Nueva publicación
'Los incorregibles': humor y honestidad para alertar de los peligros del alcohol en una novela gráfica
Julia Wert dedica su nueva publicación al problema del alcoholismo a partir de su propia experiencia con la bebida, un cómic que alerta de los peligros de las adicciones y manda un mensaje de optimismo a todos aquellos que están pasando una situación semejante

Viñetas de 'Los incorregibles', la novela gráfica de Julia Wertz en la que narra su lucha contra el alcoholismo.
Eduardo Bravo
En 2009, durante una revisión médica rutinaria, Julia Wertz descubrió que sus niveles de bilirrubina estaban por encima de lo aconsejable. Un detalle que hacía sospechar que su hígado no funcionaba del todo bien. Preguntada por el médico sobre su consumo de alcohol, Wertz reconoció beber dos o tres copas de vino todas las noches. "¿La cifra es correcta…?", preguntó el médico, que a continuación añadió: "¿… o bebe más?".
Efectivamente, Julia Wertz bebía más. Con apenas 26 años, su consumo diario de alcohol era de dos botellas de vino. Cuando el doctor le dijo que debería dejar ese hábito si no quería morir a los 30 de un problema hepático, la ilustradora le preguntó si no se estaba pasando de dramático. "En absoluto", zanjó el médico.
Al llegar a su casa, Wertz decidió hacer un test por internet para valorar su dependencia del alcohol. De veinte preguntas, respondió afirmativamente a dieciséis. Entre ellas, si tenía deseos de beber todos los días a una hora concreta, si se sentía culpable después de hacerlo, si tenía deseo de beber a la mañana siguiente, si el alcohol le había provocado pérdidas de memoria, si bebía sola o si seguía bebiendo a pesar de que interfiriera en su vida doméstica o laboral. Definitivamente, tenía un problema con el alcohol. Impactada por una situación de la que no era consciente, se propuso dejarlo y, no solo lo consiguió, sino que decidió contarlo de la mejor forma que sabe: escribiendo una sincera y honesta novela gráfica, que acaba de ser publicada en castellano por Errata Naturae con el título de Los incorregibles.
"La principal razón por la que decidí escribir sobre mi lucha contra el alcoholismo fue justamente para evitar que la gente se sienta avergonzada por ello porque, personalmente, no creo que sea algo de lo que haya que avergonzarse. Es un problema contra el que luchan millones de personas y, en ese sentido, cuanto más se hable abiertamente de ello, menos vergüenza y bochorno sentirán y más fuerzas tendrán para buscar ayuda", comenta Julia Wertz que, a pesar de la gravedad del problema, a la hora de abordarlo no ha abandonado ese humor que caracteriza toda su obra.

'Los incorregibles. De cómo dejé de beber en Nueva York', de Julia Wert. / Errata Naturae
Humor para narrar su lucha
"Mi cerebro busca siempre la forma de encontrar el humor en situaciones sombrías. Así está programado. Por eso no sé de qué otra manera tratar los problemas serios que no sea usando el humor para ayudar a suavizar el golpe. Hay muchos libros sobre el alcoholismo que no son humorísticos y muchos de ellos son excelentes, pero yo no sabría cómo escribirlos", reconoce la autora que, a pesar de su estilo naif y sus recursos cómicos, muestra en Los Incorregibles la dura y complicada realidad del alcoholismo. Una tarea en la que desmonta mitos y pone el foco en detalles que suelen pasar desapercibidos a aquellos que no sufren o han sufrido este problema. Por ejemplo, que los alcohólicos pueden integrar su adicción en su vida cotidiana, que Nueva York está repleta de más licorerías de las que pudiera imaginarse o que el número de grupos de Alcohólicos Anónimos activos diariamente en todo el mundo es realmente abrumador.
"Mi objetivo es cambiar la imagen que la gente tiene de los alcohólicos porque el alcoholismo se puede percibir de muchas formas diferentes según las diferentes personas. La idea de que alguien es alcohólico únicamente si ha tocado fondo y lo ha perdido todo es peligrosa, porque impide que las personas reciban ayuda antes de llegar a ese punto. Además, mucha gente todavía cree que el alcohol puede ser bueno para la salud, basándose en datos que erróneos y que han sido financiados por la industria del alcohol. También sabemos que el alcohol causa varios tipos de cáncer y contribuye, junto a otros muchos problemas físicos, al deterioro cognitivo. Sin embargo y aunque la la comunidad médica está luchando por difundir esta información, hasta que el gobierno los obligue legalmente, la mayoría de los medios no la publicarán porque dependen en gran medida de los ingresos por publicidad del alcohol".

Páginas de 'Los incorregibles', novela gráfica de Julia Wertz. / Errata Naturae
De la lectura de Los Incorregibles se confirma también que el alcoholismo es un problema social en el que pueden concurrir otros muchos factores que lo provocan o agravan sus efectos. Por ejemplo la soledad no deseada, la explotación laboral, la precariedad económica y el género pues, en este como en otros muchos temas, las mujeres son peor juzgadas que los hombres.
Mujeres alcohólicas
"Antes se pensaba que el alcoholismo era un problema mayoritariamente masculino, pero no porque realmente lo fuera, sino porque las mujeres sentían que tenían que mantenerlo oculto. Por otro lado, está el papel tradicional que se supone que las mujeres desempeñan en la familia y que no es otro que el de ser las cuidadoras de sus hijos, sus parejas y/o sus padres ancianos. En este contexto tradicional, si un hombre se presenta borracho al trabajo, es perdonable, pero si una mujer cuida de otros mientras está borracha, es espantoso", señala Julia Werzt, que reconoce cómo esa visión arcaica está cambiando gracias a "aquellas personas que se preocupan por comprender las razones científicas que hay detrás de la adicción y se enfrentan a sus propias creencias sexistas. En la última década, más mujeres que nunca han publicado memorias, podcasts, ensayos, etc. sobre la adicción. Están trabajando para normalizar la apertura sobre estos temas y desmantelar el viejo modelo", apunta Wertz, cuyo objetivo con Los Incorregibles va más allá de concienciar sobre el alcohol.
"El tipo de lector que tenía en mente cuando hice el libro no era precisamente el alcohólico, sino cualquier persona que esté luchando con cualquier tipo de problema, sea este la depresión, la ansiedad u otras adicciones —explica—. Mi intención es que la gente sustituya la palabra alcohol por la que quiera y vea que el libro simplemente presenta una serie de formas de pedir ayuda, y que la clave para mejorar es conectar con los demás. Cuando estaba triste y sola, Nueva York era una ciudad en la que era fácil perderse y desaparecer pero, cuando necesitaba la ayuda de otras personas, también esas personas estaban en todas partes, en todo momento".
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