Historia SPORT
TOUR VINTAGE
Ángel Arroyo y Perico Delgado, un salvaje y un loco en el Vietnam del ciclismo
En 1983, el equipo Reynolds desembarcó en el Tour con miedo y mil complejos, pero gracias a Ángel Arroyo y Pedro Delgado, el conjunto de origen navarro logró incluso cambiar la programación deportiva de TVE

Delgado, Echávarri y Arroyo, en el Tour de 1983
"Nadie daba un duro por nosotros: decían que el Tour era un 'matahombres', y que dónde nos estábamos metiendo".
Las palabras de Pedro Delgado, años después de aquella exótica aventura, reflejan a la perfección las sensaciones con las que un equipo de origen navarro se plantó en el Tour de Francia de 1983.
En el Tour se iba muy rápido: había tramos de adoquines y ciclistas del norte de Europa que rodaban como trenes de alta velocidad. Además, las etapas del Tour no se televisaban en directo en España, y la mayoría de los equipos españoles creían que no merecía la pena el esfuerzo ni la inversión de cruzar los Pirineos.
¿Qué pintaba allí el Reynolds, un equipo español, con apenas tres años de vida, patrocinado por una marca de papel de aluminio y con ciclistas jóvenes y básicamente escaladores?
A la selva con un machete
“Fue como si te soltaran en la selva con un machete y te dicen que te defiendas”, recordaría años después Ángel Arroyo, uno de los grandes protagonistas de aquel Tour.
A Arroyo, ciclista abulense, le llamaban el salvaje por su fama de bruto. "Siempre he sido un poco bruto, más de lo que mandaba la ley: no me valía que alguien me dijera algo, tenía que comprobarlo por mí mismo", contaba en ‘Locos por el Tour’, el libro de Carlos Arribas, Sergi López-Egea y Gabriel Pernau.
En los primeros días de ese Tour, el infierno es peor de lo imaginado por los ciclistas españoles. Reynolds comparece en la salida con Ángel Arroyo, Enrique Aja, Pedro Delgado, Julián Gorospe, Tasio Greciano, Carlos Hernández, Jesús Hernández Ubeda, José Luis Laguía, Celestino Prieto y Jaume Villamajo.
“En la neutralizada de la primera etapa salimos Ángel Arroyo y yo atrasados y la gente estaba cayéndose. Nos preguntamos si había empezado la carrera y luego vimos el cartel del kilómetro 0. Eso era a mil por hora hasta la meta. Si a eso le añades la etapa de pavés, la crono por equipos de 100 kilómetros, la contrarreloj individual de 70… No salías de tu asombro. Era peor de lo que nos habían dicho”, explicaría Perico años después. Aquello era Vietnam.
¡Qué manera de bajar!
Pero todo cambió en los Pirineos: Arroyo y Perico demostraron que eran unos escaladores extraordinarios.
La imagen de Perico bajando el Peyresourde, completamente volcado hacia delante, con la cabeza casi en la rueda delantera, fue icónica. Le llamaron ‘le fou des Pyrénées’, el loco de los Pirineos.
En el Puy de Dome, el mítico volcán de Clermont-Ferrand, la historia del ciclismo español en el Tour cambió para siempre.

Delgado, en el Tour de 1983 / -
La víspera de la cronoescalada encierra una curiosa intrahistoria: los ciclistas del Reynolds, junto a su patrón, José Miguel Echávarri, y ayudados por Francis Lafargue, un francés que ayuda al equipo, intentan reconocer el recorrido. Es tarde, después de la cena. Un gendarme les impide el paso. ‘Carretera privada. Paso prohibido a peatones y ciclistas’.
Echávarri y Lafargue no lo dudan. Llaman a los aficionados españoles acampados por la zona y les animan a intimidar al gendarme y quitarle las llaves. En un descuido, la barrera se levanta y el coche del Reynolds empieza a subir el volcán. Misión cumplida.
Al día siguiente, Arroyo gana la cronoescalada. A falta de un kilómetro y medio para la meta, atraviesa una nube de mosquitos. “Iba con la boca abierta, buscando aire, y empiezo a tragar. Me digo, ‘me los voy a comer todos”. En el coche le seguía Echávarri, que ese día se hizo acompañar de un mito, Jacques Anquetil, que había apostado firmemente por Arroyo.
Perico, pletórico, es segundo en la cronoescalada. El interés por el Tour se despierta hasta tal punto en España que TVE comienza a retransmitir en directo todas las etapas.
El podio de Arroyo
Arroyo, el salvaje, acabó segundo en el podio de París. Delgado siempre sostuvo que podía haber incluso ganado esa edición, que se llevaría Laurent Fignon, también debutante. Pero una papilla en mal estado, en un botellín que se tomó camino de Morzine, sepultó las opciones de Perico.
No hubo ganador español en París, pero en 1983, dos ciclistas del Reynolds animaron el Tour a base de coraje y exhibiciones: un salvaje y un loco en el Vietnam del ciclismo.
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