DEPORTE
María Vasco: "Cuando me retiré comencé de cero, como un bebé. Me dejaron sola"
Retirada en 2013, se mudó hace siete años a Menorca, donde trabaja como entrenadora aplicando el método Gyrotonic

María Vasco, tras ganar su histórico bronce en los JJOO de Sidney 2000. / Jordi Cotrina
María Vasco (26 de diciembre de 1975, Viladecans) pasará por siempre a la historia por ganar la primera medalla olímpica de una atleta española. Fue bronce en Sídney 2000 en 20km marcha. Después llegaría otro bronce, este incluso más emotivo, cuando en el Mundial de Osaka (2007) pudo mirar al cielo y recordar a su padre, fallecido por culpa de un cáncer de pulmón. Retirada en 2013, se mudó hace siete años a Menorca, donde trabaja como entrenadora aplicando el método Gyrotonic («una mezcla entre danza y estar en el agua», explica) en el centro Alba. Hay días en que hace ocho clases. En que motiva a 50 mujeres que la ven como lo que es, una referente vital. Conserva su risa. También su fuerza reivindicativa.
Cuando se levanta de la cama, ¿le duele el cuerpo?
No, no, no. Nada.
¿No tiene ningún tipo de secuela de su vida deportiva?
No, no. Fui una atleta de alto rendimiento. Hice muchísimos kilómetros. Pero mi madre me trajo a este mundo para hacer marcha atlética. Lo tengo claro. Al margen de que destaqué desde muy joven, a mí no me tuvieron que enseñar a marchar. A mí me salía sola. Y yo, lesionarme... Me lesioné una vez en mi vida. Fue antes de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, que me hice una distensión en el 'isquio' a una semana de competir. Tengo un cuerpo muy agradecido. Esto me salía tan natural... Ni tengo dolores de cadera. Es verdad que yo sigo haciendo algo de deporte. Voy a correr, menos ahora. Porque cuando salgo a las doce o a la una de la tarde no voy. Te puedes morir con tanto calor y tanta humedad en Menorca. Pero sí que sigo tonificando. Y en cuanto termina el verano me pongo otra vez a correr. Pero no tengo dolores de nada. ¡Nada! Es cierto que cuando marchaba padecía de mi lumbar. Eso venía conmigo y es verdad que hay días al mes que me molestan. Pero se va.

María Vasco, tras ganar su histórico bronce en los JJOO de Sidney 2000. / Jordi Cotrina
¿Fue una niña prodigio?
Sí. Empecé con 10 años. Mis primeros entrenadores siempre lo decían. Siendo una niña vi marcha atlética por televisión y le dije a mis padres: 'Yo quiero hacer esto'. Y me puse a hacer marcha sola. ¡Sabía hacerlo sola! Tuve el privilegio de dar con mi deporte a las primeras de cambio.
Pero la marcha no es el deporte más popular. De hecho, cíclicamente, ha sido despreciada. Y hay gente que aún hoy no la acaba de entender.
Y además es muy técnica. No todo el mundo puede hacer marcha. Yo soy del Baix Llobregat, de Viladecans. Allí había mucha marcha atlética, nocturna creo que también [ríe]. Y yo di con un montón de gente: Valentí Massana, María Reyes Sobrino, Mari Cruz Díaz. Empecé con el padre de Mari Cruz Díaz [campeona de Europa en 10km marcha en 1986]. Fue a quien vi por televisión el día que yo me enamoré. Porque fue así, un flechazo. Mis padres ya no viven... Pero yo siempre les decía: 'No sé por qué no me disteis una raqueta de tenis'.
¿Sacrificó su vida de adolescente?
Es algo que siempre me han dicho, siempre. Y pienso que no. Le tengo que ser muy sincera. Yo vengo de una familia muy humilde, súper humilde. Mi padre era 'paleta' y mi madre limpiaba casas. No nos sobró el dinero. Ni mucho menos. Para mí era un privilegio poderme ir de viaje, que me pudieran regalar ropa, que me dieran unas zapatillas... Eran cosas que en casa no se podía. Sí, mis amistades salían. Yo, mientras, estaba en el grupo de Manolo Díaz, cuando el 'boom' de su hija Mari Cruz. Empezamos 40 niños, pero me quedé sola. Seguí a los 12, a los 15, a los 16... Yo entrenaba cinco días a la semana. Siempre tuve muy claro que quería hacer algo importante. Nunca hubiese imaginado estar en unos Juegos, pues imagine en cinco. Fui una privilegiada. No fui al viaje de fin de curso de lo que era entonces la EGB porque me fui a un campeonato de España. Así era mi vida.
¿En el colegio la veían como un bicho raro?
Sí. No voy a decir que no. Hasta que me vieron por televisión... 'Mira esa chica lo que hace...'. En Viladecans ni siquiera había, ni hay, pista de atletismo. Entrenábamos en un parque. Sí, me veían como a un bicho raro. Y yo siempre entrenando. ¿Fue un sacrificio? Bueno. El deporte tiene fecha de caducidad. Es una época de tu vida. Yo ahora disfruto. Puedo salir si me apetece, aunque no soy de salir de noche. En diciembre cumplo 50 años, eso dice el DNI. Pero no me considero nada vieja [y vuelve a reír].

