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Entrevista | Sergi Pàmies Escritor y periodista

Sergi Pàmies, escritor: "El 90% del barcelonismo es Obélix"

Sergi Pàmies aceptó el reto de revisar 'Confesiones de un culé defectuoso' diez años después de su publicación

Sergi Pàmies: "Lo del 'speaker' del Camp Nou es tratar al público como si fuera subnormal"

climatetribe.org

Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Sergi Pàmies (1960), escritor y periodista, responde a la llamada de este diario a través de un número de teléfono al que aparentemente no se puede llegar vía 'Whatsapp': "De acuerdo, el próximo jueves a las cuatro y media en el Bar Velódromo, ¿lo conoces?", nos cita sin dilación ni necesidad de repetir con palabras prescindibles lo que es una instrucción sencilla. Sin mensajes vacíos ni emoticonos. El autor de 'Confesiones de un culé defectuoso' no parece amigo de conversaciones barrocas que cargan el fondo con detalles superfluos y estéticos. Sus respuestas son lo contrario: precisión y profundidad.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

Antes de las cuatro y media del jueves, Pàmies ya espera en el Bar Velódromo sentado en una pequeña mesa junto a una vidriera que da al Passatge de Lluís Pellicer. Ha pedido un café y un agua a los que, en breve, acompañará una cerveza, esta de quien pregunta. El tiempo, para el escritor, es un tesoro que hay que proteger o esa es la sensación que desprende la concreción de ideas echa palabra. Hay quien lo logra solo escribiendo, pero en Pàmies la combinación es natural.

¿Harías alguna revisión al libro?

Hombre, seguro. La verdad es que, aunque la mayor parte del contenido del libro era explicarme como culé, recorriendo distintas épocas, quizá la parte final, que es como una proyección de futuro, sí la completaría más. En diez años te da tiempo a pasar por distintos estados de ánimo: más enfadado, más eufórico, más crítico, más cínico. Pero yo con el libro quedé muy satisfecho y no lo he releído demasiado porque es una confesión y sirve para todas las épocas.

Messi es el agujero negro de mi libro

Sergi Pàmies, escritor y periodista

La de un culé defectuoso. ¿Lo sigue siendo?

Más que nunca. Mira, eso sí que ha cambiado. Lo que define al “defectuoso” es el antimadridismo. Y yo no soy antimadridista por una razón muy concreta: conocí a madridistas de izquierdas. En el exilio, los republicanos que seguían al Madrid eran bellísimas personas. Toda la memoria del franquismo y de Bernabéu yo no la descubrí hasta que llegué aquí. Tenía una relación con el madridismo casi heroica.

Y cuando regresa…

…tuve un choque cultural. Y como en los choques culturales yo tapono la parte sentimental, en el caso del fútbol me dije: hombre, no finjas que eres lo que no eres. Tú eso no lo tienes.

Entendible.

Después, en alguna época de mi vida, intenté forzarme un poco el antimadridismo, pero se nota enseguida que no sale. Descubro que para ser culé tienes que ser dos cosas: culé y antimadridista. Y claro, hay una parte que yo no tengo. Por eso soy defectuoso. Y creo que esas dos condiciones hoy están más exacerbadas por los medios, por las redes sociales, por el propio Madrid, que se ha hecho especialmente antipático. Todo eso ha ido a más. De modo que ahora soy más defectuoso que hace diez años, porque debería ser mucho más antimadridista y no lo soy. No me sale.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

También hay más antibarcelonismo.

Seguramente, pero eso nunca me ha afectado. Yo soy barcelonista, soy culé. En eso soy muy cruyffista: Cruyff dedicaba muy poco tiempo a pensar qué hacían los demás, lo importante es lo tuyo, lo que hagan los otros… Y sí, tengo la competitividad y la rivalidad, claro. Pero, por ejemplo, cuando el Barça cae eliminado de la Champions, que pasa a menudo, si al Madrid le va bien a mí no me sabe mal.

