Tras la enfermedad
La micropigmentación mamaria, el arte de ‘tatuar’ pezones donde hubo cáncer: “He vuelto a hacer toples sin complejos”
La técnica semipermanente se ha convertido en una valiosa aliada para muchas mujeres pacientes de oncología por su gran componente estético y emocional, realizándose anualmente entre 4.800 y 6.400 en España

Mónica Aráguez realiza una micropigmentación mamaria. / Mónica Aráguez
Un ligero zumbido se entremezcla con el éxito 'Neverending Story', de The Sunshine Orchestra, en el número 9 de la calle de las Naciones, Madrid. La mirada firme de Mónica Aránguez se posa sobre los pechos desnudos de Lucía (nombre ficticio), todavía incompletos tras la reconstrucción de una mastectomía por un cáncer de mama. Demógrafo con piel, punto por punto de pigmentación, la especialista en micropigmentación 'tatúa' — con pigmentos más ligeros, menos duraderos y en una capa de la piel más superficial— sus nuevos pezones y areolas con precisión. Bzzzz, bzzzz. El arte comienza a cubrir las cicatrices de una batalla donde, tiempo atrás, enraizó el tumor más prevalente en mujeres, según la Asociación Española Contra el Cáncer de Mama, con 35.312 afectadas aproximadamente en nuestro país durante el año 2023.
La técnica estética, que consiste en "implantar pigmentos semipermanentes en la epidermis", según explica Aránguez, y cuenta con una gran popularidad en tratamientos de belleza para realzar o corregir cejas y labios, también se ha convertido en una valiosa aliada para muchas mujeres en la fase final de su reconstrucción mamaria. "Digamos que es ponerle la guinda al pastel", dice con una tímida sonrisa María Hermosilla, catalana afincada en Madrid desde hace más de una década, enérgica, resiliente y diagnosticada de un cáncer de mama y axila a sus 27 años, el día previo a traer al mundo a su primer hijo.
"Recuerdo verme reflejada en el espejo del baño sin ropa, entrar en la ducha y no poder parar de llorar. Me sentía incompleta"
No se trataba de un método desconocido para ella, porque ya se aferró a él anteriormente durante la quimioterapia, cuando el vello se fue desprendiendo de su rostro. "Hacerme la micropigmentación en las pestañas y las cejas fue fundamental para verme y sentirme bien en aquellos momentos tan difíciles", reconoce. Esto le llevó, años después, a recurrir a la técnica oncológica de nuevo, esta vez, para volver a dibujar en sus senos unas areolas ausentes. "Después de la extirpación bilateral y radical, de la que salí aliviada, por suerte, nunca me vi sin pechos, porque me pudieron hinchar los extensores al tener mayor elasticidad en la piel debido al embarazo. Pero verme sin pezones sí que fue muy desgarrador. Recuerdo verme reflejada en el espejo del baño sin ropa, entrar en la ducha y no poder parar de llorar. Me sentía incompleta", añade con amargura.
"Recuperar la normalidad" y reforzar su "autoestima y seguridad" impulsó a Lola Tejero, cordobesa de 32 años, a la que le diagnosticaron hace un lustro la enfermedad, después de notar un "bultito" en el pecho derecho cuando hacía deporte en la pandemia, a dar el paso. "Después de saber que no me moría, el cambio físico era lo que más me importaba. Sabía que me iba a sentir mejor con la micropigmentación en el pecho. Si no, iba a ser un complejo que iba a arrastrar siempre", admite con tono sincero.
"Después de saber que no me moría, el cambio físico era lo que más me importaba. Sabía que me iba a sentir mejor con la micropigmentación en el pecho. Si no, iba a ser un complejo que iba a arrastrar siempre"

Lola Tejero, tras la reconstrucción mamaria / Cedida
El punto de partida de la micropigmentación oncológica se hace derogar, al menos, "12 meses desde la operación de la reconstrucción del pecho", cuando las pacientes cuentan "por escrito el alta de su cirujano", explica la especialista Mónica Aránguez. Una espera "muy larga", para Tejero, "pero que mereció la pena" y que tocó a su fin para Hermosilla aquel febrero del 2024. "Tachaba los días del calendario. Me moría de ganas. Me cogí el día libre en el trabajo y todo porque era parte de mi curación. Para mí fue una gran ilusión", confiesa.
El proceso, que se desarrolla sin anestesia y no requiere de grandes curas, más allá de limpiar la zona con agua y jabón para evitar infecciones y aplicarse una o dos veces al día una crema hidratante y regeneradora durante la primera semana posterior, comienza con un primer encuentro presencial. "Las conocemos a ellas, sus casos, las preocupaciones y se hace una valoración general tocando la piel de la zona. A veces, incluso les recomendamos antes de empezar que vayan a un dermatólogo para mejorar las cicatrices de la reconstrucción mamaria, porque yo no tapo las blanquecinas. Si se trabaja con pigmentos muy claros tienden a amarillear", concreta Aránguez.

