Gareth Southgate: ¿Cómo desaprovechar a una generación histórica?
Inglaterra firmó una final decepcionante ante España y su sequía se mantiene desde 1966
España regresa al paraíso

El seleccionador de Inglaterra admitió la superioridad de 'La Roja' en la final y en el torneo. / PERFORM
Hablar a toro pasado es muy sencillo, pero Gareth Southgate fue dejando muestras de su falta de ideas en el banquillo de Inglaterra desde el mismo debut en la Eurocopa. Visto el nivel colectivo de los 'Three Lions', su presencia en la gran final de Berlín se explica por dos motivos: el talento individual y la suerte de caer en el cuadro más asequible del torneo.
Inglaterra quedó primera en el Grupo C. Pero tiene algo de trampa. Los de Southgate sumaron cinco puntos fruto de un solo triunfo. Únicamente fueron capaces de marcar dos tantos. Con la colaboración de Dinamarca, Eslovenia y Serbia, se apuntaron el dudoso honor de confeccionar uno de los grupos menos emocionantes de toda la Eurocopa. Durante estos tres partidos, se vieron las carencias de una Inglaterra que no presentaba síntomas de una buena evolución.
¿MIEDO O CONVICCIÓN? EL INMOVILISMO DE SOUTHGATE
Southgate no tenía muy claro cómo solucionar la papeleta. De momento, le bastaba con los 'chispazos' de sus jugadores talentosos. Aunque uno de ellos, Cole Palmer, que fue de los que mejor llegó a Alemania, empezó a llamar la atención porque no se movía del banquillo pese al mal nivel de Phil Foden o Bukayo Saka. El técnico inglés alineó el mismo once en los tres partidos de fase de grupos exceptuando un solo cambio. Conor Gallagher fue titular ante Eslovenia por un Trent Alexander-Arnold inoperante en la sala de máquinas.
Todo el mundo se sabía el once de Inglaterra de memoria, aunque tras cada partido quedaba más claro que algo había que tocar. Un 4-2-3-1 con Pickford bajo palos; Walker y Trippier en los laterales; Stones y Guéhi en el centro de la zaga; Rice y Alexander-Arnold en el doble pivote; Saka y Foden en las bandas; Bellingham de enganche y Kane en la punta de ataque.
EN BUSCA DEL ACOMPAÑANTE DE RICE
Seguramente influenciado por la avalancha de críticas en su país, Southgate tuvo aún más miedo de agitar el avispero, que presentaba demasiados puntos débiles. El primero que salió a relucir: el acompañante de Declan Rice. El 'faro' del equipo no iluminaba. Más bien, la descoordinación de sus compañeros lo apagaba constantemente. Cada vez que recibía el balón, el futbolista del Arsenal levantaba los brazos buscando soluciones que no llegaban. Sin quererlo, Southgate sacaba la peor versión de sus jugadores. Hasta tal punto que parecía que talentos como Bellingham, Kane, Foden o Saka se estorbaban sobre el verde.
Al lado de Rice empezó Trent Alexander-Arnold, un 'invento' que salió muy mal. Lejos de interpretar las tareas que hace en el Liverpool, donde actúa de lateral y se deja caer al centro del campo puntualmente, jugó de centrocampista natural. Tras un primer partido muy flojo, Southgate dijo basta en el segundo, y lo sustituyó al descanso por Conor Gallagher. El del Chelsea arrancó de inicio en el tercer partido, pero tampoco funcionó y Kobbie Mainoo entro en su lugar pasados los primeros 45 minutos.

Mainoo se convirtió en el acompañante de Declan Rice en el centro del campo / EFE
Desde entonces, el futbolista del Manchester United se hizo con un puesto en el once, mostrando más criterio a la hora de jugar el balón, último pase y soluciones en los metros finales de campo. Con él, Inglaterra mejoró un poco. No obstante, Bellingham seguía sin ofrecer su versión dominadora del Real Madrid. Kane no daba tantas soluciones como en el Bayern. Saka estaba mucho más impreciso que en el Arsenal. Y Foden parecía otro futbolista totalmente distinto que en el City.
CHISPAZO TRAS CHISPAZO
Llegaron los octavos. Inglaterra había caído en el lado 'fácil' del cuadro. No se iban a enfrentar a ninguna favorita hasta la final, pero a punto estuvo de suceder la primera catástrofe. Una chilena de Bellingham en el 95' salvaba el tempranero tanto de Schranz en el 23', que se quedó a un suspiro de ser histórico para Eslovaquia. Kane, en el primer minuto de la prórroga, salvo el primer 'match ball'.

