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Julián Calero, de policía en el 11-M a medirse al Barça "Es un desgarro en el alma que dura toda la vida"
El actual técnico del Levante, policía municipal en Madrid en 2004, llegó a la estación de Atocha pocos minutos después del atentado: "Nos encontramos el horror"

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"Se nos murió mucha gente en los brazos, aunque también salvamos vidas: hicimos lo que pudimos". Como tantos otros españoles, Julián Calero nunca podrá olvidar el 11 de marzo de 2004, el día en el que las bombas de los trenes en Madrid detuvieron el latido de todo el país.
Para Calero fue un día trágico, como para tantos otros. Pero él lo vivió en primera persona: era policía municipal en Madrid, tenía 33 años y ser entrenador profesional era solo un sueño. Hoy, 21 años después, es el entrenador del Levante que recibe este sábado al Barça en Valencia.
Han pasado 21 años. Calero, uno de esos técnicos que ha llegado a Primera división después de muchos años de trabajo en la sombra, se enfrentará por primera vez al Barça. Ocupará titulares, las cámaras y los micrófonos le apuntarán y cualquier gesto que haga durante el partido será fiscalizado: más o menos como a cualquier entrenador de Primera que se enfrenta a un aspirante al título.
En su currículum vital, sin embargo, Calero guarda una vivencia con la que resulta difícil convivir. No le resultó fácil explicarlo. "Nos hacemos los fuertes, y hay cosas complicadas de manejar. Necesitas herramientas para procesar todo lo que había vivido y yo no las tenía. Pedí ayuda demasiado tarde".
De pasajero en los trenes a policía de servicio
Calero se refiere a lo que vivió en los atentados de Madrid, el 11 de marzo de 2004. Tenía 33 años y era policía municipal en Madrid: vivía en Parla y trabajaba en la comisaría de Manuel Becerra; de hecho pasó en tren por Atocha, como pasajero, una hora antes de la tragedia. Tardó en poder comunicarse con su familia para decirles que estaba bien.
"Entré en Atocha cuatro o cinco minutos después del atentado", contó hace unos meses en la Cadena Cope, cuando se cumplían 20 años de los atentados. "Estábamos en la puerta de Alcalá tomando un café y nos dieron el aviso: nos metimos en el corazón de Atocha a pesar de la columna de humo, veíamos a la gente saliendo como zombis".
Las escenas que vio Calero son inimaginables. "Nos encontramos el horror. Ese horror lo he llevado dentro durante veinte años, es como una pelota que intentas tragar pero que no logras digerir. Fue durísimo: no es que Madrid estuviera triste, es que Madrid no existía. También vi una ola de solidaridad como nunca antes: taxis, coches y autobuses convertidos en ambulancias, gente dispuesta a ayudar en cualquier cosa".
"Ayúdala a morir"
En pleno caos, Calero intentó ayudar a las víctimas. En realidad, sin saber muy bien cómo hacerlo. "Me junté con un médico del Samur y le cogí el desfibrilador. Iba haciendo lo que él me decía. En una ocasión, estaba intentando reanimar a una persona, pero no había manera... y me dijo 'ayúdale a morir, no se puede hacer nada".
Pocos minutos después, Calero vivió otra situación aún más angustiosa. "Los TEDAX nos gritaron que saliéramos corriendo: había una bomba más que aún no había explotado, corrimos no hacia la calle, sino hacia las vías, y afortunadamente pudieron desactivarla".
Minutos después, Calero y sus compañeros estaban de nuevo intentando ayudar a las víctimas. "Salvamos a mucha gente. Hicimos todo lo que pudimos en circunstancias muy desgarradoras. Pero también se nos fueron muchas vidas; recuerdo a una mujer embarazada; recuerdo a un chico que sacamos de los trenes, que luego sufrió alguna amputación pero afortunadamente sigue vivo. Todo lo que vimos es un desgarro absoluto en el alma y para toda la vida".
Escenas para toda la vida
Los gritos de auxilio en medio de "un escenario de guerra" aún resuenan en la cabeza de Calero. "Se nos murió mucha gente en los brazos: no se podía ayudar a todos... es algo que se te queda grabado de por vida", explicaba el entrenador madrileño, que años después recurrió a la ayuda psicológica para intentar procesar todo lo vivido.
No fue tarea fácil. Solo se decidió a explicarlo y compartirlo 20 años después. Aún guarda muchos detalles en la memoria, para sí mismo, por respeto a las víctimas.
Solo dos días después de los atentados, Calero volvió a pisar un campo de fútbol: en aquella época era entrenador del juvenil del Parla. Su equipo se enfrentó al juvenil del Getafe. "No llevábamos ni quince minutos de partido y marcamos. Sin darme cuenta de que aún estaba en la nube de Atocha, vi cómo todos los jugadores vinieron al banquillo a abrazarme".
Un CV forjado en el fútbol modesto
Futbolista de varios equipos madrileños durante los años noventa (jugó en el Parla, el Fuenlabrada, el Pinto, el Valdemoro y el Alcalá), Calero no daría el salto a los banquillos profesionales hasta muchos años después.
Se forjó como entrenador en el equipo de su ciudad, el Parla, antes de trabajar en las inferiores del Atlético de Madrid. Fue segundo de Míchel González en el banquillo del Rayo Vallecano y poco después ingresó en la estructura del Real Madrid para dirigir al juvenil blanco. Allí coincidió con Julen Lopetegui, con quien formaría tándem en el Oporto y en la selección española.
Pasó por Rusia en 2011, donde trabajó como segundo entrenador de Dmitri Chéryshev en el FC Volga Nizhny Novgorod: fue también segundo entrenador de Luis Milla en el Al Jazira y ayudante de Hierro en el Real Oviedo en Segunda.
En 2020 se hizo cargo del Burgos, el punto de partida de su etapa como entrenador profesional en la elite, ya que ascendió al equipo a Segunda tras quedar líder de su grupo y ganar en fase de ascenso al CD Calahorra y al Bilbao Athletic. En Burgos es especialmente querido: estuvo tres años y consolidó al equipo en Segunda.
De Burgos viajó a Cartagena para hacerse cargo del equipo: tras firmar la permanencia, dejó el club para hacerse cargo del Levante, al que ascendió el año pasado a Primera.

Calero saluda a Coudet en Mendizorroza / L. Rico
Testigo de la dana
Ya como entrenador del Levante, el curso pasado, vivió de cerca otra de las grandes tragedias de la historia reciente de España, la dana de Valencia. Y no se mordió la lengua cuando lamentó la escasa capacidad de las autoridades para ayudar a los damnificados. "Lo que uno le pide al Estado al que le pagas impuestos, es que te ayuden. Hablé con miembros de la UME y nos decían que los tenían parados...", dijo en su momento, entrevistado en 'Radio Marca'. "No busco culpables, pero son unos miserables y lo llevarán en su conciencia toda su vida", dijo sobre los responsables políticos. "No ha dimitido nadie, ni va a dimitir. Yo pierdo dos partidos y me echan... y de los que mandan no va a dimitir nadie".
Tras el ascenso del Levante a Primera, Calero se acordó de las víctimas de la riada. "Que sea algo que amortigüe el sufrimiento, aunque sé que eso es imposible. Espero que sea una alegría para ellos en un año tan triste. Por ellos va", dijo el madrileño, que después de tantos años en los banquillos disfruta por fin de la Primera división.
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