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⁠Boca, la última 'vacuna' sudamericana del fútbol europeo

Hoy miércoles tendrá lugar la final de la Copa Intercontinental, un título que ha vuelto al fútbol después de haber desaparecido en los últimos años

Juan Román Riquelme, junto a Fernando Gago en su presentación

Juan Román Riquelme, junto a Fernando Gago en su presentación / BOCA JUNIORS

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Veinte años después vuelve la ‘Copa Intercontinental’, un título que dejó de existir en 2005, para convertirse en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. La final tendrá lugar hoy miércoles en el estadio Lusail de Catar y una vez más contará con la presencia del Real Madrid. 

Los blancos han sido sin duda uno de los grandes protagonistas de esta competición, siendo lo primeros en levantarla en el año 1960 ante el Peñarol, en una final que por aquel entonces se disputaba a doble partido, y que terminó con empate a 0 en tierras uruguayas y con un rotundo 5-1 en la vuelta en el Santiago Bernabéu.

Aquel solo fue el inicio de una histórica batalla entre los campeones europeos y los campeones sudamericanos, con victorias muy repartidas para unos y para otros, hasta el cambio de competición en 2005, que decantó la balanza muy a favor del fútbol europeo. 

Y es que desde entonces, solo tres clubes sudamericanos han conseguido coronarse campeones mundiales,

Sao Paulo, Internacional de Porto Alegre y Corinthians, y está tónica tiene pinta de volver a repetirse en el nuevo Mundial de Clubes que se disputará en 2025, en el que según las apuestas de fútbol de Betfair, los máximos favoritos son los europeos, con una probabilidad implícita de victoria del 22,22% para el Manchester City, 20% para el Real Madrid, o el 12,5% para el Bayern que aparece en tercera posición. 

Tendremos que descender hasta el noveno lugar para encontrar al primer conjunto sudamericano, que en este caso es el Palmeiras con un escaso 4,34%. Pero el Mundial llegará en verano. Ahora es turno para la Intercontinental donde los de Carlo Ancelotti se van a jugar el segundo de los siete títulos que tienen en juego esta temporada. 

Los aficionados blancos ya casi cuentan con él, pero no deberían confiarse demasiado, pues en el recuerdo, aún queda aquel histórico Boca juniors que en el año 2000 privó a los blancos del que entonces hubiera sido su tercer entorchado mundial. 

Aquel partido tuvo lugar un 28 de noviembre del año 2000 en el estadio nacional de Tokio y ante casi 60.000 espectadores. Boca Juniors se había proclamado campeón de la Copa Libertadores y el Real Madrid de la ‘Champions League’, meses antes ante el Valencia CF. 

A pesar del triunfo europeo, Lorenzo Sanz perdería las elecciones a la presidencia que tendrían lugar ese mismo verano ante Florentino Pérez, y con el nuevo máximo mandatario blanco, vendría de la mano una superestrella venida del eterno rival, Luis Figo. 

Con el portugués el equipo dio un salto enorme de calidad. Dominaba la Liga Española, se estaba mostrando fuerte también en Champions y como no podía ser de otra manera partía como el gran favorito para lograr la Intercontinental, pero nada más lejos de la realidad.

Y es que Boca aquel día dio una auténtica exhibición ante los blancos, que consiguieron ya adelantarse en el marcador a los tres minutos de partido con un tanto del delantero Martín Palermo tras un centro desde la izquierda de Delgado. El gol supuso un jarro de agua fría para los jugadores madridistas que se miraban unos a otros intentando buscar una explicación de como habían podido encajar tan pronto. 

En ese instante todavía no eran conscientes de que la herida aún se haría más grande. Tan solo tres minutos después la película volvería a repetirse. De nuevo con Palermo de goleador, pero en esta ocasión con Riquelme como asistente, sacándose de la chistera un envío espectacular para el delantero que volvía a batir a Iker Casillas.

El sueño de blanco de levantar un nuevo título se había tornado en pesadilla. El marcador reflejaba un rotundo 2-0 y los aficionados argentinos que poblaban las gradas del Estadio Nacional de Tokio estaban celebrando por todo lo alto la lección que su equipo estaba impartiendo al conjunto blanco, cuya única esperanzaba pasaba por todo el tiempo que tenía para darle la vuelta a la situación.

Y lo cierto es que esa esperanza se vio acrecentada con el gol de Roberto Carlos que muy pronto conseguía recortar distancias en el marcador, pero el ímpetu blanco se quedo ahí, frenado en parte por la excepcional actuación de Riquelme que se hizo dueño absoluto del encuentro. 

El centrocampista argentino se echó el equipo a la espalda y aminoró a un Real Madrid que apenas dispuso de ocasiones para conseguir el empate. De esta manera Boca se proclamaría campeón, con todas las de la ley, y protagonizando sin duda la última gran victoria de un equipo sudamericano ante uno europeo en la disputa del cetro mundial.