Una chilena de Bellingham en el 95' salvaba a Inglaterra ante Eslovaquia / EFE
Mismo 'modus operandi' en los cuartos, pero con otro protagonista. Esta vez, Bukayo Saka era el que se vestía de héroe con un auténtico golazo en el 80' para igualar el 0-1 de Embolo en el 75'. En los penaltis, Pickford paró el primero de Akanji para clasificar a los 'Three Lions' para las semifinales.

Bukayo Saka expresa su emoción después de transformar su penalti ante Suiza / Darko Vojinovic / AP
Ese partido estuvo completamente condicionado por la baja de Guéhi por acumulación de tarjetas. Sin su pilar en defensa, Southgate optó por una defensa de cinco. El único motivo de esa decisión: resguardarse ante un rival con menos talento individual, pero un mejor fútbol colectivo. Con la vuelta del central del Crystal Palace, no se atrevió a volver a línea de cuatro.
Contra los Países Bajos, en las semifinales, Inglaterra volvió a salir ilesa gracias a un golpe de inspiración. Esta vez, de Ollie Watkins, que no acumulaba ni media hora de juego en toda la Eurocopa. El futbolista del Aston Villa firmó el definitivo 1-2 en el 90' para conseguir el pase a la final. Pero había que cambiar demasiadas cosas. Southgate, como durante todo el torneo, siguió apostando por Trippier en el lateral izquierdo. Un error que solo se atrevió a cambiar en la final, dándole la más que merecida titularidad a Luke Shaw.

El disparo que reportó la gloria a Watkins, en el minuto 90 de partido / La Presse / AP
TRIPPIER, UNA DECISIÓN SIN SENTIDO
Con este esquema, el 5-2-2-1, y usando a Bellingham como falso extremo izquierdo,el ex del Atlético de Madrid, que es diestro y estaba jugando a pierna cambiada, no ofrecía la profundidad que sí dio Luke Shaw ante España. Siempre necesitaba un toque de más para acomodarse el balón a su pierna dominante, la diestra, y no explotaba el carril con la comodidad de jugar por su lado predilecto. El extremo izquierdo de los 'Three Lions' era una zona nula y los rivales lo aprovechaban para gestionar esfuerzos en defensa y atacar un flanco muy débil.

Kieran Trippier, en un partido de la Eurocopa / EFE
Pese a ello, Southgate logró dos cosas importantes ante la 'Oranje'. Kane, que se descolgó mucho más, apareciendo en incontables veces en el centro del campo, empezó a generar espacios para Bellingham, Foden, Saka o el propio Rice y se encontró más cómodo en un ecosistema en el que Foden, caído a zonas interiores, entró más en contacto con la pelota y dejó destellos del 'crack' que es en el City. Por desgracia para Southgate, eso no se vio en la final.
LA INGLATERRA DE SIEMPRE CONTRA ESPAÑA
Ante España, Inglaterra fue el equipo de toda la Eurocopa. Aburrido, pesado, lento, horizontal, y que simplemente confiaba en un golpe de inspiración de uno de sus 'cracks' para poder llegar con vida a la prórroga o a la tanda de penaltis. Llegó personificado en un maltratado Cole Palmer que, en el minuto 73', clavaba un disparo raso al palo largo de Unai Simón igualando el 1-0 de Nico Williams en el 47.

Un gran disparo de Cole Palmer casi consigue la prórroga para Inglaterra / LAP
Por suerte, acabó ganando el fútbol. En el 86', Oyarzabal rompió al espacio, le ganó la posición a Guéhi, y cazó un centro perfecto de Cucurella para darle la cuarta Eurocopa a España y alargar la sequía de una Inglaterra que ya suma 58 años sin besar la gloria. Practicando este fútbol, serán muchos más. Independientemente del talento que atesoren.
Southgate contaba con una generación histórica. Talento, físico, experiencia y frescura. Lo tenía todo en sus manos para conquistar Alemania, pero no tomó buenas decisiones. Quién sabe si por miedo, falta de atrevimiento, cabezonería o simplemente por inoperancia. Sea como fuere, Inglaterra ha vuelto a defraudar en un gran torneo internacional.
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