Mónica Aráguez, especialista en micropigmentación / Cedida.
En el encuentro, íntimo y emotivo a partes iguales, en el que se va forjando con el paso de los minutos un vínculo muy especial para ambas partes, la profesional guía de la mano a las mujeres mastectomizadas hacia unos futuros pezones y areolas que pondrán el broche final. "Se busca un efecto 3D y las necesidades, las características de la piel, las cicatrices, los volúmenes y la misma reconstrucción marcan siempre el camino, porque cada caso es diferente. Es algo que les intento hacer entender muy bien", explica.
El apego a sus pechos del pasado lleva a muchas pacientes a acudir a la cita con imágenes antiguas que guardan como oro en paño. "Me saqué esas fotos para recordarlas siempre y fueron nuestro punto de partida. No soñaba con unos pezones más grandes o más pequeños, ni de otro color, sino que los quería justo como los tenía", admite Lola Tejero. Otras, sin embargo, se someten a la técnica sin mirar demasiado atrás, como María Hermosilla, que se decantó en todo momento por un diseño simplemente "armónico". "Al final, nada es lo que era. Hay un antes y un después en la zona tras el cáncer", zanja.
La mastectomía bilateral, un lienzo en blanco
Lograr la simetría es el deseo principal en las mastectomías simples. Pero las bilaterales (extirpación quirúrgica de los dos senos), sin embargo, se pueden convertir en un verdadero lienzo en blanco: "Les suelo preguntar cómo eran antes sus pezones y areolas, pero a veces ha pasado tanto tiempo que no se acuerdan y deciden innovar. Quieren algo que nunca tuvieron y lo que siempre desearon. Vida nueva, pechos nuevos".
"A veces ha pasado tanto tiempo que no se acuerdan y deciden innovar. Quieren algo que nunca tuvieron y lo que siempre desearon. Vida nueva, pechos nuevos"
En aproximadamente dos horas y media, si solo se realiza en una única mama (y algo más que cuatro si es en las dos), Mónica Aránguez les devuelve la sonrisa a golpe de un arte que brota del demógrafo que sostiene entre sus manos: "Trabajar con pieles que han estado expuestas a la radiación o quimioterapia es más complicado, porque son sensibles y reactivas. Hay que ir trabajando capa por capa, y si se enrojece demasiado, hay que esperar a la segunda sesión, que tiene lugar 40 días después de la primera, donde se añaden nuevos detalles, como venas o imperfecciones, para que el pezón cobre mayor realismo. A veces, incluso hay una tercera si es necesario", explica.
Adversidades que cargan aún más, si es posible, de sentimiento el feliz desenlace. "No hay palabras para describir sus caras cuando ven su pecho completo por primera vez con el color en la areola, de verdad. Es un momento único, en el que hay lágrimas de alegría, abrazos..."
Entre 4.800 y 6.400 en España
Aunque existe una corriente minoritaria que rechaza la reconstrucción, por elección personal o por motivos médicos, el cirujano plástico Iván Couto González, del Hospital Universitario de Santiago de Compostela, y secretario de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), asegura que la técnica oncológica "ha ido ganando terreno". "La oferta del servicio se ha incrementado muy notablemente en los últimos diez años. Varía según la comunidad autónoma, pero ya se puede asegurar que la inmensa mayoría de centros de reconstrucción mamaria avanzada disponen del procedimiento", precisa.

Mónica Aráraguez realiza una micropigmentación mamaria. / Cedida.
De hecho, el doctor estima que en España se realizan anualmente "entre 4.800 y 6.400" micropigmentaciones en el complejo areola-pezón tras una mastectomía. Alrededor de 70 tan solo durante este 2024 en el centro de estética homónimo de Mónica Aráguez, 20 más que el año anterior. "Ya es excepcional que una mujer que haya sido sometida a una reconstrucción mamaria no complete el proceso", agrega Couto.
Una recuperación también emocional
Consiste en reconstruir visualmente el complejo areola-pezón, pero, en verdad, más allá de lo expresamente estético, la técnica también tiene efectos como una herramienta clave en la recuperación emocional y psicológica. "Cada caso es único, pero la pérdida de una pecho por el cáncer de mama suele estar asociado a una insatisfacción por la propia imagen y niveles bajos de autoestima. Eso les pueden provocar ansiedad a la hora de relacionarse a nivel social, e incluso, a la hora de tener intimidad con sus parejas", apunta Paloma Romero, psicóloga experta en duelo y trauma, impacto físico y mental desde la Asociación Española Contra el Cáncer.
Es percibida entre las pacientes, generalmente, como una "clausura", "un punto y final" en un cáncer de mama. Y, de forma irremediable, sí, la micropigmentación mamaria favorece una vida más satisfactoria y plena a las mujeres afectadas. En concreto, a Lola Tejero, el método estético le ha brindado grandes dosis de seguridad para volver a tener relaciones sexuales "como antes", a pesar de que aún le queda un largo camino, y María lo puede decir más alto, pero no más claro, ni con más ilusión: “He vuelto a hacer toples sin complejos”.
En los últimos instantes de la entrevista telefónica con Prensa Ibérica para este reportaje, María Hermosilla reflexiona.
-P. Si pudiera volver atrás, ¿se sometería de nuevo a una micropigmentación oncológica tras la reconstrucción mamaria?
-R. "Sí, mil y una veces. Al final, el cáncer nos roba la tranquilidad que teníamos antes y esas cosas son muy grandes por muy pequeñas que parezcan. Hacen que todo el trauma pase a un segundo plano para que podamos recobrar nuestra segunda vida".
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