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FC BARCELONA

Flick pide un último esfuerzo

En el vestuario del Barcelona admiten el cansancio físico y mental pero apretarán los dientes en un Clásico en el que ya sí solo importa el resultado

Resumen, goles y highlights Inter 4 - 3 FC Barcelona de la vuelta de semifinales de la Champions League

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Toni Juanmartí

Toni Juanmartí

Contar que el vestuario del Barça ya ha cambiado el ‘chip’ sería faltar a la verdad. El cruel KO en Milán sigue pesando y seguramente seguirá ahí, como un fantasma, a pesar de que el equipo levante Liga, Copa y Supercopa. En la plantilla tienen claro que tres títulos sería rozar la matrícula de honor, pero a corto plazo les resulta imposible olvidarse del ‘jackpot’ que habría supuesto la final de Múnich.

Tan fuerte ha sido el golpe, tan afectado ha visto el cuerpo técnico a los jugadores -algo completamente normal-, que desde el ‘staff’ han tenido que activarse rápido para remarcar la importancia del inminente clásico. No hay alarmismo ni pesimismo, pero sí preocupación, pues no hay tiempo para relamerse las heridas y ante el Real Madrid está en juego buena parte del duro trabajo que se viene realizando desde julio. Más allá de atizar a los árbitros, la comparecencia del presidente Joan Laporta en los canales del club también fue un intento de levantar la moral al grupo.

Internamente, los jugadores admiten los altos niveles de fatiga. Física pero también mental, y más tras el drama del Giuseppe Meazza, donde el todo se convirtió en la nada en cuestión de segundos. La herida es doble en un grupo tan joven, aunque precisamente Lamine es uno de los que más fuerzas ha sacado para mirar hacia delante. El mago de Rocafonda lo dejó claro poco después de la eliminación: "Lo hemos dado todo. Este año no ha podido ser, pero volveremos. No tengáis ninguna duda que no pararemos hasta dejar a este club donde se merece, en lo más alto. Cumpliré mi promesa y la traeré a Barcelona, no pararemos hasta conseguirlo. Pero el domingo es otra final y hay que estar todos juntos. ¡Visca el Barça!", escribió en las redes sociales.

Los jugadores del Barça realizaron este jueves una comida de conjura en las instalaciones de la Ciutat Esportiva Joan Gamper para unir fuerzas y hacer piña. No hay más remedio que pasar página y competir al máximo nivel ante el Madrid para evitar que la derrota en Milán tenga consecuencias más allá de la Champions League. Dar vida al eterno rival en la competición doméstica convertiría las tres últimas jornadas en 'finales'.

Carpetazo a la Liga

Flick, por su parte, no se queja en público, pero no es ajeno a todos los condicionantes: lesiones, jugadores sobrecargados a nivel de minutos, un fondo de armario corto y un calendario infernal. El Barça ha disputado 13 partidos en los últimos 43 días. Uno cada 3,3 días de media. Además, el fútbol total del de Heidelberg exige muchas más piernas que otros estilos más conservadores -en bloques más bajos, el despliegue suele ser menor-.

Consciente de que las pilas empiezan a escasear, Hansi ha pedido un último esfuerzo a sus pupilos. Un último ejercicio de solidaridad y entrega. Un último, sí. Porque la Liga estará ‘ganada’ en caso de victoria en el clásico. Un empate mantendría el colchón de cuatro puntos, pero ‘staff’ y plantilla coinciden en que el domingo es el día para echar el resto y dar carpetazo al campeonato. Aunque sea sudando sangre. Salir a especular sería ir en contra de la naturaleza de este Barça.

Pero una cosa no quita la otra. Los azulgranas asumen que a estas alturas de curso el qué se impone al cómo. Es decir, en el clásico, adornos los justos. Solo importa el resultado, trasladan. Eso no significa que el equipo vaya a perder su ‘flow’ o que el técnico vaya a retrasar la línea defensiva. La esencia será la misma, pero poniendo énfasis en ser efectivos y pragmáticos arriba, no cometer errores y defender con uñas y dientes el balón parado. En resumen, en competir sin grietas por encima de cualquier otra cosa.

De puertas hacia dentro hay máximo respeto al Real Madrid, que llegará con bajas en defensa pero también más fresco de piernas y sin nada que perder. En el vestuario culé intuyen que Ancelotti será esta vez más valiente, por lo que esperan una batalla más de ida y vuelta que la final de la Supercopa, donde el Barça ahogó y aculó a los blancos de forma aplastante durante la primera mitad.