La exatleta española María Vasco. / EP
Cuando un deportista se retira, ¿puede tener la sensación de que le han quitado un trozo importante de su vida y cuesta otra vez arrancar? Usted ha encontrado su camino. ¿Pero siempre fue así?
Mi camino no ha sido muy fácil. [María, que lleva minutos encadenando las frases con una felicidad contagiosa, se detiene esta vez; cambia el tono]. La gente ve lo que quiere ver. Ha habido muchos llantos. Salí de la burbuja del deporte. Estudié cosas de moda, de deporte, de belleza... Quería fusionar lo que me apasiona. Pero cuando acabó mi carrera, de lo que yo quería apartarme un poco era del deporte. Había tenido que sufrir el sacrificio de estar siempre arriba. Hacer marcas porque tenía que ganarme la beca, el pan. Siempre, siempre, durante todo el año, tenía que estar demostrando que estaba ahí. Llevaba una presión psicológica muy fuerte.
¿Hay algún momento en que siente que España, el deporte, las instituciones, la dejan sola, tirada en la cuneta?
Sí, yo me he sentido así, sola. Piqué a muchas puertas. Sabía que me quería retirar. Si fui una privilegiada fue porque elegí cuando retirarme. No me retiró una lesión, que es lo peor en un deportista. Me retiré porque ya no me ilusionaba. Estaba muy cansada psicológicamente. Pero cuando te retiras, picas a puertas. Sentía que podía aportar mucho. Y recibí muchas negativas. Me busqué la vida. Cambié Barcelona por Menorca, que tampoco fue fácil. Pero soy una persona muy cabezota.
Es el reverso del éxito. Es fácil olvidarse del deportista.
Y yo me considero una deportista muy querida. Pero, cuando te retiras, mucha gente dice: 'Pero tú no has estudiado esto o lo otro'. Yo quería estar vinculada al deporte, pero no fue fácil. Estoy metida en un proyecto de la Federación Española de Atletismo, para mujeres. No estoy desvinculada completamente. El atletismo lo lleva en mis venas, y la marcha atlética me lo ha dado todo. Pero, ojo, porque yo me lo he currado. Eso es verdad. Nadie me ha regalado nada. Nadie. Muchas veces tuve que oír que yo fui bronce en Sídney porque descalificaron a la primera.

