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Dro se pega a Lamine

El joven canterano tuvo el premio de la titularidad en el último partido de la Gira asiática

Dro ha dejado detalles de crack en el partido ante el Daegu

FC Barcelona

Víctor González

Víctor González

La irrupción de Dro en la pretemporada 2025/26 está siendo uno de los mejores regalos de la Gira del Barça por tierras asiáticas para preparar la segunda temporada de Hansi Flick al mando del barco azulgrana. El joven, de tan solo 17 años, se presentó en sociedad en Japón ante el Vissel Kobe, y tras no tener minutos en Seúl, el técnico alemán le dio el premio de su primera titularidad con el primer equipo ante el Daegu, y no defraudó ante la afición coreana que despidió al equipo bajo la lluvia.

El jugador gallego se colocó en la tercera altura del centro del campo culé, compartiendo sala de máquinas con Gavi y De Jong, que en muchas ocasiones se colocaron casi en paralelo, dejando los huecos de la mediapunta a Dro y a Raphinha.

Los cracks se juntan

No es de extrañar que desde el club quieran ir con mucho mimo con el de Nigrán, para el que tienen un plan de futuro trazado en los próximos años. Solo hace falta ver controlar un balón para saber que esas botas destilan un talento de los que no se encuentran así como así. Los 45 minutos del gallego en la ciudad coreana fueron una clase de cómo colocar el cuerpo para perfirlarse, jugar al primer toque entre líneas con compañeros para que lo corriera fuera el esférico y eliminar rivales en espacios reducidos.

Es más, la 'interiorización' del brasileño provocó que el canterano, que en sus primeras intervenciones partió muy centrado, se desplazara hacia la derecha, donde para fortuna de los espectadores se juntó con mucha frecuencia con Lamine Yamal para compartir espacios. Y qué delicia fue para los ojos ver a dos superdotados volver loca a la defensa coreana con triangulaciones al primer toque. En ese rondo particular, Kounde fue un invitado de lujo entre los dos niños prodigio.

El único asterístico, si es que se le puede decir así a dos errores de un chaval de 17 años que hizo bien todo lo demás, fue un balón perdido en la mediapunta que casi cuesta una contra y un remate a las nubes tras un centro de Balde, que le había puesto el gol en bandeja en el punto de penalti en el que podría haber sido su segundo tanto en la gira. Que se equivoque todo lo que quiera, porque cada minuto suyo es una inversión para un proyecto que promete dar muchas alegrías al barcelonismo.