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"El jefe soy yo": de los prejuicios a liderar su propio equipo

El acompañamiento a la hora de buscar un empleo transforma vidas. Rufo Santiago, gracias a la Fundación Secretariado Gitano y el programa Incorpora de la Fundación La Caixa, ha conseguido romper estereotipos, alcanzar un puesto de trabajo que nunca había imaginado y vivir su propio sueño

Ana y Rufo en la Fundación Secretariado Gitano, entidad que colabora con el programa Incorpora de la Fundación La Caixa.

Ana y Rufo en la Fundación Secretariado Gitano, entidad que colabora con el programa Incorpora de la Fundación La Caixa. / Fundación La Caixa

“Que hoy en día no se acepte a la sociedad gitana es algo que no me entra en la cabeza”. Rufo Santiago lo dice con serenidad, pero también con la firmeza de quien ha tenido que demostrar más que otros para llegar donde está. Tiene 28 años y lidera una tienda de ropa en Cartagena (Murcia) con un equipo de 18 personas; hace menos de diez años, sin embargo, acumulaba rechazos por el simple hecho de ser gitano.

La historia de Rufo es la prueba de que una oportunidad puede cambiarlo todo: tras dejar el bachillerato por la difícil situación económica de su familia, empezó a trabajar de camarero. Pero encontrar estabilidad no era fácil, “yo notaba que existía ese estereotipo y que no te daban la oportunidad simplemente por ser gitano”, recuerda. Los prejuicios no solo aparecían en entrevistas de trabajo, sino también en gestos cotidianos y en miradas que juzgan antes de conocer.

Fue entonces cuando volvió a la Fundación Secretariado Gitano, donde ya había participado en programas de refuerzo educativo, y conoció Incorpora, el programa de inclusión laboral impulsado por la Fundación La Caixa. Allí encontró algo más que formación: un acompañamiento personalizado y una puerta abierta al mercado laboral.

En 2025, Incorpora facilitó 39.307 contrataciones de personas en situación de vulnerabilidad y riesgo de exclusión social en toda España. Detrás de esa cifra hay nombres propios como el de Rufo, pero también el compromiso de 15.227 empresas que han apostado por un modelo de contratación más inclusivo.

“Para mí era algo inalcanzable”

Rufo eligió formarse en la compraventa: “me ofrecieron un abanico muy grande de oportunidades, pero yo tenía claro que quería hacer la formación en algo de comercio”, explica. Tras una formación teórica y unas prácticas en una firma de moda, llegó el contrato. Primero tres meses, después, nuevas responsabilidades que no habría imaginado antes: “estoy supercontento de que me hayan dado esta oportunidad, para mí era algo inalcanzable”, relata Rufo.

Hoy es director de tienda, se ocupa de la rentabilidad, la productividad o la cesta media, pero insiste en que lo más importante son las personas: “los números no salen sin un equipo humano. Cuando hay un buen ambiente laboral, todo lo demás va saliendo solo”, dice.

No obstante, los prejuicios siguen apareciendo día tras día: cuenta que, cuando algún cliente pide hablar “con el jefe” y se sorprende al verlo aparecer, Rufo responde con naturalidad: “El jefe soy yo”.

El modelo de Incorpora se apoya en una red de más de 400 entidades sociales y más de 1.000 técnicos de orientación y prospección laboral que diseñan itinerarios personalizados. No se trata solo de conseguir un contrato, sino de trabajar competencias, reforzar la autoestima y adaptar la formación a las necesidades reales del mercado. De hecho, la mayoría de las inserciones se concentran en el sector servicios -hostelería, comercio, limpieza, atención sociosanitaria o logística-, ámbitos que siguen siendo el principal motor del empleo en España.

El programa también ha reforzado en el último año su compromiso con el empleo femenino. Más del 53% de las inserciones en 2025 correspondieron a mujeres, en un contexto en el que la tasa de paro femenina sigue siendo superior a la masculina y donde las mujeres en situación de vulnerabilidad afrontan barreras añadidas, como la precariedad o las dificultades de conciliación.

Orientación, formación y contacto

Pero las cifras, por sí solas, no explican el impacto, lo que transforma vidas es el acompañamiento: “cuando una persona llega, se analiza su situación, su formación, sus preferencias. A partir de ahí se construye un itinerario a medida”, explica Ana Esther Aliaga Fernández, prospectora de empleo de la Fundación Secretariado Gitano en Murcia, que forma parte de la red de entidades del programa Incorpora. 

Esa combinación de orientación, formación y contacto directo con empresas permite alinear talento y necesidades reales del mercado.

El caso de Rufo no es el único. Desde Incorpora también se acompaña a personas con discapacidad, migrantes o personas con problemas de salud mental que necesitan una oportunidad. La formación, muchas veces impulsada de la mano de empresas colaboradoras, se ajusta a los perfiles que demanda el tejido productivo, aumentando así las posibilidades de inserción estable.

Estoy viviendo mi propio sueño”, reconoce Rufo cuando habla de su trayectoria. A los 19 años entró a trabajar en una tienda de ropa, hoy lidera un equipo y sigue formándose para crecer profesionalmente. Su historia desmonta estereotipos y demuestra que el talento no entiende de etnias.

En un mercado laboral que aún deja fuera a miles de personas por motivos ajenos a su capacidad, programas como Incorpora actúan como puente entre quienes buscan una oportunidad y quienes están dispuestos a ofrecerla. Porque detrás de cada contrato hay algo más que un empleo: hay dignidad, autonomía y la posibilidad real de construir un futuro.