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FC BARCELONA

El bonito gesto de Flick al evitar que un joven aficionado fuera arrollado

El técnico alemán ha cautivado de nuevo a la afición al proteger a un joven seguidor en la previa del partido de Champions contra el Newcastle

Flick durante la rueda de prensa previa al partido ante el Newcastle

Flick durante la rueda de prensa previa al partido ante el Newcastle / ADAM VAUGHAN / EFE

Roger Meya Pla-Giribert

Roger Meya Pla-Giribert

En apenas unos meses, Hansi Flick ya se había ganado el corazón de todo el barcelonismo por los éxitos deportivos, pero también por su faceta humana. Más allá de la pizarra, el técnico alemán ha caído de pie en la Ciudad Condal gracias a una personalidad que trasciende lo deportivo.

Su adaptación y la de su familia a Barcelona es total, pero es en las distancias cortas donde el exentrenador del Bayern está demostrando que, tras el rigor germano, late un corazón puramente culé. Flick ha instaurado en Can Barça un paternalismo donde trata a sus jugadores como hijos y a la afición como a su propia familia, devolviendo la armonía a un club que venía de una larga travesía por el desierto.

El último detalle que ha enamorado a la grada ocurrió en la previa del duelo de Champions ante el Newcastle. Al dirigirse al autobús a las afueras del estadio, la locura se desató. Mientras Flick pasaba por delante, la presión de la multitud provocó una pequeña avalancha en las vallas de seguridad mientras que, en primera línea, un joven aficionado comenzó a ser aplastado por el ímpetu del resto de seguidores.

Flick detectó el peligro al instante, y, lejos de seguir de largo, el técnico intercedió físicamente, colocando su mano para frenar el empuje de la masa. Junto a otros dos empleados del club, lograron crear un espacio vital para el pequeño, que, visiblemente abrumado, rompió a llorar por la tensión del momento.

El alemán no le quitó el ojo de encima ni un segundo. Una vez calmada la situación, sacó personalmente al niño de la zona de peligro, llevándolo fuera del cordón de seguridad para consolarlo y asegurarse de que estaba ileso, antes de darse la vuelta y seguir su camino. Un oasis de naturalidad y nobleza en un fútbol cada vez más robotizado.