El vestuario de Flick, entre el orgullo y la autocrítica por los errores
Terminado el envite en Da Luz, el éxtasis exhibido sobre el césped dejó paso a reflexiones más racionales

Champions
No es poca, la resaca emocional que dejan noches como las de este martes en Da Luz. En un partido caótico, el Barça sobrevivió como pudo hasta aliarse con la épica en el último cuarto de hora para acabar ganando en el minuto 96. Como si de una combate a vida o muerte se tratara, la plantilla azulgrana -sobre todo el banquillo- enloqueció por completo con el 4-4 de Eric y todavía más con el 4-5 de Raphinha. Este joven grupo de jugadores nunca había vivido tal inyección de adrenalina en tan poco tiempo.
El gol de Raphinha en el sexto minuto del tiempo añadido desató un delirio total y colectivo. Cubarsí esprintó en dirección contraria a la celebración del brasileño para abrazarse a Szczesny como quien abraza a su padre, Araujo quedó tendido sobre el césped ante el bloqueo emocional que le provocaba lo sucedido y el preparador físico Pepe Conde emuló a Guardiola en Stamford Bridge al correr hacia la piña de los jugadores, amontonados unos encima de los otros.
El éxtasis duró unos minutos en vestuarios, donde se produjo un episodio de tensión entre los jugadores del Benfica y los del Barça. "Es normal que sucedan estas cosas en finales así", justificó Raphinha para quitar hierro a la trifulca.
Poro a poco, sin embargo, la euforia dejó paso a reflexiones más racionales, más frías. La remontada merecía una buena celebración en caliente pero todos sabían que la imagen futbolística exhibida por el equipo no era la deseada. Para algunos jugadores, el triunfo fue un alivio después de una noche muy mejorable a nivel individual.

Barcelona's Raphinha celebrates his side's fifth goal during a Champions League opening phase soccer match between SL Benfica and FC Barcelona at the Luz stadium in Lisbon, Tuesday, Jan. 21, 2025. (AP Photo/Armando Franca). EDITORIAL USE ONLY / ONLY ITALY AND SPAIN / Associated Press/LaPresse. LAP
Saber caminar en el alambre, clave para soñar en grande
Paralelamente, para ganar títulos hay que ser una roca mentalmente y, sobre todo, saber caminar en el alambre. En zona mixta, Lewandowski remarcó la importancia del tipo de victoria, pues son de esas que otorgan a un equipo un extra de carácter, de amor propio, de mentalidad ganadora.
Hansi Flick ya dejó caer algún breve 'input' a su plantilla de que por un lado estaba muy contento con la fe exhibida pero, por el otro, no se iba del todo satisfecho porque algunos errores cometidos -no solo los individuales- no pueden tener cabida en un equipo que pretende luchar por la Champions. El alemán así lo transmitió a los suyos en un intento de rebajar la euforia y ser autocríticos.
El grupo acepta la autocrítica
La plantilla comparte el diagnóstico del entrenador. De hecho, pocos fueron los jugadores que pasaron por la zona mixta exhibiendo un rostro radiante. Sabían que habían mostrado una gran fortaleza mental sobre el césped y había que darle valor, pero también asumían que el encuentro dejó infinidad de aspectos a corregir, sobre todo a nivel defensivo. Esta vez salió cara, pero no por aplastamiento como en la Supercopa de España. La factura de tantos desajustes en una noche señalada en Europa podría ser irreparable, por lo que la adrenalina de la remontada no debe ir reñida con una buena dosis de autocrítica.
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