiempo esperando a que pasara el tren) decidieron cruzar la barrera por debajo y seguir su camino, aunque no contaban con el enemigo. La 'panda' de Gerbi se lanzó a por ellos y los sacó del recorrido dispuestos a impedir de cualquier manera que avanzaran. Entre tanto, el pelotón llegó a la zona y al ver cómo aporreaban a los otros, se lanzaron a la carga, empezando una auténtica batalla campal.

Con eso no contaban los agresores, que se vieron obigados a marcharse, mientras el pelotón se volvía a poner en marcha con las secuelas de esa pequeña guerra en sus cuerpos y sus bicicletas. A esas alturas, Gerbi había puesto tierra de por medio, pero aún tenía alguna otra carta más guardada, por si acaso. Hasta tres compañeros lo esperaban en diferentes zonas del recorrido (las de menos posibilidades de que hubiera público) para llevarle a rueda durante unos tramos.

La última parte del plan estaba también pensada, con más amigos sembrando de clavos el camino para que Gustave Garrigou, que venía recortando tiempos, pinchara y no pudiera progresar. Tras esas mil triquiñuelas, como relata Ander Izagirre en su libro 'Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey', Gerbi conseguía su objetivo: ganar el Giro de Lombardía de 1907 tras 180 kilómetros de escapada y 38 minutos de ventaja sobre el segundo.

Falta de sutileza

La gesta, más allá de la victoria, recaía en haber montado un plan tan pormenorizado, pero con lo que no contaba Gerbi es con que lo fueran a pillar. Le faltó sutileza, su estrategia fue demasiado evidente, y las denuncias no tardaron en llegar. Así, los jueces de carrera se vieron obligados a abrir una investigación, interrogar a los implicados y finalmente, relegar a Gerbi de la primera a la última posición por "la ayuda ilegal de varios entrenadores y swiwers que le han facilitado la carrera llevándolo a rebufo, un plan que el propio Gerbi habia organizado con sus colegas corredores Mori, Jacobini y Cavedini", según recoge Izagirre de documentos de la época.

La segunda parte estaba por llegar, y la Unión Velocipédica Italiana también investigó y acabó por suspender al piamontés durante dos años. Esa fue la gota que colmó el vaso para los seguidores de Gerbi, que ya habían realizado diversas protestas. Un numeroso grupo viajó hasta Milán, a las puertas de la sede de 'La Gazzetta dello Sport', cargados con montañas de diarios rosas que amontonaron a solo unos metros para prenderles fuego.

Fuego por beneficios

"En ese momento, iluminados por los diarios en llamas, los dirigentes de 'La Gazzetta dello Sport' debieron de pensar que sería muy buena idea organizar un Giro de Italia", reflexiona Izagirre en su libro. La cuestión era clara, si disponían de tantos diarios para quemar es porque los habían comprado. Durante esos días del asunto Gerbi 'La Gazzetta' había vendido más de 100.000 ejemplares diarios haciendo buena esa máxima de "da igual si hablan mal o bien de mí, pero que hablen".

Si hasta ese momento la idea del Giro había sido una idea, en ese momento la llama se estaba preparando. Sólo faltaba algo que encendiera la mecha y esa fue el telegrama de Morgagni a Costamagna. No podían permitir que 'Il Corriere' se adelantara sabiendo que una competición del estilo del Tour supondría una importante fuente de ingresos, además del prestigio.

Portada de 'La Gazzetta dello Sport' en 1908

Portada de 'La Gazzetta dello Sport' en 1908 / Archivo

En apenas dos semanas montaron el Giro. El 24 de agosto, en la portada del diario de las páginas rosas se anunciaba la creación del Giro de Italia, con un recorrido de 3.000 kilómetros y 25.000 liras de premio.

El 13 de mayo de 1909 en la Piazzale Loreto de Milán empezó el primer Giro de Italia. En total, 127 corredores tomaron la salida, en su gran mayoría italianos (a excepción de cuatro franceses), pero solo 49 consiguieron finalizar los 2448 kilómetros del recorrido. En una clasificación por puntos, Luigi Ganna se convirtió en el primer ganador, con Carlo Galetti y Giovanni Rossignoli escoltándole en el podio.