Eso es pecado.

Sí, sí, totalmente, pero no lo consigo. Incluso a veces haces el paripé. En la época de Buyo, por ejemplo, me caía muy mal. Con Pepe, con gente así, estuve a punto.

¿Y Rüdiger?

Rüdiger no me cae mal.

Eso sí que es noticia.

No me cae mal, no. No significa nada especial. Simplemente me interesa ver cómo degenera la cosa, ¿sabes? Pero sí he notado en estos últimos años un cambio generacional. Hay más periodistas jóvenes, hay más gente muy antimadridista. Las dos teclas se han vuelto más inflamables. Todo es más inflamable. Y eso también te habrá pasado a ti: hace diez años, en las tertulias o en tu trabajo, quizá no hacía falta que manifestaras tanto eso. Y ahora casi es un valor: “es un tío súper antimadridista”. Como cuando antes en los anuncios se pedía buena presencia o saber inglés; ahora, para un buen periodista del Barça, casi parece que te pregunten: “Sí, pero tú del Madrid qué?”.

Usted no es antimadridista, pero ¿cree que el madridismo sociológico del que habla Laporta existe?

Existe, existe. Creo que es una evidencia. Otra cosa es cómo él lo utiliza. La expresión no está mal encontrada, como definición no está mal. Lo que pasa es que él la usa como un elemento de victimismo exacerbado, es decir, como un recurso populista. Pero existir, existe. Si lees los libros de Xavi García Luque o estudias todo lo que pasó con Di Stéfano, o la historia reciente, si quieres, del florentinismo, o incluso de la estructura arbitral, ves que efectivamente ha habido un madridismo sociológico. La definición me parece racional. El uso que hace Laporta de ella es claramente interesado y oportunista. Pero cada uno tiene que defender lo suyo y no le ha ido mal.

El laportismo es antibarcelonismo tradicional

Sergi Pàmies, escritor y periodista

¿Existe el laportismo sociológico?

Es interesante eso. Yo te diría que todavía no. Porque Laporta lo que hace es personalizar unos valores barcelonistas; uno de ellos, el victimismo. Cuando yo me hice culé era una época muy mala, el año 71. Había cuatro razones para perder siempre: el madridismo, los madridistas, el franquismo, la lluvia.

¿La lluvia?

Cuando llovía, aunque ganáramos, parecía que llovía para nosotros y no para ellos.

¡Ah!

Y luego el árbitro, que a veces era el Madrid y a veces era Franco. Era casi una estructura de Estado. Eso tenía sentido porque, como no ganabas nunca, tenías que desarrollar un relato. ¿Qué pasa? Que cuando empiezas a ganar, ese relato casi molesta. ¿Cómo lo reconviertes? Pues Laporta, sobre esa base, añade algo completamente nuevo: el éxito, Messi, los títulos, las Champions. Eso es contracultural. Para mí, la gran aportación del siglo XXI al barcelonismo es que pasa de ser un equipo pupas, que siempre se está quejando y llorando, a ser un club que va lanzado, seguro de sí mismo. Eso sí es laportista. El laportismo es sinónimo de éxito y de desacomplejamiento. Aunque el padre del desacomplejamiento es Cruyff, no Laporta. Por tanto, el laportismo, en cierto sentido, es antibarcelonismo tradicional. No histórico, sino revolucionario, porque convierte el victimismo llorón en desacomplejamiento y empoderamiento. Estamos nosotros, nosotros jugamos al ataque, queremos la pelota, somos los mejores, tenemos valores, UNICEF… Es un pack que no puedes decir que no sea verdad. Otra cosa es el uso que se haga de esas cosas. Yo creo que, visto con perspectiva, la aportación de Laporta al barcelonismo es revolucionaria: coger un club que estaba de una manera y convertirlo en otra cosa. No entro ahora en el dinero ni en todo eso.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

¿Laporta es el nuevo Núñez?

