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PSICOLOGÍA

¿Por qué los niños mienten? El error que cometen los padres según Álvaro Bilbao, neuropsicólogo

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha hablado sobre algunos errores parentales que pueden fomentar las mentiras de sus hijos.

Álvaro Bilbao, neuropsicólogo

Álvaro Bilbao, neuropsicólogo

Álex Pareja

Álex Pareja

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de bestsellers como 'El cerebro del niño explicado a los padres' (y padre de tres hijos), alerta sobre las mentiras de los niños: no siempre buscan manipular, sino evitar castigos cuando los padres gritan o asustan por los errores, un patrón frecuente que daña su confianza.

Tres tipos de mentiras que lo explican todo

Bilbao clasifica las mentiras infantiles en tres tipos: las confabulaciones, comunes entre los más pequeños, donde usan la imaginación del hemisferio derecho para "rellenar huecos" sin intención de engañar (historias divertidas, no maliciosas). Luego, las manipulativas, deliberadas con corteza prefrontal madura desde los 6 años aproximadamente.

Sin embargo, la más habitual es la mentira adaptativa: el cerebro infantil evade "peligro" como enfados excesivos, golpes o gritos, protegiéndose sin deseo de dañar. "Es muy frecuente ver este comportamiento cuando los padres se enfadan demasiado", explica Bilbao, ya que el niño prioriza su supervivencia emocional.

Según Álvaro Bilbao, esto se debe a varios errores. Preguntar acusatoriamente sabiendo la respuesta ("¿Fuiste tú?", con tono hostil) invita a mentir para escapar del castigo. El sarcasmo genera resentimiento y distancia cerebral, no humor. En cambio, quitar hierro a travesuras inofensivas con tono bromista reduce la tensión, generando seguridad.

La clave, según este experto, es permanecer tranquilos y responsabilizar sin miedo. Refuerza la verdad explicando: "No tienes que temer decirme nada". Así, evitas hábitos crónicos y construyes confianza, ya que el cerebro infantil aprende honestidad al imitar a sus propios padres.

Es decir, que lo mejor es evitar castigos físicos o emocionales, usar la empatía ("ayúdame y lo arreglamos juntos"), juegar para conectar y tratar de ser un ejemplo de comportamiento. Este enfoque de Bilbao ilustra cómo entender el cerebro infantil evita sus mentiras, fomentando hijos seguros en un mundo en el que suelen sentirse muy presionados.