María Vasco, después de terminar el Europeo de Göteborg de 2006. / Alberto Estévez / Efe
¿Eso le decían?
Sí, sí, sí. Me lo dijeron en su día. Claro que te da rabia. Sídney fue una competición bastante 'heavy'. Ni mucho menos en aquellos Juegos iba a por una medalla, sino a intentar conseguir un diploma olímpico. Tenía 23 años y por mi marca no me correspondía tener una medalla. Pero cuando hace muchísimo calor, las cosas cambian mucho. Fue una competición kamikaze, con muchas descalificaciones y abandonos de atletas que se desmayaban. Fue muy duro. Y yo estuve ahí en todo momento. El otro día, en un homenaje que me hicieron en Madrid, estuve con Jane Saville [descalificada en aquella prueba de 20km marcha de los JJOO de Sídney]. Y nos llevamos superbien. El error no fue que la descalificaran, sino que lo hicieran en el kilómetro 19,8. Es un error. Había 20km para ver que esa chica iba mal desde el minuto uno. Yo estaba ahí.
Entiendo que ese bronce, el primero de una atleta española en unos Juegos, le cambia la vida.
Sí, me cambia la vida. Y tienes que saber gestionar todo eso. Crucé la línea de meta, sabía que era medallista olímpica. Pero, en realidad, no sabía nada. La primera mujer... Fue un 'shock' tan fuerte... Se lo estoy contando y, mientras lo hago, me ubico en todos y cada uno de aquellos momentos. Cuando cruzo la línea de meta, cuando estoy con la prensa, cuando me voy a la Villa Olímpica y lo primero que deseo es comerme una hamburguesa. Llevaba un mes allí y veía el McDonald's... Estuve un mes sin comerme una. Cuando me entregaron la medalla por la noche. Cuando subí al podio, que sentía que levitaba. Recuerdo todo. Todo. Y el primer mes, apoteósico. Llegar a España, a mi pueblo, los homenajes... Y al mes me dije: 'Se acabó'. Necesitaba volver a mi rutina de entrenamientos; volver a lo mío. Hubo un antes y después. Pero al año siguiente había un Campeonato del Mundo.
Tenía que reconectar con su carrera.
No es sencillo. Si no sabes redirigirte de nuevo... Cuánta gente se ha quedado en el camino. Hay una parte que... Uf. Te hacen chispitas los ojos. Nuestra vida debe ser entrenar, comer y descansar. Y eso de ir de un lado para otro, de fiesta en fiesta, ahora inaugura esto... No es lo nuestro. Como buena marchadora, supe poner los pies en el suelo y decir que se había acabado aquello. Hubo que saber gestionarlo.
Antes del Mundial de Osaka en el que fue bronce, tuvo que convivir con la enfermedad, y después el fallecimiento de su padre.
Sí. En 2006 mi padre enfermó. Yo era la nena del papi. Entrenaba y después me iba a estar con él, que estaba hospitalizado en Viladecans. Así me tiré un par de meses. Mi padre murió de cáncer de pulmón. Y estar dos meses así conllevó un cansancio que no sabía identificar muy bien. Me fui a preparar el Europeo de Göteborg. Y no daba pie con bola entrenando. Era imposible. Mi cuerpo no lo podía gestionar. Comencé a enfermar. Me fui al Europeo, aun sabiendo que no estaba bien. Tenía un punto débil entonces, que era mi mente. Pero aun así en Göteborg llegué a la meta. Quedé la 15ª. Y no lo voy a olvidar nunca. De la misma manera que tengo grabadas ciertas cosas. Me hundieron. La prensa, la Federación...
¿Qué pensó?
En ese momento no se me ayudó. Perdí un pilar muy importante. Intenté estar con mi padre hasta el último momento. Pero no me entendieron. Me fui de vacaciones y llegué a creerme que tenía que dejarlo todo. Escuché tantas cosas que me lo creí... Pero un día desperté y me dije: '¿Qué narices? ¿Por qué tengo que retirarme yo? ¿Porque lo dicen ellos?'. Yo sabía que lo había dado todo. Y a partir de ahí comencé a pensar cada día en el Mundial de Osaka. Y tenía muy claro que quería una medalla porque quería dedicársela a mi padre. Y quería llevarle el ramo de flores al cementerio. Yo cambié. Antes, entrenaba muy bien, pero a la hora de competir, se me hacía un nudo en el diafragma... Y me creía más pequeñita de lo que soy. ¡Yo entrenaba muy bien! Pero no quería ser la campeona del mundo del entrenamiento. Sino en la pista. Lo que pasó con mi padre me cambió.

