Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

LALIGA

Del fallo imperdonable de Rashford al gol del Celta: crónica de un desajuste defensivo ya conocido

El inglés falló un mano a mano clarísimo con Radu y, en la jugada siguiente, Carreira aprovechó el desorden defensivo azulgrana para empatar

Sergio Carreira batió a Tek

Sergio Carreira batió a Tek / AP

Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Tras el tropiezo en Brujas, Hansi Flick aseguró que había “hablado mucho” con sus jugadores sobre la necesidad de cerrar los partidos y no repetir errores. Que el Barça debía aprender a jugar con el marcador a favor, a ser más maduro, más constante, más fiable. Pero en Vigo, apenas diez minutos bastaron para comprobar que el mensaje no había calado del todo.

El conjunto azulgrana arrancó el duelo con energía y autoridad. Presión alta, circulación rápida y sensación de peligro constante en los metros finales. El gol llegó pronto: un penalti provocado por un chut de Fermín que da en la mano de Marcos Alonso y que Robert Lewandowski transformó con su habitual precisión con un disparo raso y ajustado al poste del que adivinó Radu la dirección. 0-1, y la impresión de que el partido quedaba bien encaminado.

Sin embargo, el espejismo duró lo que tardó Rashford en desaprovechar la oportunidad de ampliar la ventaja. Apenas un minuto después, el inglés se plantó completamente solo ante Radu, tras una asistencia filtrada desde el medio campo. Tenía tiempo, espacio y todas las opciones, pero su definición fue blanda, casi un pase al portero. La ocasión más clara del partido se evaporó sin consecuencias... o al menos, sin las deseadas.

Porque el castigo fue inmediato. En la siguiente acción, el Celta salió disparado en una contra de manual. Sergio Carreira encontró una autopista por su banda, combinó y, tras recibir la devolución, encaró sin oposición y fusiló a Szczesny con un derechazo cruzado. El portero polaco, indeciso y mal colocado, apenas atinó a mirar cómo el balón se colaba junto al palo poniendo una mano blanda.

De un posible 0-2 a un 1-1 en apenas un minuto. La defensa, desajustada en el fuera de juego y torpe en la transición, volvió a dejar al descubierto los mismos problemas que ya se vieron en Europa: descoordinación entre centrales, poca cobertura del mediocampo y escasa reacción ante la pérdida.