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La actuación de Álvaro Ferllo ante el Sporting: aplausos y reproches en un partido con sensaciones extremas

En un chasquido de dedos, pasó de evitar un gol cantado a Pablo Vázquez a vacilar y abrirle la puerta a Juan Otero en una falta | Desde que debutó, mirado con lupa

Parada de Álvaro Ferllo a Pablo Vázquez en la primera parte.

Parada de Álvaro Ferllo a Pablo Vázquez en la primera parte. / Juan Plaza

Carlos Miranda

Álvaro Ferllo, viejo deseo blanquiazul, pisó Abegondo y a los pocos días estaba ya bajo los palos del estadio de Riazor. No hubo transición ni apego a los códigos de vestuario tras el saber estar y el bien parar de un Germán Parreño que nunca ha dicho una palabra más alta que la otra, que nunca ha descuidado las formas. Exquisito. Esas maneras del damnificado, sus buenas manos en los primeros meses de la temporada y la premura para darle la alternativa a su sustituto, le han perseguido a juicio de la grada, le han puesto el listón alto. En cada acción, en cada partido debe justificar la apuesta de un Hidalgo que a la afición tampoco le termina de entrar por el ojo. Hay una tregua, pero existe una realidad de fondo que el futuro dirá si es posible cambiar con el técnico. Como si uno pagase las deudas del otro. El guardameta riojano, sobrado de confianza y lleno de personalidad, es capaz de estar por encima de esa inestabilidad generada a su alrededor, pero nunca va a ser beneficioso sentir esa lupa.

En Gijón se llevó los aplausos y los reproches en pocos minutos. Mano estratosférica llena de reflejos a Pablo Vázquez y mal posicionamiento y gol encajado de Juan Otero en una falta frontal en la que el disparo fue por su palo. Dos polos opuestos, sensaciones extremas atenuadas por una segunda parte en la que el Dépor dio un paso al frente, empató y casi gana. Pero la portería necesita serenidad y porterías a cero, esas que siempre se le escurren al equipo coruñés.

Vía: La Opinión A Coruña