María Vasco señala al cielo en memoria de su padre, tras ganar el bronce Mundial en Osaka en 2007. / Alberto Estévez / Efe
¿Cuántas veces escuchó que estaba acabada?
Somos el país de la 'medallitis'. Si no ganas medalla, no vales nada. Y medallas sólo dan tres. Es complicadísimo. Cuando más lo oí fue después de Göteborg. Esa etapa fue muy dura. Luego seguramente también lo dirían... Muchísimas veces. Pero ya era mucho más fuerte.
Revisando el archivo fotográfico, hay tantas fotos en las que sale alegre y sonriendo, como también sufriendo muchísimo. ¿Se puede correr llorando? Aunque sea por dentro.
[Piensa mucho]. Si no sufres en el deporte de alto nivel... He llorado mucho por no haber obtenido el premio para el que estaba preparada. Un hachazo para mí fueron los Juegos de Pekín (2008). Me lesioné cuando quedaba una semana. Estaba muy fuerte, llegaba al límite, y en las últimas series de preparación, me lesioné. Lo primero que hice fue llorar, llorar y llorar. No le voy a decir que iba a ser oro, pero sí plata. Estaba supersegura. Fue muy duro. Mucho. Se me fue la plata. Me adelantaron en el kilómetro 18,5 [la italiana Elisa Rigaudo] cuando era bronce... No pude reaccionar porque no sentía la pierna... Y ya, cuando estaba en el Estadio Olímpico, me adelantó la china [Hong Liu]. Me dije: 'Me cago en la leche'. Tenía una lesión en el 'isquio', aunque me pincharon para no sentir el dolor. Pero no podía. Se me escapó una medalla. Hice récord de España en Pekín, eh. Y con unas condiciones extremas. Nos pusieron un mini tartán que se inundaba de agua por debajo. Diluviaba. En el pistoletazo de salida se lio. Había una cortina de agua... No se veía nada. No veía a las atletas a 20 metros. Había trozos con badenes. Parecía una carrera de obstáculos.

María Vasco, tendida bajo la lluvia, en los JJOO de Pekín de 2008. / Jordi Cotrina
¿Durante su carrera deportiva, además, ha tenido la sensación de competir con rivales que hacían trampas?
Mientras no se demuestre lo contrario, todos los que salimos somos inocentes.
Pero, en su caso, sí se demostraron casos de dopaje con rivales con las que competía.
Siempre lo voy a decir. Yo en el Mundial de Osaka soy oro. Porque las rusas Olga Kaniskina y Tatiana Shemiakina dieron positivo en otras carreras. Siempre he pensado que lo soy. Oro. Pero si algún día eso sucede y me dan esa medalla, pues me dará mucha pena. Yo quería ser oro levantando los brazos, no 18 años después. Y sí, en alguna que otra carrera... Mire, ya soy séptima en los Juegos de Londres. De ser décima a séptima [ríe con suma ironía].

María Vasco, con el bronce en el Mundial de Osaka de 2007, junto a las rusas Olga Kaniskina (oro) y Tatiana Shemyakina (plata). / Efe
¿Ha tenido una vida feliz?
Sí, porque he hecho lo que me ha gustado. Mucho. Y mis padres me lo respetaron. No todo el mundo puede trabajar en lo que le gusta y ser recompensado por ello. Y que además te halaguen. Es muy bonito que aún te sigan queriendo entrevistar. He sido feliz. Escogí una vida dura, no todo lo recompensada económicamente que debiera, pero hice lo que me gustaba.
No recibe ningún tipo de pago por parte del Estado.
Cero. Nada. No debería ser normal. Es por lo que queremos luchar. Nosotros no cotizamos. Me retiré con 38 años, y comencé mi vida de cero. Como si fuera un bebé. En muchísimos países te dan la opción de ser funcionario, como en Italia. No digo que tengan que hacer lo mismo, pero sí dar más facilidades para cuando el deportista se retira. Y que no te dejen... Porque hay gente que se pierde. Que no saben por dónde tirar. Es difícil. Durante muchos años estamos en una burbuja, nos dedicamos a defender el país y no sé qué. Y luego... Las palmaditas en la espalda están bien en el momento, pero nos gustan también luego.
Vía: El Periódico
- Elecciones a la presidencia del Barça 2026, resultados oficiales: Laporta, nuevo presidente con 32.934 votos y tras el 100% del escrutinio
- Barcelona - Sevilla: resumen, resultado y highlights del partido de LaLiga EA Sports
- Resultado de las Elecciones del Barça 2026: escrutinio, recuento de votos y cifras de participación de los socios
- El pacto con Schlotterbeck: contrato 'top' y salida pactada
- Alcaraz, tras perder ante Medvedev, levanta la voz: 'Me cansa tener siempre la diana en la espalda
- Santiago Segura emite un comunicado tras el estreno de 'Torrente, presidente': 'He dudado un poco, pero...
- FC Barcelona - Sevilla en directo: las polémicas y reacciones, en vivo
- Sorpresa: Guardiola da día libre a sus jugadores antes del partido ante el Madrid