No, en absoluto. En la génesis, sin Núñez no habría Laporta porque es una reacción a lo otro, pero fíjate que Núñez se basaba en el dolor, en el sacrificio y en el “no me quieren”. Siempre acomplejado, siempre con el discurso de “con lo que yo he hecho por vosotros”. Era un discurso para hacerte sentir culpable. Laporta es la antítesis de eso. Otra cosa es que podamos comparar las obras, sobre todo ahora con el estadio. Ahí habrá que ver cómo lo gestiona. Podría ser que Núñez hubiera sido mejor gestor. Podría ser, no lo sabemos todavía

Volvamos al inicio, ¿por qué somos de un equipo?

A ver, la teoría es esta: Astérix y Obélix. Tú puedes ser Obélix, que caes en la marmita y todo te viene dado, o Astérix, que va a buscar a Panorámix para que le dé la poción cada vez. Yo soy Astérix. El 90% del barcelonismo es Obélix. No tienen una explicación racional de por qué son del Barça: los han hecho del Barça. Mi hijo es Obélix. Ha sido adoctrinado por los padres, por el ambiente, por la escuela, por el clima que ha vivido. Normalmente, cuando eres Astérix, eres mucho más culé, porque es como en el catolicismo o en el islam: cuando eres un converso, tienes que recuperar el tiempo perdido.

Lo del 'speaker' del Camp Nou es tratar al público como si fuera subnormal

Sergi Pàmies, escritor y periodista

¿Usted es un converso?

No soy exactamente un converso, pero sí me hice barcelonista por las circunstancias. ¿Por qué nos gusta un equipo? Pues por razones que a veces son muy inofensivas. Ser del Barça, además, es una moneda social. Yo eso lo viví en mi familia. Mi padre era de Aragón, nacido en 1914. Vino aquí cuando tenía 14 años. Cuando llega aquí, se hace del Barça enseguida porque tiene la oportunidad de ir a un partido y sus amigos son del Barça. Él siempre explicaba que fue un elemento de integración. Es como aprender catalán. Ser de un club te sitúa en un contexto donde es más fácil relacionarte. A veces es por interés, incluso. En el caso de mi familia fue así. Mi padre se hizo del Barça, aunque nunca me adoctrinó especialmente porque tenía otras cosas con las que adoctrinarme. Y mi historia es parecida: yo llego aquí, tengo a mi tío… Si mi tío hubiera sido del Espanyol, yo sería un perico furibundo. Las circunstancias, para los que no somos de nacimiento, son eso. Lo he visto con mis hijos: a mi hija no le ha interesado nunca el fútbol y mi hijo es muy culé, pero de esos que no han sido nunca socios porque tenían los carnés del abuelo.

A mis hijos les hice socios cuando entenderieron lo que significaba. ¿Obélix o Astérix?

Eso lo explico en el libro. Cuando llevo a mi hijo a ver un partido contra el Madrid, mi hijo, que era muy educado y tendría unos diez años, sale el Madrid al campo y empieza a insultar a Casillas con los ojos desorbitados. Y yo pensé: esto yo no lo he visto en casa. Ni su madre, que es muy culé, ni yo le hemos inculcado eso. ¿Por qué reacciona así? Pues ya está. Ya ha superado todo eso. Ya es Obélix. A mí eso me dejó flipado. Y además me da envidia. Me encantaría no ser racional, pero no lo tengo.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

Diez años de la muerte de Cruyff, quien tiene capítulo propio en su libro. ¿Un genio tiene defectos?

Claro que puede tener defectos. Sí, sí. Hay una idolatría papanatas que yo no comparto, pero al único mito que defiendo es Cruyff. Yo digo: Cruyff siempre tiene razón, incluso cuando no tiene razón. Si aplicas eso, ya está resuelto. Y de todos los mitos que he tenido, con 66 años y habiendo pasado por muchas épocas, lo único que no me ha fallado nunca como referente es Cruyff. Me da igual todo. Si mañana descubren que mataba ratas en el jardín, me da igual. Soy más cruyffista que barcelonista. Muchísimo más: la obra, el tono, la manera de ser…

El silencio del Camp Nou

En el libro habla de cómo el ruido ha desplazado al silencio en el Camp Nou.

