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¿Qué fue de Raúl Bravo? El Real Madrid galáctico, un ascenso con el Córdoba CF, la cárcel y la nueva vida

El defensa internacional se codeó con la élite en el Bernabéu, subió como blanquiverde a Primera División y terminó absuelto, tras pasar por la prisión, en un turbio caso de apuestas y partidos amañados

Raúl Bravo, a la derecha, es abrazado por Uli Dávila al final del Las Palmas-Córdoba CF que supuso el ascenso a Primera de los blanquiverdes en 2014.

Raúl Bravo, a la derecha, es abrazado por Uli Dávila al final del Las Palmas-Córdoba CF que supuso el ascenso a Primera de los blanquiverdes en 2014. / FRANCISCO GONZALEZ

Francisco Merino

Le pasó de todo. Ahora sonríe, ya apartado de los escenarios volcánicos del fútbol profesional y de los dedos inculpadores de quienes sostienen el negocio de las apuestas, una actividad que le llevó –a él y a su amigo Carlos Aranda- a pisar la prisión por su implicación en el caso Oikos, con acusaciones de amaño de partidos. Fue un amargo epílogo para una carrera que Raúl Bravo Sanfélix (Gandía, 1981) construyó en Valdebebas y en la que llegó a formar parte del Real Madrid “galáctico”, aquel en el que un emergente Florentino Pérez armó una combinación de “Zidanes y Pavones”. Raúl, perteneciente al segundo grupo –canteranos que ponían sudor y compromiso- ganó una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y una Intercontinental en 2002, aunque él sitúa su momento culminante en otro lugar: Córdoba. Con los blanquiverdes fue un pilar básico en la temporada 13-14, la del ascenso a Primera División en Las Palmas. “El mejor año de mi vida futbolística”, relataba en una entrevista en Relevo en 2023.

Raúl, su ascenso a Primera con el Córdoba CF y los choques con ‘Chapi Ferrer’

Aquel Córdoba CF de Carlos González en la segunda década del siglo estaba dibujado con los trazos de la ambición. Con métodos poco ortodoxos, con ruido interno y externo, lidiando con las críticas… pero generador de un sentimiento que los aficionados no habían experimentado muy frecuentemente: su equipo era alguien en el fútbol profesional. Les hacían caso, no eran uno más. En ese contexto llegó Raúl Bravo, camino ya de los 33 años pero con un bagaje importante y un rol principal reservado.

Con Pablo Villa y después con Chapi Ferrer se sintió importante. “En el Madrid era uno más. Era un niño que llegó ahí, sin hacer ruido, tal... En Córdoba era la cabeza del león. Y yo lo notaba y la gente me quería, y yo era un líder. Así lo demostraba en el campo, y jugaba todos los partidos. El míster me decía: 'Escúchame, que no necesito que entrenes. Que tú, jugándome en los partidos como estás jugando, es que me da igual que no entrenes'", confesaba Raúl ya después de su retirada.

Estaba en el campo en el momento en que se produjo uno de los ascensos más estrambóticos en la historia del fútbol español. La vuelta de la final entre Las Palmas y Córdoba. Cero a cero en la ida. El partido estaba con 1-0: Las Palmas en Primera y el Córdoba en Segunda. Pero... una invasión de campo de los aficionados canarios hizo que se interrumpiera el partido unos minutos. Y ahí sucedió. Saca Juan Carlos. El balón le llega a Pelayo, que envía al corazón del área para que Raúl Bravo conecte un forzado remate que repele en primera instancia Barbosa. El rechace del meta cae en los pies de Uli Dávila y… ¡gol! El partido terminó con el balón en la red y el club blanquiverde en Primera División después de 42 años.

El socio número 1 del Córdoba CF lo tiene claro: Raúl Bravo es de los mejores

Ese fue su último partido con la camiseta del Córdoba CF. “El míster no quería que estuviera ahí. Y me tuve que ir. Me fui a Grecia otra vez". Jugó 31 partidos como blanquiverde. Los suficientes como para dejar una huella imborrable. Tanto poso dejó en apenas nueve meses que el socio número 1 del club –Rafael León, 86 años de vida y con carné desde 1954- le incluía, en una entrevista realizada Cope Córdoba, entre los mejores futbolistas de la historia, al lado de defensas de leyenda como Navarro, Simonet o Paco Jémez.

Más allá de España, Bravo también destacó en Grecia, donde jugó para el Olympiacos -dos Superligas griegas y una Copa-, aunque sus fricciones con el técnico Ernesto Valverde precipitaron su salida del club. Hizo escalas en el Numancia y el Rayo Vallecano, en España, y en el Beerschot belga antes de vivir su año más especial en el Córdoba. Después, vuelta a Grecia –Veria y Aris Salónica- antes de cerrar su ciclo en el verde, en 2017, con actuaciones en los equipos del Gandía, en Preferente, y el Beniopa, un club de barrio.

La 'operación Oikos', la cárcel y la nueva vida

El nombre de Raúl Bravo quedó señalado por la polémica tras verse involucrado en la “Operación Oikos”, una investigación en una trama de amaño de partidos y apuestas deportivas que sacudió el fútbol español. A Bravo le señalaron como uno de los cabecillas de esta red junto a su amigo y excompañero en la cantera del Real Madrid Carlos Aranda. Fueron detenidos en 2019. La policía encontró grandes cantidades de dinero en efectivo en sus domicilios. Estuvo una noche en la cárcel de Zuera.

“Yo en ese momento aborrecí el fútbol, porque sales como apestado. Terminé muy escaldado. ¿Cómo vas a comprar a un jugador de Primera ofreciéndole 2.000 o 3.000 euros? Es surrealista. No tiene sentido. Se montaron con nosotros un circo, una película de Netflix”, relataba en 2024 en As. El caso fue archivado.

¿Qué ha hecho después? Con los ahorros de su carrera encontró una pasión que ha convertido en profesión, Invirtió en propiedades, que reformaba y decoraba a su manera. Mostrando su trabajo a través de Instagram, ganó popularidad. “Compré varias viviendas, las redecoré y las puse en venta. Parece que a la gente le gustó, porque empecé a venderlas”, explicó.

Actualmente, Bravo reside en su ciudad natal, Gandía, a orillas del Mediterráneo. Y el fútbol… Lo de entrenar lo descartó. Viaja de vez en cuando a ver a “su” Madrid y, si se encarta, echar una pachanga con los veteranos.