Copa Davis
La final que el mundo esperaba… sin los que todos querían ver
España se enfrentará a Italia en una final sin sus principales protagonistas... pero con dos equipos que desafían a toda lógica

El italiano Jannik Sinner y el español Carlos Alcaraz no estarán en la final / ALESSANDRO DI MARCO / EFE
Sin Carlos Alcaraz. Sin Jannik Sinner. Sin las estrellas que prometían llevar a su equipo a la gloria de la Copa Davis. A pesar de ello, España e Italia han recordado esta semana al mundo entero una importante lección: el poder del grupo estará siempre por encima de la individualidad. Será la final que todos esperaban en el SuperTennis Arena de Bolonia. Y lo será sin los que todos querían ver en pista, sin los dos números ases del tenis mundial en sus filas. Es la magia de una Copa Davis que busca campeón este domingo (15:00 horas) en una edición para la historia.
Hay algo que tiene esta competición que escapa a todo lógica, especialmente en un deporte como el tenis donde quien juega mejor, casi siempre gana. Y esa es una de las gracias del torneo, que permite que selecciones que por nombres en sus filas no deberían ser favoritas terminen dando la campanada sin que nadie se lo espere. ¿O acaso eran muchos los que confiaban en España o Italia tras saber que Alcaraz y Sinner no estarían en la lista definitiva?

Marcel Granollers y Pedro Martínez celebran el pase a la final / AP
La Davis, territorio de héroes
Si en el número había un vacío imposible de llenar, los problemas se contagiaban a la segunda posición de la lista; ni Alejandro Davidovich (14) ni Lorenzo Musetti (8), segundos tenistas con mejor ranking de cada país, llegaron a las finales de Bolonia y dejaron a sus equipos más en cuadro si eso era posible. En ese escenario aparecieron nombres que no debían estar: Pablo Carreño (88) o Pedro Martínez (93) para España, Berretini (56) o Cobolli (22) en Italia. Y la apuesta, que en verdad no era más que confianza plena en lo que cada capitán tenía a mano, no salió nada mal.
David Ferrer confió en el núcleo duro que llevó a España a Bolonia. No estuvo Alcaraz entonces ni tampoco lo iba a estar ahora, pero este grupo de jugadores ya había demostrado que era capaz de hacer posible lo imposible sin que casi nadie esperara nada de ellos. Las dudas eran múltiples, pero se empezaron a disipar cuando empezó la competición. Los españoles superaron el dificilísimo muro de Chequia y doblaron su apuesta con una victoria agónica contra Alemania. Carreño sacó adelante su partido contra Struff, Munar compitió como nunca contra Zverev a pesar de caer en la orilla y el dobles trajo una versión estratosférica de Pedro Martínez y Marcel Granollers. Pocas victorias habrán sabido tan dulces a los protagonistas en su carrera.
Italia tampoco lo tenía fácil; sin Sinner ni Musetti, el cuadro transalpino venció a Austria (2-0) y Bélgica (2-0) sin hacer uso de su arma más letal: el dobles con Bolelli y Vavassori. Han tenido un cuadro mucho más amable los italianos, pero la capacidad de superación del grupo que ha conseguido las dos últimas Ensaladeras es digna de admiración. La final será su último reto para conseguir un triplete histórico.
Será la final que todo el mundo esperaba (al menos en un principio), pero sin los protagonistas que todos querían ver. No los van a necesitar para vivir un espectáculo para el recuerdo, uno donde dos equipos han demostrado que son capaces de superar todas las expectativas y vencer a las dudas que había tras la ausencia de sus estrellas. Porque hay vida sin Alcaraz y Sinner, más todavía en un torneo mágico como es la Copa Davis.
