Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

COPA DEL REY

Un Real Madrid capaz de lo mejor y lo peor sobrevive a la falta de sistema

Ancelotti lamentó encajar cuatro goles ante la Real Sociedad, el tercer equipo menos anotador de la Liga, en una semifinal que los blancos llevaron de nuevo al límite

Resumen, goles y highlights del Real Madrid 4-4 Real Sociedad de la vuelta de semifinales de la Copa del Rey / RFEF

Denís Iglesias

Denís Iglesias

El Real Madrid ha llegado a la final de la Copa del Rey después de pasar por todos los estados que, en la mayoría de los casos, habrían provocado una eliminación temprana. Contra la Real Sociedad, el tercer equipo menos goleador de LaLiga, encajó cuatro tantos que llevaron a los de Ancelotti al límite y a una nueva prórroga. Como frente al Celta, en octavos, volvió salir cara para los blancos, que esperan rival, que saldrá del Atlético - Barça de este miércoles, para medirse en La Cartuja el 26 de abril.

Convertir la Copa en la Champions

El contrincante que llegue del otro lado del cuadro a Sevilla tendrá enfrente a un equipo de dos caras que se ha comportado así durante toda la temporada. Carletto ha sido incapaz de elaborar una propuesta a la que recurrir de modo consolidado en cada enfrentamiento. El Real Madrid de la acumulación de estrellas funciona por ese mismo procedimiento: espera a que sobrevivan en el caos que ellos mismos generan en un 'antisistema', donde la zaga se esfuerza en contener la hemorragia que provocan las sacudidas de los de arriba.

"Encajar cuatro goles no es nada positivo. Es un equipo que tiene poco equilibrio atrás, pero hemos metido cuatro goles a la Real Sociedad y no es nada fácil", reflexionaba Carletto, consciente de que el Real Madrid volvió a reinar el caos. En el frágil equilibrio en el que vive esta temporada, la moneda volvió a estar de cara ante un rival como los de Imanol Alguacil que soportó el peso de la presión de un Bernabéu que vive en la misma dinámica que su equipo. Pasó de los pitos al "cómo no te voy a querer" en una noche que pareció de Champions.

La cuestión es que la Copa, un torneo que en los últimos tiempos no ha interesado demasiado al equipo de Ancelotti, se ha convertido en un refugio para alimentar la locura que el Real Madrid necesita para prosperar en los torneos de eliminatorias. Todo ello, a costa de complicarse cada ronda hasta el extremo. Desde la prórroga frente a un Celta que estaba en la lona y se pone en pie para levantar un 2-0 hasta el intercambio de golpes con la Real Sociedad, pasando por el gol salvador de Gonzalo en Leganés, donde los de Carletto volvieron a sestear con el resultado.

Más de un gol por partido encajado

El Real Madrid está vivo en tres competiciones a costa de sobrevivir a sus propios males defensivos. Los problemas tácticos de Ancelotti han ido mutando desde la preocupación inicial por haber perdido a Kroos e iniciar un casting sin demasiado éxito en el centro del campo a dejar que el conjunto blanco sea capaz de devorarse a sí mismo para salir del atolladero. Entre todos los torneos disputados este año, el finalista de Copa ha encajado 59 goles en 50 partidos que han sido compensados con la pegada en momentos clave. Frente a la Real fue el triunfo de la coralidad.

Endrick volvió a ser el mártir de su Copa, el jugador sacrificado para aprovechar sus escasas ventanas de oportunidad en un torneo que ha vuelto suyo. El brasileño dio primero, aprovechando una asistencia de Vinicius, y se sacrificó después para dar paso a Mbappé y el resto de jugadores que le mantienen en una alargada sombra. El delantero está pagando cara su penitencia de haber evitado la 'mili' del Castilla por la que pasaron el propio Vinicius o Rodrygo. Sin embargo, ha terminado por entender el mensaje. Mientras que a principio de temporada llamaba a la puerta de Ancelotti en busca de minutos, ahora le da las gracias por los que tiene.

Andriy Lunin, portero del Real Madrid, contra Mikel Oyarzabal en la Copa.

Andriy Lunin, portero del Real Madrid, contra Mikel Oyarzabal en la Copa. / JUANJO MARTIN / EFE

Su zona mixta fue la de un jugador plegado a las jerarquías. “Los cuatro que están ahí son los mejores del mundo. Vini, Kylian, Jude y 'Rodry'. Yo no soy nadie. Tengo que trabajar”, declaró un torbellino que en una de sus primeras apariciones decidió saltarse las jerarquías. Fue en una contra, frente al Stuttgart, que definió con Mbappé y Vinicius mirando una valentía que Carletto interpretó como "una demostración de huevos", pero que le acabaría penalizando en una escuadra en la que tiene techo de cristal. Esta valentía estuvo a punto de costarle una salida prematura en el mercado de invierno, cuando se sondeó la posibilidad de una cesión.

El Barça, el peor rival en la locura

Al final, Endrick ha aprendido que lo más importante en el Real Madrid, para poder prosperar, es respetar la propia estructura. Las reglas están claras con Ancelotti, que no ha sido capaz de encontrar los contextos de rendimiento necesarios para que, por ejemplo, Güler sea más que el asistente del héroe, que volvió a ser Rüdiger. El alemán está lejos de ser un jerarca que tenga alineada a la defensa blanca, pero en el caos es el rey. Metió los dos penaltis clave frente al Manchester City y Atlético en Champions.

Oyarzabal: "Nos vamos con la cabeza alta y orgullosos"

RTVE

En Copa, su cabeza, en contra de lo que dice su apodo de 'loco', fue decisiva para culminar a favor del Real Madrid el debate ciego en el que se impuso a la Real Sociedad. “Somos el Real Madrid y siempre luchamos hasta el final”, fue la proclama con la que zanjó la enésima remontada. Antes, vio en primera persona cómo Alaba, otrora una pareja solvente en el eje de la zaga, se desangraba ante uno de los equipos con menos mordiente de la Liga, pero que, como le pasó al Celta, creyó por un momento en su clasificación.

La realidad del Real Madrid esta temporada es que ha somatizado el miedo y los favoritismos. Ha vivido tantas veces en el alambre que ha terminado por acostumbrarse. Solo un equipo ha sido capaz, hasta el momento, de tumbarles en un mano a mano decisivo. Ese ha sido el Barça, quien de distintos métodos ha sometido a un conjunto sin sistema, pero que no parece necesitarlo para seguir adelante en una transitoriedad que le avala por lo conseguido en los últimos años y que se transmite de plantilla en plantilla, a pesar de los cambios profundos que se produzcan.