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La asignatura pendiente del Espanyol tras el parón
El equipo perico compite, genera fases de dominio e incluso logra adelantarse en algunos encuentros, pero sufre desconexiones que le penalizan en exceso

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El Espanyol atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada. El conjunto blanquiazul, que logró la permanencia el curso pasado tras su regreso a Primera División, se ha visto atrapado en una dinámica negativa que amenaza con comprometer seriamente sus objetivos. Los pericos necesitan revertir de una vez por todas esta situación.
El equipo dirigido por Manolo González no conoce la victoria en este 2026, una racha que se ha prolongado ya durante más de dos meses y que le ha llevado a encadenar 12 jornadas sin ganar en LaLiga. La situación es delicada, ya que apenas ha sumado 4 puntos de los últimos 36 posibles, un registro que explica su caída en la clasificación y el creciente nerviosismo en el entorno.
Más allá de factores como la falta de acierto ofensivo o la polémica arbitral, el club ha llegado a denunciar varias decisiones en contra en lo que va de año, hay un aspecto que se ha convertido en la gran asignatura pendiente del equipo, la fragilidad defensiva.
El Espanyol compite, genera fases de dominio e incluso logra adelantarse en algunos encuentros, pero sufre desconexiones que le penalizan en exceso. El ejemplo más reciente fue la derrota ante el Getafe en el RCDE Stadium, donde encajó dos goles a balón parado en apenas unos minutos antes del descanso, dilapidando el trabajo previo. Este patrón se ha repetido con frecuencia en 2026 con partidos que se escapan por detalles, errores puntuales o falta de contundencia en las áreas.
A esta fragilidad se suma la sensación de que cualquier error se paga demasiado caro, una losa que el equipo arrastra jornada tras jornada y que termina condicionando su rendimiento. El equipo logra rehacerse tras encajar un gol en muchos casos, pero en otros queda expuesto durante varios minutos en los que el rival aprovecha para ampliar distancias o sentenciar el partido.
Los números reflejan con claridad esta debilidad. En el global de la temporada, el equipo presenta un balance negativo de goles (44 encajados por 36 a favor), pero es especialmente significativo el comportamiento en este arranque de año, donde prácticamente ha encajado en todos los encuentros. La incapacidad para mantener la portería a cero se ha convertido en un lastre constante.
Además, muchos de los goles recibidos llegan en momentos clave (antes del descanso o en los tramos finales, cuando los puntos están en juego). Esa falta de solidez mental y defensiva explica por qué el Espanyol no logra cerrar partidos ni proteger ventajas, una circunstancia que le ha costado ya varios puntos en su lucha por la permanencia.
Con nueve jornadas por delante, el Espanyol está obligado a reaccionar de inmediato. La mejora pasa, inevitablemente, por reforzar su consistencia atrás. Porque mientras el equipo siga concediendo con tanta facilidad, cualquier avance ofensivo será insuficiente. La salvación, hoy, empieza por dejar de encajar y volver a ver esa versión sólida que permitió soñar a los pericos.
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