Paco Martínez, el otro héroe de Basilea
El centrocampista granadino, pese a fisurarse una costilla en la prórroga, no abandonó la lucha
Dolorido y con dificultades para respirar, recuperó un balón que, 40 segundos después, significó el 3-2

Martínez jugó 76 partidos oficiales con la camiseta del Barça (6 goles) entre septiembre de 1978 y abril de 1982. Ganó dos Recopas y dos Copas / FCB
El 16 de mayo de 1979 es una fecha histórica para el FC Barcelona. El equipo azulgrana ganó la primera Recopa en Basilea al derrotar en la prórroga al Fortuna Düsseldorf (4-3) y celebró su primer título europeo a todo color. De aquella final quedó grabado a fuego el masivo y cívico desplazamiento de la afición a tierras helvéticas (30.000 personas); el gol de Krankl, el 4-2 en el minuto 111, después de un hipnotizador caracoleo del Lobito Carrasco; los arrestos del incombustible Neeskens; la emotiva celebración de Rexach en el 3-2 clavando las rodillas en el césped y el compromiso de Migueli, jugando con la clavícula rota.
Sin embargo, revisando la final, hay que convenir que hubo otro factor determinante para que el Barça tocara la gloria en Basilea y diera una de las mayores alegrías a su afición: el concurso de Francisco Martínez Díaz. El centrocampista del FC Barcelona, de 25 años de edad, sustituyó a Quique Costas, lesionado, en el minuto 66 con 2-2 en el marcador. El equipo de Quimet Rifé estaba sufriendo y, ahogado por la fortaleza física de los alemanes, pasaba por un momento crítico. Estaba embotellado y apenas salía de su campo.
La visión de Toni Torres
Sobre el papel, la entrada de Paco sorprendió. Se iba un central y entraba un interior ofensivo. En un principio era Antonio Olmo el que iba a reemplazar a Costas, pero Toni Torres, segundo de Rifé, aguantó unos instantes la sustitución [Olmo ya estaba calentando] y, tras consensuarlo con el míster, hubo cambio de planes. Rifé abrazó a Paco por el cuello para darle las últimas instrucciones y, seguidamente, un amistoso cachete en la mejilla izquierda deseándole lo mejor. Papi Anguera recogió el chándal y, tras la revisión de los tacos de las botas, Martínez (con el dorsal 14) saltó al campo. Juan Manuel Asensi, el capitán, retrasó su posición al eje de la zaga.
Los pupilos de Rifé, sin estar contra las cuerdas, acumulaban reveses: habían perdido la ventaja en dos ocasiones; Albaladejo se había roto los ligamentos y fue sustituido por De la Cruz; Neeskens tenía molestias en la parte superior de brazo derecho; ‘Tarzán’ Migueli jugaba infiltrado después de dislocarse la clavícula en el último partido; Krankl se alineó pese al grave accidente de tráfico sufrido por su esposa Inge en la madrugada del 6 de mayo…
Cambio de rumbo
Así, la entrada de Paco Martínez, un jugador con una exquisita técnica y la habilidad de leer las jugadas décimas de segundos antes de que sucedieran, con fama de frío, cambió el rumbo del partido. Oxigenó la zona ancha, se movió por todo el campo y, en la prórroga, fue clave en el 3-2. En el minuto 102 con 11 segundos, en una lucha aérea con Rudi Bommer, se fisuró una costilla del costado derecho. El fuerte dolor y la dificultad en inspirar lo dejaron muy tocado…
El árbitro, el húngaro Karoly Palotai, dejó seguir el juego. Poco después el balón regresó a la posición en la que Martínez trataba de recuperar el aliento y, como un resorte, alargó la pierna derecha para robar el esférico limpiamente a Hubert Schmitz. “Era una final… Y en una final no puedes lesionarte, mueres en el campo”, se dijo. Con el balón en su poder abrió para Krankl, que se encontraba a su derecha. El austríaco mandó el cuero al área alemana. La zaga alejó momentáneamente el peligro, pero Asensi recuperó la pelota y se la cedió a Neeskens, escorado en la banda izquierda.
El neerlandés volvió a mandarla al corazón del área, para Rexach, que controló ante Gerd Zewe. El zaguero quiso anticiparse, pero fue por los suelos y el disparo de Charly, con la derecha, tras tocar en el jugador alemán, cambió la trayectoria y superó por alto el meta Joerg Daniel en el minuto 102 y 51 segundos.
Vacilante
Desde que Martínez se fisuró la costilla hasta el 3-2 transcurrieron solo 40 segundos. Prueba de que el granadino seguía vacilante se comprobó en la celebración del tanto. Fue uno de los últimos en unirse a la piña barcelonista… Apenas podía respirar ni correr.
Con el paso de los minutos fue recuperando sensaciones. Pudo agigantar su partidazo evitando el 3-3 de Wolfgang Seel en el minuto 114, pero el balón acabó escurriéndose junto a su cuerpo y el poste izquierdo de Pello Artola. Y, como anécdota, fue Martínez el último protagonista de la final, al servir un saque de banda. Envió el balón a Asensi y al instante Palotai dio por terminado el partido. A partir de ahí, euforia desbordada, sueño hecho realidad y recuerdos imperecederos.
Martínez no pasó revisión alguna tras sufrir la fisura costal, el tiempo se encargó de mitigar el dolor hasta que desapareció… La modestia de Paco lo llevó a silenciar este episodio que pasó prácticamente inadvertido con el esférico en movimiento.
Tampoco publicitó a los cuatro vientos que él había pronosticado un 4-3 después de la charla técnica que dio Rifé en el hotel de concentración. Los jugadores, en un papel, escribieron sus sensaciones antes de dirigirse al estadio Saint-Jakob: “¡Vamos!”, “¡Aúpa!”, “¡Barça!”, “Guanyarem!”… Martínez dibujó un 4-3 artístico, trazando líneas redondeadas, sin aristas. Volvió a anticiparse, como en el terreno de juego. Basilea 1979 tuvo otro valiente, otro irreductible.
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