Sí. Yo no volveré, en principio, al Camp Nou más que algún día puntual si me invitan. En el momento en que aparece el ‘speaker’, y con las luces y todo eso, ya no es mi liturgia. Cuando empezó el ruido, además, fue en principio a petición de los jugadores. No lo olvidemos. Cuando salían a calentar pidieron música, ambiente de discoteca. Ahí ya empecé a pensar que no íbamos bien.

Maradona ya calentaba con música en Nápoles.

Cuando marca Lewandowski y el ‘speaker’ dice ‘Robert’ para que el público responda su apellido, eso me parece tratar al público como si fuera subnormal. Como los payasos de la tele: “¿Cómo están ustedes?”. Y además ese mismo público anima mucho más y de forma más generosa de como animábamos nosotros. Así que admito que aquí ha habido un cambio de régimen. Es generacional y cultural.

Ya.

Yo soy del Barça de los silencios, quiero oír la pelota. Como decía Tito Vilanova: cierro los ojos y, por el sonido de la pelota, sé si estamos jugando bien o mal. Hace quince días fui al nuevo estadio invitado por Màrius Carol y hubo momentos en que todavía se oía la pelota. Eso forma parte de la liturgia con la que fui criado, pero entiendo que eso se ha acabado. En la Iglesia católica hubo un momento en que entraron unos tipos con guitarras y el cura que daba la misa en latín debió de sufrir un infarto. Pues yo soy ese carca y reaccionario que dice: “¿Pero adónde vais?”. Pero el que se equivoca soy yo, así que ya está. Tendré que aprender a disfrutar de la nueva liturgia. Me costará. Hay gente más joven y la vieja cosa tribunera, la del Liceu, ha pasado a la historia. Ahora bien, de ahí al “¿cómo están ustedes?” hay un trecho.

La época de Rijkaard es la culminación de todo

Sergi Pàmies, escritor y periodista

También las narraciones radiofónicas son hoy más intensas.

Ahí sí que hay una tradición. Hay dos escuelas: la sobria, que ha perdido la batalla, durante muchos años fue la anglosajona. Incluso en televisión, como había imagen, se limitaban a decir cuatro cosas. Eso cambió y se impuso la escuela sudamericana, mucho más dramática. No viene de Estados Unidos; viene de Sudamérica. Allí cualquier cosa se narra como si se acabara el mundo. Aquí eso no había entrado del todo. Nosotros teníamos a Valdivieso, teníamos en catalán a Puyal, que para mí representa la escuela más perfecta: equilibrio entre emoción, pasión, rigor y el hecho de no ceñirse estrictamente al fútbol, sino aportar otros elementos.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

Entiendo.

En Catalunya ha habido un espacio de experimentación propio, genuino, con otros tonos. Aquí fracasaría alguien que se pusiera a gritar todo el rato. Por ejemplo, Alfredo Martínez aquí no funcionaría igual. Y en cambio, retransmisiones como las de la COPE, con Manolo Lama, Minguella, Dani… a veces son muy buenas, sobre todo con el Barça. Y no son de la escuela sudamericana, aunque juegan mucho con la emoción y el comentario. Yo creo que aquí tenemos uno de los lugares donde mejor nivel hay en retransmisiones.

En el libro habla de Sotil como el ‘Cisne Negro’. ¿Quién sería su Sotil actualmente?

Hombre, Lamine Yamal llama muchísimo, pero yo siempre he sido bastante de gusto amplio. Piensa que a mí me gustaba Gudjohnsen. Y uno de los jugadores que más me han gustado en la historia es Iván de la Peña, aunque luego se fuera al Espanyol. Yo disfruto mucho del fútbol. En ese sentido soy muy tópico: los que saben jugar a fútbol, como Pedri, Lamine y todos esos, me emocionan. Pero también me gusta Julián Álvarez, por ejemplo. O ha habido épocas en que veía al Villarreal sin saber ni cómo se llamaban los jugadores.

Tiene buen gusto.

La selección española que gana el Mundial. O Santi Cazorla, por ejemplo. Son jugadores con los que disfruto. Me gustan los jugadores finos, sí, pero también otros. No es que solo me gusten el gol o la defensa. Me gusta todo. Si me preguntaras cuáles son los mejores años de mi vida culé como espectador, la época de Rijkaard para mí es la culminación de todo.

La aportación de Laporta al barcelonismo es revolucionaria

Sergi Pàmies, escritor y periodista

Hubo épocas más exitosas.

No ganamos tanto, pero el cambio emocional que supuso pasar de la caspa grisácea de Gaspart a aquella directiva en la que estaban todos los que ahora se pelean… Llega Rijkaard, que es un hallazgo cruyffista, empiezan jugando mal, llega Ronaldinho, llega Víctor Valdés, que para mí es Dios… Todo aquello fue extraordinario. Y además coincide con que empiezo a llevar a mis hijos al campo. Son los años de caer en la marmita.

Rijkaard es el gran olvidado.

Le tengo muchísimo cariño a aquellos años. Y luego Eto’o. Mi padre todavía vivía y comentábamos algún partido. A él le gustaba mucho Eto’o. Para mí ha sido un ejemplo de fuerza, de delantero, de determinación. Y mira que cometió errores y que podía ser un ‘bocamoll’ (bocazas). No solo me gustan los finos, insisto. También me gustaba muchísimo Puyol. Son jugadores que transmiten algo que va un poco más allá del fútbol.

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça

Sergi Pàmies, escritor y autor de 'Confesiones de un culer defectuoso', atendió a SPORT para hablar del Barça / DANI BARBEITO

¿Y hoy en día?

Unos cuantos. Raphinha, por ejemplo, ha sido un descubrimiento. Yo recuerdo conversaciones en las que se decía que había que venderlo con un lacito. Era una frase habitual en las tertulias. Y de pronto se convierte en un jugador excepcional. Y luego están los jóvenes. Eso te lo da el Barça. Habrá quien diga: “Eso es porque estáis arruinados y no podéis fichar”. Vale, imaginemos que es verdad. Pero la solución ha sido buena. Barata y buena, lo fabricas en casa.

Diez años después del libro, ¿dónde ve al Barça dentro de diez años?

No podía imaginar hace diez años que íbamos a pasar por el final de Messi, porque fíjate que en toda esta conversación no hemos hablado de Messi, que es lo más importante.

Rijkaard supuso pasar página a la caspa grisácea de Gaspart

Cierto.

De hecho, si me preguntas qué tocaría hoy del libro, habría un capítulo sobre Messi. Ese es el agujero negro del libro. La suerte es que Jordi Puntí ya ha hecho un libro buenísimo sobre Messi. Eso ya está hecho, pero hace diez años yo no podía imaginar que vería el esplendor y el final de Messi. Un final traumático. Tampoco podía imaginar que viviríamos el momento de inquietud institucional y económica más importante, una situación económica muy preocupante, y paralelamente ser capaces de decir: “No, vamos a hacer un estadio nuevo”. Eso hace diez años…Y si además me hubieras dicho: “Y Laporta será el presidente dentro de diez años”, te habría dicho: “Tú estás loco”. Así que mejor lo dejamos aquí.

Usted manda. Se levanta y, antes de despedirse, me interpela: “Yo tengo un café y un agua”. Como tal afirmación era obvia porque ahí estaban ambos desde antes incluso de arrancar la entrevista, deducimos que nos invita a pagar la cuenta. Faltaría más. Lo contrario habría sido un final lamentable a una charla de casi una hora tan absorventemente barcelonista. Lo confieso sin defectos: fue un placer que llevaba años esperando.